viernes, 23 de enero de 2015

¿Cómo reconocer a un falso maestro?

Hermanos, los resultados en el ministerio no se miden por medio de los números, si alguna persona cree eso en su corazón, no ha entendido el significado de servir al Señor.

Por ello, es importante que nosotros podamos discernir en esta tarea. Por ejemplo, veamos este pasaje:
No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras. (Jeremías 23:21-22)
Quisiera traer el comentario de Matthew Henry que nos trae más luz en este tema tan importante:
Los falsos profetas de Samaria habían seducido a los israelitas para la idolatría; sin embargo, el Señor consideraba a los falsos profetas de Jerusalén como culpables de iniquidad más horrible, por la cual la gente se había hecho más osada para pecar. Los falsos maestros serían llevados a sufrir la parte más amarga de la ira del Señor. Los hicieron creer que no había daño en el pecado y así lo practicaron; entonces, hicieron que los demás les creyeran. Los que resolvieron ir por mal camino, serán justamente dados a creer enormes engaños, pero, ¿qué pasa con los que han recibido revelación de Dios o han entendido algo de su palabra? Viene el día en que ellos reflexionarán con remordimiento en su necedad e incredulidad.

La enseñanza y el ejemplo de los profetas verdaderos condujo a los hombres al arrepentimiento, la fe y la justicia. Los falsos profetas condujeron a los hombres a confiar en formas y nociones y a estar tranquilos en sus pecados. Pongamos cuidado de no seguir la injusticia.
La doctrina de alguno que enseña en el Nombre de Cristo no es suficiente para aceptarla como tal: Si es complaciente con el pecado, el tal está contra Cristo. Si es amable con el mundo, tal persona está contra Cristo. Si la enseñanza los vuelve más osados para pecar, tal predicador está contra Cristo. Si la enseñanza conduce a ser consentidores con los apóstatas y ecuménicos, el tal está contra Cristo. Si conduce a la indiferencia a los mandamientos del Señor, tal orador está contra Cristo.

El Señor advierte a la iglesia sobre los tales diciéndonos por medio de Su Palabra:
Así que, por sus frutos los conoceréis (Mateo 7:20)
¿A qué se refiere con ello? Bueno, el Señor nos dice que podemos reconocerlos por los resultados en sus ministerios. Parafraseando a Matthew Henry podemos hacernos las siguientes preguntas:
¿Cómo son las personas que congregan junto con tal orador que usa las Escrituras? ¿Son llevados a un temor reverente a Cristo y Sus mandamientos? ¿Son liderados hacia una adoración reverente a Dios? ¿Son llevados a honrar a Dios con su manera de vestir? ¿Qué es lo que ha producido en el alma de los oyentes la predicación de ellos? ¿Un evangelio que cambia la manera de pensar, pero que no cambia toda la manera de vivir?
¡Esos son algunos de los frutos de aquellos que predican en el Nombre de Dios, sin haber sido enviados por Él! Y las Escrituras nos dice que debemos apartarnos de los tales.

 (Extracto del sermón “Para Cristo no hay terreno neutral” predicado por el Ps. Guillermo de Lama el domingo 18 de Enero del 2,015)

miércoles, 21 de enero de 2015

Una inculpación de los arminianos para el nuevo calvinismo

Es indudable que las etiquetas denominacionales son de alguna ayuda en nuestros días, y en el título de esta entrada vemos dos de ellas: “arminiano” y “nuevo calvinista” (evidentemente no soy ni lo uno ni lo otro) pero quisiera traer a consideración un artículo que he leído el día de ayer en un blog cuyo título original es: “La piedad, el Nuevo-Calvinismo y Calvino” donde se analizan las doctrinas de la piedad y santificación bíblicas, cuya ausencia es la acusación que se le imputa a los nuevos calvinistas desde un sitio web arminiano en un artículo titulado “La muerte del Nuevo Calvinismo” (the- death-of-new-calvinism)

No se necesita ser arminiano, para reconocer que las Escrituras dicen claramente: “Sin santidad nadie verá al Señor”; cualquier cristiano genuino sabe eso y además lo vive.

