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jueves, 7 de abril de 2016

9 Pasos hacia la Apostasía Personal



John Bunyan en su obra clásica El Progreso del Peregrino ilustra los 9 pasos progresivos hacia la apostasía personal. Esta lista está modificada y modernizada para su entendimiento. Por favor lea y preste atención. Guarde esto en su diario, en su computadora, hágalo su marcador pero recuérdelo bien.

He puesto en negritas las palabras que son elementos importantes de comprensión. Si usted quiere leer esta porción de El Progreso del Peregrino en la versión inglesa, haga click en el link que se provee al final.

1. Usted aparta sus pensamientos del recuerdo de Dios, de la muerte y del juicio venidero.

2. A continuación, usted detiene lentamente sus deberes personales como la oración privada, frenar sus concupiscencias, estar vigilante ante las tentaciones, dolor por el pecado y cosas parecidas.

3. Luego, usted se aparta de la compañía de los cristianos que están llenos de vida espiritual y que no son tibios.

4. Después de ello, usted se enfriará hacia los deberes públicos como el escuchar la predicación de la Palabra, la lectura de la Biblia, la comunión con los piadosos y cosas similares.

5. Luego usted comienza a criticar severamente a los que viven piadosamente, y lo hace de forma maliciosa, con la finalidad de tener una aparente excusa de lanzar la religión (cristiana) en la espalda (por causa de haber visto algún pecado en otros)

6. Después, usted comienza a adherirse y a asociarse con hombres y/o mujeres que son carnales, libertinos e inmorales.

7. Luego, usted cede secretamente a conversaciones carnales e inmorales, y usted se siente contento si puede ver tales cosas en cualquier otra persona que se llame ‘cristiana’, de tal forma que el pecado puede ser cometido de manera más atrevida por medio del ejemplo de aquellos ‘cristianos’

8. A continuación, usted comienza a jugar con pecados pequeños de manera pública y abierta.

9. Y luego, habiendo sido endurecido, usted se demuestra a sí mismo estar tan perdido como ellos lo están. De esta manera, siendo lanzado otra vez en el abismo de la miseria, a menos que un milagro de gracia pueda prevenirlo, usted perecerá por siempre en su propio engaño.




Traducción libre hecha por Guillermo de Lama, pastor de la Iglesia Bautista Gracia Soberana (Reformada y Confesional) de Lima, Perú.

lunes, 7 de diciembre de 2015

El Creyente y las Bebidas Alcohólicas


Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades. (1Ti 5:23)

Creo que estas notas no hubieran sido escritas hace más de unos 150 años, donde la iglesia evangélica estaba de común acuerdo en el tema de la abstinencia en el creyente. Unos años después, se inició una batalla cuando se hablaba de una permisividad divina para el consumo del vino; ahora la situación ha ido más allá y se habla de que el creyente puede consumir toda clase de bebidas alcohólicas, siempre que lo haga con moderación: vino, ron, vodka, cerveza, etc.

Evidentemente que la moderación es un asunto subjetivo al mencionarse en este tema de las bebidas, ya que se trata de “beber y beber pero sin llegar a la embriaguez” Es subjetivo porque depende de la capacidad de ingerir alcohol sin llegar a la borrachera. Algunas personas se embriagan con una copa de vino; mientras que otros tienen que beber litros de cerveza para embriagarse.

Como varias otras cosas, se observan muchos cambios entre la fe y práctica de la iglesia de la reforma, contra las nuevas enseñanzas. Son diferentes, aunque la Biblia siga siendo la misma.

Evidentemente que la visión que la iglesia antigua tenía acerca de la Persona de Dios es diferente de la visión que muchas personas tienen en nuestros días.

Una de las cosas que debe llamar nuestra atención es el uso de la palabra “vino” en las diferentes traducciones de la Biblia: RV-60, Las Américas, etc. donde las personas, en sus mentes, comparan tal bebida con el vino, la cerveza y el whisky que se venden embotellados en las licorerías en los diferentes supermercados.

Pero en el uso de las Escrituras no es así. Por ejemplo, el jugo de uva que bebemos en nuestra iglesia en la Cena del Señor, es traducido como “vino” en la Biblia que casi todos tenemos en la mano. Es decir, el jugo de la uva (sin fermentar) se traduce como “vino”; pero no es una bebida alcohólica. En la Biblia, “vino” no es un sinónimo necesario de alcohol.

Algunos ejemplos:

Isa 65:8 Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él; así haré yo por mis siervos, que no lo destruiré todo.
(NBLH) Así dice el SEÑOR: "Como cuando se encuentra vino nuevo en el racimo Y alguien dice: 'No lo destruyas, Porque en él hay bendición, Así haré Yo por Mis siervos Para no destruirlos a todos.

Num 18:27 Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar.
(PDT) Esa será su ofrenda que equivaldrá a las ofrendas que dan los israelitas del grano de la nueva cosecha y del jugo de uva con que se hace el vino.

¿Hizo Dios una bebida alcohólica?

El vino alcoholizado no se hace de una manera natural; sino que es hecho por el hombre.

El vino que se menciona en la Biblia no tiene ninguna relación con la forma moderna del “vino embotellado” industrialmente. En aquellos tiempos no existían las industrias que destilan para obtener una bebida con un alto grado de alcohol.

