Si alguien fuera a preguntarme: ¿Es usted carismático/continuista? Yo contestaría “No” Si entonces se me pidiera que explique el por qué, en cien palabras o menos, mi respuesta sería algo como lo siguiente:
Yo estoy convencido que el don bíblico de lenguas fue una capacidad sobrenatural para hablar en idiomas extranjeros que el hablante no había aprendido previamente; Y que el don de profecía fue la proclamación precisa de la autoritativa e inerrante revelación que el profeta recibía directamente del Espíritu Santo; Y que el don (o dones) de sanidades resultaba en la recuperación inmediata, innegable y completa de una persona enferma o herida en las manos de un sanador.Si yo diera cien palabras adicionales para aclarar, probablemente agregaría estos siguientes pensamientos:
Estoy igualmente convencido que aquellas cosas no están sucediendo en la historia de la iglesia hoy.
En consecuencia, yo no soy carismático.
Cuando los carismáticos/continuistas redefinen las lenguas como un “idioma espiritual”, lo cual, de hecho, no es un idioma extranjero; O cuando ellos admiten que sus definiciones de profecía permiten numerosos errores e imprecisiones; O cuando ellos excusan su incapacidad para sanar a una falta de fe por parte de la persona enferma; O cuando ellos redefinen los dones de sanidad como una extensión de Santiago 5:13-18...Supongo que esto provocaría una conversación más extensa, pero yo estoy resueltamente dirigido por la brevedad del post de hoy.
Yo estoy convencido que, aunque ellos están usando terminología bíblica para describir sus experiencias, no hay ningún equivalente verdadero entre sus prácticas actuales y los auténticos dones de señal del Nuevo Testamento.
El artículo original fue escrito en idioma inglés por Nathan Busenitz el 7 de Julio del 2011
(Traducido por Ps. Guillermo de Lama)