Voy a  traducir de la cita arminiana, incluida en el artículo, solamente la parte que tiene que ver con el tema de la piedad y la santificación, pero no lo relacionado al amor particular de Dios, ya que el autor del artículo que traduzco no lo hace.

Antes de introducirnos en este tema, quisiera recordar una cita de J.C. Ryle, la cual es pertinente y que exhorto sea meditado por el lector:
La doctrina es inútil si no se acompaña de una vida santa. Es peor que inútil, ésta hace un daño positivo. Algo de la ‘imagen de Cristo’ debe ser visto y observado por los demás en nuestras vidas privadas, en nuestros hábitos, en nuestro carácter y en nuestros hechos

La Piedad, El Nuevo Calvinismo, y Calvino

No soy un nuevo calvinista en ninguna extensión de la imaginación. Pero voy a compartir algunas preocupaciones del siguiente arminiano:
Además, creo que los Nuevos Calvinistas deberían preguntarse ¿Por qué su tradición y teología no los conduce, natural e inherentemente, a la disciplina espiritual de la santidad?

… Voy a limitar mi punto a la relación de la santidad con el calvinismo  desde el punto de vista de Calvino.

En la actualidad, los Estados Unidos están viendo un renacimiento del Calvinismo. En muchas formas es ortodoxo, y podemos regocijarnos por ello. Sin embargo, hay una torcedura en este resurgimiento del Calvinismo. Es cierto que, hay muchos dentro de la iglesia que están tanto alarmados como perplejos por esta nueva forma de calvinismo. Recientemente Ian Murray lamentó que “en nuestros círculos, la piedad y la santidad no son las características de la creencia calvinística en la medida en que debería ser” Esta también ha sido la voz de Peter Masters, quien escribió un artículo titulado “La Fusión del Calvinismo con la Mundanalidad” donde él da respuesta al “Joven, Inquieto, Reformado” (Young, Restless, Reformed ) de Collin Hansen:
Este autor, sin embargo, tuvo gran tristeza al leerlo, porque describe un calvinismo seriamente distorsionado al que le falta mucho, mucho por parecerse a una auténtica vida en obediencia a un Dios soberano. Si este tipo de calvinismo prospera, entonces la genuina piedad bíblica estará bajo ataque como nunca antes lo ha estado.

Cualquier cosa podamos decir acerca de este nuevo resurgimiento del calvinismo, pero debemos afirmar claramente que el Calvinismo de Calvino estaba casado con la santidad, y la piedad era su palpitar. Por lo tanto, la santidad y la piedad desempeñaron una parte no pequeña en la teología de Calvino. Como yo, John Hesselink señala que “una preocupación constante de la teología de Calvino fue siempre la de fomentar la piedad o santidad y la utilidad (utilitas) de la verdadera doctrina” De hecho, Calvino pudo insistir en que un verdadero teólogo “edifica la conciencia en el temor de Dios” De la misma manera, un buen predicador o maestro está para exhortar a sus oyentes a una vida santa, en lugar de llenarlos con cuestiones inútiles.

Es importante señalar que Calvino creía firmemente que la verdadera piedad es tanto la raíz y el fruto de una correcta teología. La teología verdadera y bíblica es muy práctica. Para que podamos conocer a Dios correctamente (teología), debemos poseer la piedad, ella es el prerrequisito de cualquier conocimiento verdadero de Dios. A medida que ganamos una visión espiritual por un verdadero conocimiento de Dios, somos más movidos en el camino de la piedad. “Porque el conocimiento de Dios es el principio de la vida y la primera entrada en la piedad” Así, la piedad es el alma de la vida espiritual de un cristiano verdadero.
Hasta que los hombres aprendan realmente cuanto le deben a la misericordia de Dios, ellos nunca estarán con un verdadero sentimiento  de adoración a Dios, tampoco serán eficazmente estimulados al temor y la obediencia a Dios