¿Aprueba Dios el consumo de bebidas alcohólicas?

Pro 20:1 (BAD) El vino lleva a la insolencia, y la bebida embriagante al escándalo; ¡nadie bajo sus efectos se comporta sabiamente!

Isa 5:22 (NVI 1999) ¡Ay de los valientes para beber vino, de los valentones que mezclan bebidas embriagantes!

Lev 10:9 (BLS) Cuando tú y tus hijos tengan que entrar en el santuario, no deberán haber tomado ninguna clase de bebida que pueda emborrachar. Si lo hacen, morirán, pues ustedes deben saber distinguir entre lo que tiene que ver conmigo y lo que no tiene nada que ver conmigo, entre lo que es puro y lo que es impuro. Esta orden no cambiará jamás.

Este versículo de Levítico nos enseña claramente que nadie que haya bebido alcohol puede acercarse a Dios, entrar en Su presencia, en el lugar santo; es decir, tener comunión íntima con el Santo de los Santos.

Las excusas para satisfacer el deseo carnal de beber alcohol son muchas. Algunos dicen que si el creyente no debería beber alcohol; entonces ¿Qué hay de los medicamentos que contienen alcohol?, ¿debe beberlo un creyente, o debe rechazarlo?

Un pasaje usado de manera ilegítima para promover el consumo de bebidas alcohólicas el siguiente:
Isa 55:1-2 A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. 2¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.

Pero las Sagradas Escrituras, por medio de estas palabras nos enseñan en forma de una alegoría de las bendiciones del creyente.

Las primeras menciones del “vino” que aparecen en la Biblia

Gen 9:20-25 Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; 21y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda. 22Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. 23Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre. 24Y despertó Noé de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo más joven, 25y dijo: Maldito sea Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos.

¿Qué es lo que reconocemos en esta primera mención del vino en las Escrituras? La respuesta es que una bebida alcohólica está asociada con el pecado, con la maldición.

Nadie puede afirmar que Noé estuvo bebiendo botellas y botellas de vino. La Biblia no afirma que Noé haya tenido costumbre de beber vino o cualquier bebida fuerte antes de ese momento. ¿Cuántas copas de vino necesita para embriagarse una persona que por primera vez bebe una bebida alcohólica?

La segunda mención del vino lo encontramos en el siguiente pasaje, donde la bebida alcohólica está relacionada con el pecado de las hijas de Lot, quienes embriagaron a su padre para cometer actos inmorales:

Gen 19:30-38 Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas. 31Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra. 32Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia. 33Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. 34El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia. 35Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. 36Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre. 37Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual es padre de los moabitas hasta hoy. 38La menor también dio a luz un hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual es padre de los amonitas hasta hoy.

Desde el principio las bebidas alcohólicas han estado relacionadas con el pecado y la inmoralidad

El creyente ya no anda como antes lo hacía cuando estaba sin Dios por el mundo

1Pe 4:3 Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.
(RV 1862) Porque nos debe bastar que el tiempo pasado de nuestra vida hayamos hecho la voluntad de los Gentiles, cuando conversábamos en lujurias, en concupiscencias, en embriagueces, en glotonerías, en beberes, y en abominables idolatrías.
(BAD) Pues ya basta con el tiempo que habéis desperdiciado haciendo lo que agrada a los incrédulos, entregados al desenfreno, a las pasiones, a las borracheras, a las orgías, a las parrandas y a las idolatrías abominables.

La palabra que ha sido traducida como “disipación, beberes y parrandas” proviene del vocablo griego: potos (πότος, G4224), lit: bebida, en el sentido de una sesión de bebida.

Comentario de Hendriksen (Kistemaker)
Parrandas. La palabra griega que traducimos “parrandas” significa una fiesta en que se bebe “no necesariamente en exceso, pero dando oportunidad al exceso’.

Albert Barnes comenta también diciendo que: “La idea del pasaje es que es impropio para los cristianos reunirse con el propósito de hacer un brindis”

La Palabra de Dios dice que “en el tiempo pasado hacíamos eso”

Si no es propio para un cristiano hacer un brindis en público ¿lo podrá hacer en privado?; ¿Lo que es pecado en público deja de serlo en privado?

El creyente no debe dar oportunidad para el exceso ¿Cómo se consigue eso? Por medio de la abstinencia alcohólica.

Yo quisiera que nos respondamos la siguiente pregunta: Si el creyente bebe alcohol sin embriagarse: ¿Está cumpliendo la voluntad de Dios?

¿Son las bebidas alcohólicas de nuestros días las mismas de los tiempos antiguos?

¿Había en los tiempos bíblicos una bebida que pueda compararse con la cerveza, o el vodka, o el ron de nuestros días?

¿Es el vino de nuestros días, el mismo vino que bebían en el Antiguo y Nuevo Testamento?

Esta parte de nuestro estudio es importante, ya que la Biblia dice:

Ecl 9:7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.