Si Calvino pone tanto énfasis sobre la piedad, entonces es correcto preguntar ¿A qué se refería él con esta principal virtud? En su Institución, Calvino afirma “La esencia de la verdadera piedad no consiste en un temor que gustosamente me hace huir del juicio de Dios, sino… en un celo puro y verdadero que ama a Dios por completo como Padre, y lo venera verdaderamente como Señor, abraza Su justicia y teme más ofenderlo que morir” En su Institución, él escribe de manera similar:
Llamo piedad a una reverencia unida al amor de Dios, que el conocimiento de Dios produce. Porque mientras que los hombres no tengan impreso en el corazón que deben a Dios todo cuanto son, que son alimentados con el cuidado paternal que de ellos tiene, que Él es el autor de todos los bienes, de suerte que ninguna cosa se debe buscar fuera de Él, nunca jamás de corazón y con deseo de servirle se someterán a Él. Y más aún, si no colocan en Él toda su felicidad, nunca de veras y con todo el corazón se acercarán a Él. [I, ii, 2]

Por consiguiente, cualquier cosa que podamos pensar del Nuevo Calvinismo, o cómo podríamos aun definirlo, a menos que persiga la santidad y la verdadera piedad, no es el heredero legítimo del Calvinismo de Calvino. Está desprovisto del corazón mismo del verdadero Calvinismo.



https://ilyston.wordpress.com/2013/09/18/piety-new-calvinism-and-calvin/

martes, 20 de enero de 2015

El deseo de complacer a la congregación ha causado que muchos predicadores tuerzan las Escrituras

Para estar de acuerdo con lo que se acaba de decir, instamos por un enfoque imparcial, un corazón honesto y un espíritu de fidelidad por parte del intérprete.

“Nada puede ser obtenido del texto sino lo que es proporcionado por la explicación razonable y gramatical de lo redactado” (P. Fairbaim) Es fácil estar de acuerdo con esta sentencia, pero a menudo es difícil ponerlo en práctica.

Una disminución personal de lo que condena al predicador, un prejuicio sectario de la mente, un deseo de agradar a los oyentes, han causado que no pocos evadan la fuerza llana de ciertos pasajes, y de imponer sobre ellos significados que están bastante alejados de su sentido original. Martín Lutero dijo: “No debemos hacer que la Palabra de Dios diga lo que nosotros deseamos. No debemos cambiarla, sino permitir que ella nos cambie y darle el honor de ser mejor de lo que podemos hacer” Cualquier otra cosa que aquello, es altamente reprochable. Debemos tener gran cuidado de no exponer nuestros propios pensamientos en lugar de los de Dios. Nada debe ser mas reprochable para un hombre que profesa estar declarando un “Así dice el Señor” cuando aquel simplemente está expresando sus propios pensamientos. Sin embargo, ¿Quién, sin darse cuenta, no lo ha hecho?

Arthur W. Pink - Interpretation of the Scriptures

domingo, 18 de enero de 2015

El arrepentimiento que nació en la tormenta, muere en la calma

¡Cuántos muchos rebeldes endurecidos abordo de un barco, cuando las vigas se tensan y comienzan a crujir, cuando el mástil se rompe, y el barco está a la deriva enfrentando la tempestad, cuando las voraces olas abren sus fauces para tragarse la nave completa y rápidamente, como aquellos que son llevados a la fosa – cuántos marineros endurecidos han doblado sus rodillas y con lágrimas en sus ojos han exclamado: “he pecado”!

Pero ¿De qué sirve, y de qué valor era su confesión? El arrepentimiento que nació en la tormenta, muere en la calma; el arrepentimiento de aquel que fue concebido en medio del trueno y del relámpago, termina tan pronto cuando todo enmudece y está en calma; y el hombre que fue un marinero piadoso cuando estaba a bordo de la nave, se convierte en el marinero más malvado y abominable cuando ha puesto su pie en tierra firme.

¡Con cuánta frecuencia también hemos visto esto en una tormenta de truenos y rayos! ¡Muchas mejillas de los hombres empalidecen al oír los potentes truenos, y las lágrimas brotan de sus ojos y claman “Oh Dios, he pecado”! mientras que las vigas de sus casas están temblando, y el mismísimo suelo tambalea debajo de ellos al escuchar la voz de Dios en toda Su majestad. Pero, ¡Ay, por tal arrepentimiento! Cuando el sol nuevamente brilla, y se han retirado las negras nubes, el pecado viene de nuevo sobre el hombre, y se vuelve peor que antes. ¡Cuántos de la misma clase de confesión, hemos visto también en los tiempos de cólera, fiebre y peste! Entonces nuestras iglesias han sido abarrotadas de oyentes, quienes, por causa de los muchos funerales que han cruzado sus puertas, o por tantos que han muerto en la calle, no han podido abstenerse de ir a la casa de Dios para confesar sus pecados. Y bajo tal visita, cuando uno, dos o tres han muerto en la casa o en la del vecino ¡Cuántos han pensado verdaderamente que tendrían que volverse a Dios!

Pero, ¡ay! Cuando la peste ha terminado su trabajo, la convicción termina; y cuando la campana ha anunciado la última muerte causada por el cólera, entonces sus corazones dejan de latir con arrepentimiento y sus lágrimas no fluyen más… ya de nada sirve para ellos decir: “he pecado”; únicamente lo dicen bajo la influencia del terror, para olvidarlo después.



Charles H. Spurgeon.

sábado, 17 de enero de 2015

El Evangelio y la cultura – Él condena todo en lo que nos deleitamos

Cuando John G. Paton estaba predicando el evangelio en la isla de Tana, hubo una oposición enorme – no por el mensaje mismo del evangelio sino por los cambios en el estilo de vida que el evangelio demanda. Paton creía que el cumplimiento de la Gran Comisión requiere que se les enseñe a los habitantes de la isla de Tana a obedecer en todo lo que Cristo demanda (Mt 28:20) Como él experimentó una oposición significativa de parte de los nativos de la isla, él describió el odio dirigido hacia los misioneros y las razones para tal odio.
 Le escribieron lo siguiente:
Hemos quitado todo lo que contenía su casa, y lo quitaríamos a usted si pudiéramos; porque nosotros odiamos la adoración, que causa todas nuestras enfermedades y muertes; ella va contra nuestras costumbres y condena las cosas en las que nosotros nos deleitamos.
Una señal que una iglesia necesita avivamiento es que ellas no están cambiando la cultura a su alrededor. Esta es en realidad la señal de una iglesia desobediente porque no hace un llamado al cambio cultural que la obediencia produce, porque el evangelio debe tener un efecto en todo – en el pensamiento, en el vivir, en el trabajo, en la música, en el entretenimiento… ¡en todo! El evangelio trae la ocasión para cambiar lo vil del mundo por el verdadero tesoro y la belleza verdadera.
 El Evangelio trae belleza para las cenizas. A menudo, sin embargo, hemos participado en estas cosas viles por tanto tiempo, que no vemos lo dañinas que son y cuan groseras comparadas con las cosas del Reino de Dios. Como resultado, los incrédulos de hecho odian lo que es bello y bueno y, en consecuencia, odian la adoración a Dios y todo lo que ella trae. John G. Paton, misionero a las Nuevas Hebridies a mediados del siglo 19 se encontró con esto en muchas maneras muy vívidas.