Este tema ha sido investigado desde hace tiempo, y se ha escrito un libro, en el año 1978, por el pastor David Wilkerson que se titula: “Sipping Saints” (Cristianos que Beben) En este libro se observan las citas históricas que pueden ser verificables por medio de herramientas como el internet.
Una cita es la siguiente:

La palabra “jugo” no aparece en el Nuevo Testamento y solamente una vez en el Antiguo. A todo fruto de la vid se le llamó vino, sea que estuviera fermentado o no. Hay trece palabras diferentes en la Biblia las cuales son interpretadas como vino, nueve en hebreo y caldeo, y cuatro en griego. Dos de las palabras comunes en griego fueron “oinos” y “oinon” Estas palabras griegas corresponden a “yayin” o “yain” en hebreo, “vinun” en latin, “wine” en inglés [“vino” en español]
De acuerdo con el profesor Samuel Lee (de la Universidad de Cambridge) la raíz de la palabra griega en hebreo es “yain” o wine (vino) La palabra no se refiere solamente al licor embriagante hecho por la fermentación, sino que significa más que eso, se refiere a un jarabe que no embriaga o a una mermelada producida por ebullición para hacerlo almacenable. Ellos almacenaban esta sustancia espesa en envases de piel (botas) El jarabe de uva era almacenado en odres nuevos para prevenir la fermentación. Fue conocido como “vino nuevo” Los odres viejos inducían a la fermentación, al igual que los procedimientos imperfectos de enlatados causan descomposición. Este jarabe espeso era similar con nuestras mermeladas de uva y podía ser exprimido fuera de los envases de piel sobre el pan o disuelto en agua para reconstituirse como una bebida de uva muy agradable. Este proceso es descrito en la Biblia Hebrea por Salomón y entre los escritores romanos por Plinio.

Otras citas interesantes son las siguientes:

Aun los escritores clásicos hablan del “vino” que no-emborracha. Horacio en el 65 a.C. dijo: “aquí bebes bajo la sombra, copas de vino que no-emborrachan – este día sagrado, en el año que da vueltas, destapa el corcho del frasco que está puesto para cuidarlo de los insectos… toma mis riquezas, todo clamor y pasión sean quitadas.
El beber era referido como “sin pasión” Plutarco en el año 60 d.C. escribe: “Ese vino filtrado ni inflama el cerebro ni infecta la mente ni las pasiones, y es mucho más agradable de beber”
Aristóteles habló del vino dulce llamado “glukus” el cual no emborrachaba, y el vino de Arcadia era tan espeso que era necesario rasparlo de los envases de cuero en los cuales estaba almacenado y disolver lo raspado en el agua.
Virgilio, en el año 70 d.C., dijo: “O del dulce mosto debe ebullicionar el jugo delicioso”
Homero, en su Odisea, libro IX, nos dice que Ulises llevó en su barco vino contenido en una piel de cabra, y que antes de estar ebrio, fue diluido con veinte partes de agua [Siendo espeso, requería de agua para prepararlo para beber]
(…)
Columela y otros escritores quienes fueron contemporáneos con los apóstoles nos informan que en Italia y en Grecia era común hervir los vinos [lo cual, por supuesto, no hubieran hecho si hubieran deseado el contenido alcohólico]
El arzobispo Potter, nacido en el año 161 d.C. en su obra ‘Antigüedades Griegas’, edición Edinburgo, 1813, tomo II, pag. 360, dice: Los lacedomianos tenían la costumbre de hervir sus vinos sobre el fuego hasta que el fuego era consumido, y después de cuatro años, comenzaban a beberlos. Se refiere a Democritus, un célebre filósofo, quien viajaba a través de gran parte de Europa, Asia y África, y que muriera en el 361 a.C.; y también se refiere a Palladio, un médico griego, como haciendo las mismas declaraciones; estas autoridades antiguas llamaron al jugo hervido de la uva como “vino”.
La Mishna establece que los judíos tenían el hábito de consumir vino hervido [Kitto, tomo II, pag. 477]
(…)
Yo estoy convencido, más allá de toda sombra de duda, que Jesús convirtió el agua en vino nuevo dulce – no-fermentado. Fue de la misma clase de vino dulce y que no emborracha que todavía es producido hoy en muchos países europeos y de la parte sur de Asia.
El capitán Treat, en 1545, escribió: cuando en la costa sur de Italia, en la última navidad, pregunté particularmente acerca de los vinos de uso común, y descubrí que aquellos mejor estimados fueron dulces y no-embriagantes. El jugo hervido de la uva es de uso común en Sicilia. De mis investigaciones descubrí que los vinos no fermentados fueron estimados como los mejores. Eran bebidos mezclados con agua. [Obras del Dr. Lee, tomo II, pag. 144]

Robert Stain afirma que solamente bebían vino sin mezclar con agua aquellas civilizaciones que eran consideradas como bárbaras; quienes también bebían mezclado con agua en un 50%-50%, lo cual se consideraba un vino fuerte.

Todos los escritores antiguos escribieron que el vino era el jugo de uva hervida y que se bebía mezclado con agua. ¿Qué vamos a hacer con este testimonio de los usos y costumbres acerca de esta bebida?

En nuestros días es igual aquí en Perú donde hay un supermercado donde le venden bolsas con una especie de mermelada que contienen el “extracto”, o la esencia espesa, de una fruta; y que debe mezclarse con agua para hacer una bebida instantánea y de mejor sabor que con la fruta misma.

¿Qué hay del grado de alcohol en el vino de las Escrituras y el licor embriagante de nuestros días?

Creo que podemos hacer algunas comparaciones para demostrar que no se habla de la misma cosa cuando se dice que un creyente, al tomar bebidas alcohólicas en nuestros días, está actuando conforme a los hábitos de los creyentes de la iglesia primitiva.

La cerveza tiene una cantidad de alcohol del 4%
El vino de nuestros días tiene un grado de alcohol entre 9% y 11%
Otras bebidas llegan entre rangos del 40% hasta el 70%

En los tiempos bíblicos se mezclaba 1 medida de vino con tres medidas de agua como mínimo, otras veces se mezclaban hasta 10 medidas de agua por 1 de vino.

Si se toma el vino de nuestros días mezclado con agua, entonces tendríamos una bebida conteniendo el 2.25% de alcohol. Es decir, para que una persona llegue a embriagarse con esa cantidad, debe tomar galones de galones de vino mezclado; eso es algo que no se puede comparar con el vino industrializado de nuestros días.

No hay punto de comparación entre las bebidas alcohólicas de nuestros días, con el vino mezclado de los tiempos bíblicos.

Esto lo vemos en las Escrituras:
Pro 23:30 (LBLA) De los que se demoran mucho con el vino, de los que van en busca de vinos mezclados.
Isa 65:11 (LBLA) Pero vosotros que abandonáis al SEÑOR, que olvidáis mi santo monte, que ponéis mesa para la Fortuna, y que preparáis vino mezclado para el Destino,

¿Por qué le ordena Pablo a Timoteo que beba vino?

Precisamente ese es nuestro pasaje para esta meditación:
1Ti 5:23 Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.

La respuesta es simple: Timoteo practicaba la abstinencia.

Otra pregunta igual de importante sería la siguiente: ¿Le estaba pidiendo Pablo a Timoteo que beba una bebida que contenga 20% de alcohol cuando su estómago estaba enfermo?

Los médicos advierten que el jugo de uva no fermentado (vino) tiene propiedades medicinales, pero que el alcohol causa daño al estómago.

En los tiempos bíblicos el uso dado al vino era como un antiséptico debido a los problemas de agua potable en la Palestina de entonces.

¿Tenemos problemas de agua potable para usar el vino como lo usaban en los tiempos bíblicos?

Y quisiera hacer otra pregunta ¿Bebía el apóstol Pablo bebidas embriagantes mientras que su discípulo practicaba la abstinencia?

2Ti 3:10 Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia,

Si Timoteo no bebía, y él imitaba la conducta del apóstol Pablo; entonces Pablo también practicaba la abstinencia.

Pero la Biblia dice que Dios ha dado el vino para alegrar el corazón de los hombres

Sal 104:15 Y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre.

Pero debe leerse unido con el versículo precedente:

Sal 104:14-15 Él hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, 15y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre.

Entonces ¿Qué dice este corto pasaje? ¿Qué es lo que alegra el corazón del hombre?

La respuesta es obvia: El corazón del hombre está alegre porque 1) hay alimento para sus bestias y estarán fuertes y saludables; 2) porque aquello que ha sembrado está creciendo; 3) porque sus viñas están produciendo.

¿Necesita el corazón de un creyente estar influenciado por el alcohol para sentirse alegre? (eso es el pensamiento del mundo, por eso ellos se reúnen en lugares como bares para beber y “alegrarse”)

Sal 4:7 Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.
Sal 20:5 Nosotros nos alegraremos en tu salvación, y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; conceda Jehová todas tus peticiones.
Pro 21:15  Alegría es para el justo el hacer juicio; mas destrucción a los que hacen iniquidad.
(LBLA) El cumplimiento de la justicia es gozo para el justo

Otras consideraciones que deben ser tomadas en cuenta

No existe ningún mandamiento positivo en la Biblia que ordene al cristiano beber bebidas alcohólicas con moderación.

Cuando uno compra bebidas alcohólicas para beber, está apoyando a esas industrias que han traído muchas desgracias a muchas familias.

El alcohol destruye muchos órganos del cuerpo humano; es decir destruye el templo de Dios.

El creyente debe guardar su testimonio.

Algo que demos considerar es que cuando una persona comienza a beber licor, es porque le agrada a su carne. Entonces, si le agrada, ¿cómo podrá después detenerse?

¿Le ayudará el Espíritu Santo a beber solamente una cantidad moderada de alcohol?

Quisiera que meditemos en la siguiente pregunta: Cuando el Señor, en la cena con sus apóstoles, dice: “porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mat 26:28) ¿Había en aquella copa un vino con 11% de alcohol?