Escrito por Scott Brown

jueves, 15 de enero de 2015

Cisternas Rotas (Parte 2)


Pero ahora nuestro pecado es un oprobio para nosotros – no sólo nuestro pecado de una degeneración moral podrida, sino nuestro pecado de una horrible apostasía religiosa. ¿Cómo se ha manifestado tal apostasía? Jeremías 2:11, 13 “¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha… Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”

… Permítame continuar señalando algunas de esas cisternas rotas que constituyen la evidencia innegable de nuestro pecado nacional de apostasía en la esfera de la realidad religiosa.

Culpables de derramar sangre

De manera contraria a las sentimentales habladurías hipócritas y sin sentido de los abogados actuales, de los jueces, de los sociólogos, y aun de los teólogos evangélicos; es una cachetada a la dignidad y singularidad del hombre permitir que la sangre de las personas asesinadas quede sin castigo. Se dice que el ser humano tiene poco valor. Que la vida humana puede ser apagada, y todo lo que se pagará por ello son unos cuantos años de una existencia fácil a expensas de los esforzados contribuyentes…

Esta tierra está contaminada con sangre, no solamente con unos cuantos coágulos de sangre de un inocente Abel asesinado en las manos de Caín. Es nada menos que una piscina llena de la sangre de los niños y adultos quienes son asesinados sin motivo alguno, y sin que sus asesinos sean llevados a la muerte – son los asesinos confesos que en este país van por docenas, todos los días, y que aún permanecen vivos.

Aborto

Si hay una piscina de adultos y niños asesinados sin motivo alguno… hay un océano de sangre por el asesinato de los bebés no-nacidos en el vientre de sus madres. Se nos ha dicho con un análisis estadístico frío y calculado que el último año, en nuestra nación, se han registrado 1.5 millones de asesinatos [cometidos] en los vientres de las madres, y que fueron perdonados. ¡Oh, La sangre de aquellos clama desde los tachos de basura de nuestros quirófanos esterilizados! ¡Oh, la sangre que clama desde los contenedores de basura que se encuentran en la parte trasera de los hospitales!...

Yo le digo a esta nación, que el Dios Todopoderoso le llama asesinato al derramamiento de sangre inocente. Y, querido cristiano, si esto no le ha impresionado a usted, mejor, porque si algo moverá a Dios para impulsar a un hombre en algún lugar subterráneo de Rusia para apretar un botón y volar esta nación en una nube, yo le digo que será por causa de la sangre de los millones de vidas indefensas y sin protección en los vientres maternos.

Perversión Sexual

Cuando cualquier ciudad, cualquier nación, cualquier segmento grande de la humanidad se abandona ella misma con la desvergüenza a la sensualidad y a la perversión sexual, aquella ciudad, aquellas ciudades, aquella nación, aquellos grupos de personas llaman sobre ellos mismos el juicio espantoso del Dios Todopoderoso…

Dios es muy explícito en prohibir todas las formas de perversión sexual, todas las formas de adoptar una política que diga: “Mis apetitos y preferencias sexuales son asunto mío, y voy a satisfacerlos según los dictados de mis propias pasiones y mis propias inclinaciones” Dios le dice a usted que no haga eso…

No permita que la palabra “gay” sea pronunciada por los labios de un cristiano; es un eufemismo para suavizar la naturaleza horrenda de la perversión de la homosexualidad. ¡Llámelo sodomía, perversión! Nunca los llame “gays” Ellos no son gays. Ellos tienen la miseria de una conciencia torturada por dentro, y los fuegos del infierno les esperan…

Junto con la heroína y el alcohol, no hay cadenas que yo haya tenido que enfrentar, en un marco de la consejería pastoral, como las cadenas de la sensualidad… O esas cadenas son rotas, o usted irá al infierno. Y es mejor que usted tome esto seriamente. No escuche usted lo que el mundo dice, que sus cadenas son los símbolos de su libertad. ¡Esas son cadenas que lo encadenarán ahora aquí, y en el infierno por siempre!… usted no irá al cielo con tales cadenas de inmundicia y de perversión. ¡Usted será hundido en el infierno!

… es mucho más fácil pasar una agitante hora en algún movimiento organizado contra la pornografía que pasar una hora en sus rodillas clamando a Dios para que Su Santo Espíritu descienda sobre los predicadores de la tierra y haga efectiva la Palabra para purgar el mar de la pornografía.
 
Estos fueron algunos extractos de una serie de mensajes sobre “La Palabra de Dios para nuestra nación” predicado en la década de los 1980 por el pastor Albert N. Martin.

martes, 13 de enero de 2015

Cisternas Rotas (Parte 1)



Nunca hemos sido una nación cristiana en el sentido de que la mayoría han estado en una unión vital con Cristo. Pero hemos sido una nación marcada por la justicia nacional, y esa fue nuestra exaltación. “La justicia engrandece a la nación” Y así de poderosa fue la influencia directa del evangelio a través de los avivamientos, tan extendida… la influencia directa del evangelio sobre nuestra vida nacional, que fue verdad de nosotros como nación. La justicia engrandeció esta nación.

Pero ahora nuestro pecado es un oprobio para nosotros – no sólo nuestro pecado de una degeneración moral podrida, sino nuestro pecado de una horrible apostasía religiosa. ¿Cómo se ha manifestado tal apostasía? Jeremías 2:11, 13 “¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha… Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”

… Permítame señalar algunas de esas cisternas rotas que constituyen la evidencia innegable de nuestro pecado nacional de apostasía en la esfera de la realidad religiosa.

Humanismo Decadente

¿Por qué se han convertido los experimentos con animales, por decirlo así, en los dictados en cuanto a la naturaleza del hombre, y los patrones de conducta que se esperan del hombre? A causa de la maldición de este humanismo malvado y decadente es que se dice: “La mente del hombre es la medida de toda realidad, él puede descubrir quién es él, por qué está aquí, lo que es correcto, lo que está mal, lo que es aceptable o inaceptable, sin tener que recurrir a lo sobrenatural: todo está dentro de él mismo”

Liberalismo Religioso

No estoy hablando del liberalismo político, sino… del liberalismo religioso… de las llamadas iglesias cristianas… que mantienen el nombre y las formas y los rituales del cristianismo – y que han rechazado todo lo que es distintivamente cristiano según la Biblia. Ha habido un rechazo de la infalibilidad y la inerrancia de este bendito Libro… está visto como el falible, el plagado de errores, el relato patético del desarrollo del hombre cambiando su conciencia religiosa. Ya no hay una visión del hombre en la que él es esencial y fundamentalmente malvado, caído desde Adán, cada hombre o mujer, niño o niña, concebido en pecado, nacido con una tendencia positiva hacia el mal.

El liberalismo ha desechado una Biblia infalible, ha desechado un hombre depravado, ha desechado un Salvador sobrenatural, ha desechado el corazón del evangelio, el cual es una sustitución penal… Lo trágico es, querido pueblo – y puede que nunca lo olvide – que millones en nuestra nación cada domingo son puestos a dormir y arrullados en el regazo del engaño hasta que ellos aterrizan en el infierno debido a la cisterna rota de un liberalismo engañoso.

Evangelicalismo Débil

Finalmente, nos hemos vuelto a la Cisterna Rota de un evangelicalismo débil, centrado en el hombre, que agrada a la carne, que se ajusta a la moda, un evangelicalismo de auto-adulación. Está marcado por una profesión de adherencia a una Biblia infalible, a un Salvador sobrenatural, con el hombre como pecador en necesidad de una gracia sobrenatural, pero el mensaje que es predicado y el ambiente en el cual es predicado niega aquella profesión… ¿Quiénes son los predicadores populares de nuestros días? Los predicadores del evangelio de la salud, la riqueza y la prosperidad.