Para finalizar quisiera dejar un fragmento de unas palabras escritas por el pastor Thomas Watson:

¡Oh, que sórdido es para aquel que tiene su esperanza en los cielos, tener su corazón sobre esta tierra! Es como si un rey debiera abandonar su trono y seguir el arado; o como si un hombre debería dejar una mina de oro para excavar en una gravera. El avefría tiene una corona en su cabeza, y aun así, se alimenta del estiércol. Un claro emblema de aquellos cuyas cabezas están coronadas por una simple profesión o manifestación, más aún, están deseosos e impacientes por las cosas más bajas. (…) ¿Deberían entonces, aquellos que son de la simiente santa, los herederos de la gloria, menospreciarse y rebajarse a sí mismos por una búsqueda ansiosa de las cosas despreciables?; “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, y no en las de la tierra.” (Col 3:1-2).

¡Para la Gloria de Cristo!

lunes, 12 de enero de 2015

La Ley y el Evangelio

Importancia
¿Por qué este asunto de “la Ley y el Evangelio” es importante? Permítame exponer seis razones:
  1. Porque no hay ningún punto de la Verdad Divina sobre el cual los ministros y los cristianos cometen grandes errores que sobre la relación propia que existe entre la Ley y el Evangelio.

  2. Porque no puede haber una verdadera santidad evangélica, ya sea en el corazón o en la vida, si no procede de la fe que obra por el amor, y ninguna fe verdadera, bien de la Ley o del Evangelio, a menos que la distinción principal entre la una y la otra sea espiritualmente discernida. La Ley y el Evangelio son puestos delante de nosotros en la Biblia como un sistema indivisible de la Verdad, sin embargo hay una línea inmutable de distinción entre ellos. También hay una conexión y relación inseparable entre ellos. Desafortunadamente, algunos ven la diferencia pero no ven la relación; sin embargo, el hombre que conoce la posición relativa de la Ley y el Evangelio tiene las llaves de la situación en un entendimiento de la Biblia y su doctrina.

  3. Porque un entendimiento apropiado entre la Ley y el Evangelio es la marca de un ministro que divide bien la Palabra de Verdad. Charles Bridges resumió bien esta marca del verdadero ministro: “la marca de un ministro ‘aprobado por Dios, un obrero que no tiene de qué avergonzarse’, es aquel que, ‘usa bien la Palabra de Verdad’ Esto implica una aplicación completa y directa del evangelio a la masa de sus oyentes no convertidos, combinado con un cuerpo de instrucción espiritual a las diferentes clases de cristianos. Su sistema será marcado por la simetría y la amplitud de la Escritura. Abarcará toda la Revelación de Dios, en sus instrucciones doctrinales, privilegios experimentales y resultados prácticos. Esta Revelación se divide en dos partes – la Ley y el Evangelio – esencialmente distintas la una de la otra; aunque tan íntimamente conectadas, que ningún conocimiento exacto de cualquiera de ellos puede ser obtenido sin el otro…”  (The Christian Ministry, [London: Banner of Truth Trust, 1967], p. 222)
La Ley, como Cristo, siempre ha sido crucificada entre dos ladrones  - el antinomianismo, por un lado; y el legalismo en el otro. El antinomiano nove ninguna relación entre la Ley y el Evangelio excepto el de ser libre. El legalista falla en entender la vital distinción entre los dos.

Algunos predican la Ley en lugar del Evangelio. Algunos los modifican y no predican ni la Ley ni el Evangelio. Algunos piensan que la Ley es el Evangelio, y otros creen que el Evangelio es la Ley; aquellos que sostienen estos puntos de vista no tienen claridad en ninguno de ellos.

Pero otros preguntan: ¿No ha sido la Ley totalmente abrogada mediante la venida de Cristo a este mundo?; ¿Nos traería usted bajo este pesado yugo de esclavitud el cual nadie ha sido capaz de soportar?; ¿No declara expresamente el Nuevo Testamento que no estamos bajo la Ley sino bajo la Gracia?; ¿No dice que Cristo nació bajo la Ley para liberar a Su pueblo de ella?; ¿No es un intento de sobre-atemorizar la conciencia de los hombres por medio de imponer de forma legalista la autoridad del Decálogo, en total desacuerdo con la libertad cristiana que el Salvador ha traído por medio de Su obediencia hasta la muerte? Nosotros respondemos: Está tan lejos que la Ley haya sido abolida por la venida de Cristo a este mundo, Él mismo declaró enfáticamente.-  “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt 5:17-18)  Es cierto que el cristiano no está bajo la Ley como un pacto de obras, ni como un ministerio de condenación; pero él está bajo ella como una regla de vida y un objetivo estándar de justicia para todas las personas de todos los tiempos. Esto hace que ella sea importante.
  1. Porque el poder de una vida santa necesita estar acompañada por la instrucción en el modelo de la misma. ¿En qué consiste una conducta santificada? Respuesta.- Consiste en agradar a Dios. ¿Qué es lo que agrada a Dios? Respuesta.- Que se haga Su voluntad. ¿Dónde está Su voluntad para ser discernida? Respuesta.- en Su Santa Ley. La Ley, entonces, es la regla cristiana de vida, y el creyente encuentra que él se deleita en la Ley de Dios según el hombre interior (Ro 7:22) El cristiano no está sin ley sino “bajo la Ley de Cristo” una frase de Pablo que se vuelve más exacta cuando se interpreta: “en la ley de Cristo” (1Co 9:21) Pecado es iniquidad, y la salvación es la presentación de la iniquidad en su verdadera relación con Dios, dentro de la bienaventuranza de Su Santa Ley. La Ley de Moisés no es otra que la Ley de Cristo, es el estándar objetivo así como Cristo es nuestro modelo.