… la Escritura dice que hay un tiempo para reír y hay un tiempo para llorar, pero este evangelicalismo no tiene lugar para el llanto. De hecho, se vive con el temor morboso de que no debe darse la más mínima impresión al mundo que el cristianismo no es otra cosa que “feliz, feliz, feliz, todo el tiempo”. Su mensaje carece de una trompeta que llame a un arrepentimiento profundo y completo…

… carece de un llamado a un discipulado radical… páginas enteras de nuestras mejores revistas evangélicas [son] dadas al culto del materialismo. No hay ningún llamado al discipulado radical con auto-negación, con una entrada agonizante, cortando la mano derecha y arrancándose el ojo derecho.


Estos fueron algunos extractos de una serie de mensajes sobre “La Palabra de Dios para nuestra nación” predicado en la década de los 1980 por el pastor Albert N. Martin.

lunes, 12 de enero de 2015

La Ley y el Evangelio

Importancia
¿Por qué este asunto de “la Ley y el Evangelio” es importante? Permítame exponer seis razones:
  1. Porque no hay ningún punto de la Verdad Divina sobre el cual los ministros y los cristianos cometen grandes errores que sobre la relación propia que existe entre la Ley y el Evangelio.

  2. Porque no puede haber una verdadera santidad evangélica, ya sea en el corazón o en la vida, si no procede de la fe que obra por el amor, y ninguna fe verdadera, bien de la Ley o del Evangelio, a menos que la distinción principal entre la una y la otra sea espiritualmente discernida. La Ley y el Evangelio son puestos delante de nosotros en la Biblia como un sistema indivisible de la Verdad, sin embargo hay una línea inmutable de distinción entre ellos. También hay una conexión y relación inseparable entre ellos. Desafortunadamente, algunos ven la diferencia pero no ven la relación; sin embargo, el hombre que conoce la posición relativa de la Ley y el Evangelio tiene las llaves de la situación en un entendimiento de la Biblia y su doctrina.

  3. Porque un entendimiento apropiado entre la Ley y el Evangelio es la marca de un ministro que divide bien la Palabra de Verdad. Charles Bridges resumió bien esta marca del verdadero ministro: “la marca de un ministro ‘aprobado por Dios, un obrero que no tiene de qué avergonzarse’, es aquel que, ‘usa bien la Palabra de Verdad’ Esto implica una aplicación completa y directa del evangelio a la masa de sus oyentes no convertidos, combinado con un cuerpo de instrucción espiritual a las diferentes clases de cristianos. Su sistema será marcado por la simetría y la amplitud de la Escritura. Abarcará toda la Revelación de Dios, en sus instrucciones doctrinales, privilegios experimentales y resultados prácticos. Esta Revelación se divide en dos partes – la Ley y el Evangelio – esencialmente distintas la una de la otra; aunque tan íntimamente conectadas, que ningún conocimiento exacto de cualquiera de ellos puede ser obtenido sin el otro…”  (The Christian Ministry, [London: Banner of Truth Trust, 1967], p. 222)
La Ley, como Cristo, siempre ha sido crucificada entre dos ladrones  - el antinomianismo, por un lado; y el legalismo en el otro. El antinomiano nove ninguna relación entre la Ley y el Evangelio excepto el de ser libre. El legalista falla en entender la vital distinción entre los dos.

Algunos predican la Ley en lugar del Evangelio. Algunos los modifican y no predican ni la Ley ni el Evangelio. Algunos piensan que la Ley es el Evangelio, y otros creen que el Evangelio es la Ley; aquellos que sostienen estos puntos de vista no tienen claridad en ninguno de ellos.