  2. Porque únicamente los Diez Mandamientos fueron honrados por Dios, fundados en amor, y son obedecido por los afectos sentidos hacia Aquel que proveyó la redención. A.W. Pink, escribiendo acerca de la singularidad de los Diez Mandamientos, dijo: “Su singularidad aparece primero en que esta revelación de Dios en el monte Sinaí – la cual iba a servir para todos los siglos venideros como la gran expresión de Su santidad y la suma del deber de todo hombre – contó con tales fenómenos que inspiraron temor, que la misma manera en que fueron publicados mostró claramente que Dios mismo asignó al Decálogo una peculiar importancia. Los Diez Mandamientos fueron pronunciados por Dios en una Voz audible con los temores unidos de nubes y oscuridad, truenos y relámpagos y el sonido de una trompeta, y ellos fueron las únicas partes de la Divina Revelación tan habladas – ninguno de los preceptos ceremoniales o civiles fueron así distinguidos. Aquellas Diez Palabras, y ellas solas, fueron escritas por el Dedo de Dios sobre tablas de piedra, y ellas solamente fueron depositadas en el Arca Santa para su resguardo. Así, en el único honor conferido sobre el Decálogo mismo, nosotros percibimos su suprema importancia en el Gobierno Divino” (The Ten Commandments, ([Swengel Pennsylvania: Reiner Publications 1961], p.5)

  3. Porque hay una necesidad de una norma moral fija y objetiva. La Ley Moral lleva validez permanente ya que es una norma objetiva aprobada únicamente por Dios y va directamente a la raíz de nuestros problemas morales. Pone su dedo en la necesidad más profunda de la iglesia en el evangelismo, así como en la vida cristiana: santificación. Los Diez Mandamientos se necesitan desesperadamente no solamente en la iglesia, sino también en la sociedad. Vivimos en una era-sin-ley al final del siglo XX. El desgobierno reina en los hogares, en las iglesias, en las escuelas y en la tierra. Las Escrituras nos dicen que “La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Pro 14:34) Los Diez Mandamientos son la única norma verdadera de justicia.
La Medida Moral

Trágicamente, los cristianos han contribuido al declive moral de nuestra sociedad por medio de quitar los Diez Mandamientos de su propia instrucción. La Ley restringe el pecado. Sin la Ley Moral, este mundo sería un campo de sangre, como es evidente en los lugares donde no hay respeto por los Mandamientos de Dios. El puritano Samuel Bolton, en “Los Verdaderos Límites de la Libertad Cristiana” ([London: Banner of Truth Trust, 1964], p. 79) dice:
Bendito sea Dios que hay este temor sobre los espíritus de los hombres malvados, de otra manera no podríamos vivir bien en este mundo. Un hombre sería un demonio para otro. Cada hombre sería un Caín a su hermano, un Amnón a su hermana, un Absalón a su padre, un Saúl a sí mismo, un Judas a su maestro; porque lo que uno hace, todos los hombres lo harían, sino fuera por una restricción a sus espíritus.
No solamente los impíos, sino también los seguidores de Jesús necesitan un objetivo, fijo, sí, una norma absoluta del bien y del mal. Una vida devocional no puede existir sin considerar la moralidad. No podemos separar la devoción de la obligación. Después de todo, ¿Qué constituye a una persona como devota? Respuesta.- Alguien que está buscando hacer la voluntad de Dios, alguien quien es instruido en un carácter santo. Y, ¿En qué consiste un carácter santo? Respuesta.- En hacer la Voluntad de Dios. Y, ¿En dónde encontramos la Voluntad de Dios con respecto a la moralidad? Repuesta.- En las únicas normas verdaderas que resumen la Ley Moral – los Diez Mandamientos.

Este tema, la Ley y el Evangelio, está en el grado más alto, es importante y edificante, tanto para los santos como para los pecadores. Conocerlo experimentalmente, es ser “sabio para salvación”, y vivir habitualmente bajo su influencia, es ser al mismo tiempo santo y feliz. Tener puntos de vista espirituales distintos del mismo, es la manera de ser guardados de acercarnos, por un lado, hacia la auto-justicia, y por un lado, del libertinaje; y ser capaces de afirmar la absoluta libertad de la gracia soberana, y al mismo tiempo, el sagrado interés por la verdadera santidad. Sin un conocimiento experimental, y una fe sincera, de la Ley y el Evangelio, un hombre no puede ni venerar la autoridad de uno, ni estimar la gracia del otro.

La Ley y el Evangelio son las partes principales de la Revelación Divina; o más bien, ellos son el centro, la suma y la sustancia de todo. Cada pasaje de la Sagrada Escritura es Ley o es Evangelio, o es competente de estar mencionando a uno o al otro. Aun en las historias del Antiguo y Nuevo Testamento el accionar del hombre es introducido como narrativa de hechos,  realizados en conformidad o en oposición a la Ley Moral de Dios; y realizados en la fe o incredulidad del Evangelio. Las ordenanzas de la ley ceremonial, dada a los antiguos israelitas, fueron, en su mayor parte, injertados en el Segundo y Cuarto Mandamiento de la Ley Moral; y en su referencia tipológica, fueron una oscura revelación del Evangelio. Los preceptos de la Ley Judicial, son todos mandamientos resumidos en la Ley Moral, y especialmente, a aquellos contenidos en la Segunda Tabla. Todas las amenazas, ya sea en el Antiguo o Nuevo Testamento, son amenazas de la Ley o amenazas del Evangelio; y cada promesa, es una promesa ya sea de uno o sea del otro. Cada profecía de la Escritura, es una declaración de cosas oscuras o futuras, conectadas ya sea con la Ley o con el Evangelio, o con ambos. Y no hay, en el Sagrado Libro, una amonestación o una reprensión, o una exhortación, que no se refiera a la Ley, al Evangelio o a ambos. Entonces, si un hombre no puede distinguir correctamente, entre la Ley y el Evangelio, él no puede comprender correctamente, tanto como ningún artículo de la Verdad Divina. Si él no tiene comprensiones justas y santas de la Santa Ley, tampoco puede tener las acciones espirituales transformadoras del glorioso evangelio; y, por un lado, sus puntos de vista del evangelio serán erróneos o equivocados, sus nociones de la Ley no pueden ser correctas.

Además, si el conocimiento especulativo, de la Ley y el Evangelio, son superficiales e indistintos, ellos por lo general estarán en peligro de mezclar el uno con el otro y, en un mayor grado que pueda ser concebido, ellos retardarán su progreso en santidad; así como en paz y confortamiento. Pero por el contrario, si ellos pueden distinguir bien entre la Ley y el Evangelio; por lo tanto, bajo las influencias iluminadoras del Espíritu Santo, serán capaces de discernir la gloria de todo el plan de redención, al reconciliar todos los pasajes de la Escritura los cuales parecen contradecirse uno del otro; al probar si las doctrinas son de Dios, para calmar sus propias conciencias en tiempos de problemas intelectuales, y avanzar resueltamente en la santidad evangélica y en la consolación espiritual.

Es importante considerar la diferencia entre la Ley y el Evangelio así como la concordancia entre ellos. El establecimiento de la Ley por el Evangelio, o la dependencia del Evangelio a la autoridad y honor de la Ley debe ser tratado. El privilegio del creyente de estar muerto a la Ley como un pacto de obras, con una consecuencia necesaria de ello, es muy importante. Para enfatizar esta importancia de la Ley (los Diez Mandamientos) voy a llamar a tres testigos fidedignos.

El Testimonio de Tres Testigos

Considere las actitudes expresadas por tres de los voceros escogidos de Dios con respecto a Su Ley:

  1. David, un hombre conforme al Corazón de Dios – el dulce cantor de Israel. “Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad” (Sal 119:35) “Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley” (Sal 119:53) “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal 119:97) “Aborrezco a los hombres hipócritas; mas amo tu ley” (Sal 119:113) “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley” (Sal 119:126)

  2. El principal apóstol de nuestro Señor – Pablo. “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” (Ro 3:31) “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Ro 7:12) “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (Ro 7:22) “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Ga 3:24)

  3. Nuestro Señor mismo. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt 5:17-18)
Por lo regular oímos esta expresión: “Sé como Jesús” ¿Cómo era Él? Él era Perfecto. ¿Cómo lo sabemos? Nosotros podemos tener una norma perfecta por la cual juzgar, y aquella norma perfecta es la Perfecta Ley de Dios (Sal 19:7)

El Testimonio de toda la Biblia

La importancia de este tema se ve en que en toda la Biblia se refiere, ya sea a la Ley o al Evangelio. Por ejemplo:

* La historia del Antiguo y Nuevo Testamento, en lo que respecta al hombre, es nada más que las narraciones de las vidas vividas en conformidad con, o en oposición a la Ley Moral de Dios; o vividas en fe o incredulidad del Evangelio.

* Todas las amenazas del Antiguo y Nuevo Testamento son amenazas ya sea de la Ley o del Evangelio. “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn 3:18)… Cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles, en llama de fuego tomará venganza de aquellos quienes no conocieron a Dios, y sobre aquellos quienes no obedecieron al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Estos serán castigados con destrucción eterna de la Presencia de Dios y de la gloria de Su poder (2Ts 1:7-9)

* Cada profecía de la Escritura es una declaración de cosas oscuras y futuras y están conectadas ya sea con la Ley o con el Evangelio.

* Cada promesa, es una promesa relacionada ya sea con la Ley o con el Evangelio.

* Cada buena amonestación, reprensión o exhortación, es con referencia con la Ley, el Evangelio, o ambos.

Así, la Ley y el Evangelio son el centro, la suma y la sustancia de toda la Biblia. ¿Cuán importante es entonces relacionar y distinguir propiamente a los dos?; Cuanto más nos acerquemos a una visión clara de la diferencia entre la Ley y el Evangelio, y la conexión entre ellos, ya que uno sirve para establecer al otro; más entenderemos las Sagradas Escrituras, y así la voluntad y la mente de Dios y más útiles seremos en Su servicio.

Dos Clases de Conocimiento

Otra indicación de la importancia de la Ley, es que ella revela las dos clases de conocimiento que son necesarios para la salvación:

  1. La Ley revela el carácter de Dios. La Ley de Dios viene de Su naturaleza. La naturaleza de Dios determina lo que es correcto, y la voluntad de Dios impone tal norma sobre todas Sus criaturas como una obligación moral. Siendo que Su voluntad fluye de Su naturaleza, y la Ley es perfecta (Sal 19:7), la Ley refleja la perfección de Su naturaleza.
El hombre no es responsable ante una ley abstracta, sino ante Dios. Detrás de la Ley está el Dador de la Ley. En consecuencia, encontrar defectos en la Ley es encontrar defectos en el Dador de la Ley. La Ley no son edictos arbitrarios de un déspota caprichoso; sino son los sabios, santos y amorosos preceptos de Uno quien es celoso por Su gloria y por el bien de Su pueblo.

Cristo fue Perfecto. ¿Cómo lo sabemos? Él guardó la Ley perfectamente. El era la Ley personificada. Cristo manifestó al Padre perfectamente: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col 2:9)
  1. La Ley revela la condición del hombre. Acercarse a alguien y decirle: “Todos hemos pecado” no trae convicción a menos que la persona sepa lo que es el pecado. “Pecado es la transgresión de la Ley” (1Jn 3:4) “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Ro 3:20) El conocimiento del pecado como violación de la Ley de Dios trae convicción.
La Ley y el Evangelismo

De igual manera, la importancia de la Ley es vista en un tema que es estimado en el corazón de todo verdadero predicador y todo evangelismo cristiano verdadero.

En los días pasados, los niños aprendían los mandamientos antes de aprender Juan 3:16, porque solamente entonces Juan 3:16 llegaba a tener sentido. Igualmente, la primera obra de traducción de John Elliot entre los indígenas no fue Juan 3:16, sino los Diez Mandamientos, y su primer sermón fue acerca de los mandamientos. ¿Pensaba John Elliot que los indígenas serian salvos por medio de los Diez Mandamientos? Por supuesto que no, pero los mandamientos les mostraría a ellos el por qué de la necesidad de ser salvados, que ellos eran quebrantadores de la Ley; y que ellos necesitaban un sustituto que haya guardado la Ley.

John Patton, un gran misionero presbiteriano para las Nuevas Hébridas, primero enseñó los Mandamientos. ¿Por qué? Las personas nunca se interesarán debidamente en una relación con el Redentor hasta que ellos vean la terrible brecha en sus relaciones con el Creador. Los mandamientos son el mandato moral del Creador para las criaturas. La aguja fina de la Ley abre el camino para el hilo de grana del evangelio. La Ley es indispensable en un evangelismo bíblico, centrado en Dios.

Resumen

  1. Toda la Biblia es Ley y Evangelio, y los dos están vitalmente vinculados entre sí que un conocimiento exacto del uno no se puede conseguir sin el otro.

  2. La Ley revela el carácter de Dios y la condición del hombre. Estas dos clases de conocimiento son absolutamente necesarios para la salvación. (Vea por ejemplo el primer capítulo de la Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino)

  3. La Ley es esencial para la verdadera evangelización bíblica porque por la Ley es el conocimiento del pecado. Fue la Ley la que fue efectiva en la conversión del apóstol Pablo “Yo no conocí el pecado, sino por la Ley” (Ro 7:7)

  4. La Ley es la única regla y orientación bíblica para la obediencia – esto es, una vida santificada. ¿En qué consiste una conducta santificada? En hacer la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios con respecto a la moralidad? La Ley Moral resumida en los Diez Mandamientos.

  5. La Ley es una de las tres verdades de la Biblia que se mantiene o caen juntas: 1) La Ley de Dios, 2) la Cruz de Cristo; y, 3) El justo juicio de Dios Todopoderoso.

En primer lugar, si no hay Ley no hay pecado porque el pecado es la transgresión de la Ley (Los Diez Mandamientos).

En segundo lugar, si no hay Cruz entonces no hay esperanza para los pobres pecadores – no hay perdón de los pecados.

En tercer lugar, si no hay un juicio justo del Todopoderoso Dios nadie se preocuparía por el pecado o por un Salvador. Estas tres verdades permanecen o caen juntas.

Las siguientes palabras de J. Gresham Machen, el fundador principal del Seminario Teológico Westminster enfatizará la importancia del lugar de la Ley:
Una nueva y más poderosa proclamación de la Ley es quizás la necesidad más apremiante de esta hora, los hombres tendrían poca dificultad con el evangelio si ellos hubieran aprendido la lección de la Ley. Así que siempre: un punto de vista bajo de la Ley siempre conduce al legalismo en la religión; un punto de vista alto de la Ley hace a un hombre buscar la gracia. Ore a Dios para que un punto de vista alto pueda prevalecer nuevamente (What is Faith?, [Edinburgh: Banner of Truth Trust], pp. 141-142)
Predicador, predique la Ley Moral de Dios; y padres, enseñen a sus hijos los Diez Mandamientos.


Law and Gospel; escrito por Ernest Reisinger

http://founders.org/fj28/law-and-gospel/