Pero otros preguntan: ¿No ha sido la Ley totalmente abrogada mediante la venida de Cristo a este mundo?; ¿Nos traería usted bajo este pesado yugo de esclavitud el cual nadie ha sido capaz de soportar?; ¿No declara expresamente el Nuevo Testamento que no estamos bajo la Ley sino bajo la Gracia?; ¿No dice que Cristo nació bajo la Ley para liberar a Su pueblo de ella?; ¿No es un intento de sobre-atemorizar la conciencia de los hombres por medio de imponer de forma legalista la autoridad del Decálogo, en total desacuerdo con la libertad cristiana que el Salvador ha traído por medio de Su obediencia hasta la muerte? Nosotros respondemos: Está tan lejos que la Ley haya sido abolida por la venida de Cristo a este mundo, Él mismo declaró enfáticamente.-  “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt 5:17-18)  Es cierto que el cristiano no está bajo la Ley como un pacto de obras, ni como un ministerio de condenación; pero él está bajo ella como una regla de vida y un objetivo estándar de justicia para todas las personas de todos los tiempos. Esto hace que ella sea importante.
  1. Porque el poder de una vida santa necesita estar acompañada por la instrucción en el modelo de la misma. ¿En qué consiste una conducta santificada? Respuesta.- Consiste en agradar a Dios. ¿Qué es lo que agrada a Dios? Respuesta.- Que se haga Su voluntad. ¿Dónde está Su voluntad para ser discernida? Respuesta.- en Su Santa Ley. La Ley, entonces, es la regla cristiana de vida, y el creyente encuentra que él se deleita en la Ley de Dios según el hombre interior (Ro 7:22) El cristiano no está sin ley sino “bajo la Ley de Cristo” una frase de Pablo que se vuelve más exacta cuando se interpreta: “en la ley de Cristo” (1Co 9:21) Pecado es iniquidad, y la salvación es la presentación de la iniquidad en su verdadera relación con Dios, dentro de la bienaventuranza de Su Santa Ley. La Ley de Moisés no es otra que la Ley de Cristo, es el estándar objetivo así como Cristo es nuestro modelo.

  2. Porque únicamente los Diez Mandamientos fueron honrados por Dios, fundados en amor, y son obedecido por los afectos sentidos hacia Aquel que proveyó la redención. A.W. Pink, escribiendo acerca de la singularidad de los Diez Mandamientos, dijo: “Su singularidad aparece primero en que esta revelación de Dios en el monte Sinaí – la cual iba a servir para todos los siglos venideros como la gran expresión de Su santidad y la suma del deber de todo hombre – contó con tales fenómenos que inspiraron temor, que la misma manera en que fueron publicados mostró claramente que Dios mismo asignó al Decálogo una peculiar importancia. Los Diez Mandamientos fueron pronunciados por Dios en una Voz audible con los temores unidos de nubes y oscuridad, truenos y relámpagos y el sonido de una trompeta, y ellos fueron las únicas partes de la Divina Revelación tan habladas – ninguno de los preceptos ceremoniales o civiles fueron así distinguidos. Aquellas Diez Palabras, y ellas solas, fueron escritas por el Dedo de Dios sobre tablas de piedra, y ellas solamente fueron depositadas en el Arca Santa para su resguardo. Así, en el único honor conferido sobre el Decálogo mismo, nosotros percibimos su suprema importancia en el Gobierno Divino” (The Ten Commandments, ([Swengel Pennsylvania: Reiner Publications 1961], p.5)

  3. Porque hay una necesidad de una norma moral fija y objetiva. La Ley Moral lleva validez permanente ya que es una norma objetiva aprobada únicamente por Dios y va directamente a la raíz de nuestros problemas morales. Pone su dedo en la necesidad más profunda de la iglesia en el evangelismo, así como en la vida cristiana: santificación. Los Diez Mandamientos se necesitan desesperadamente no solamente en la iglesia, sino también en la sociedad. Vivimos en una era-sin-ley al final del siglo XX. El desgobierno reina en los hogares, en las iglesias, en las escuelas y en la tierra. Las Escrituras nos dicen que “La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Pro 14:34) Los Diez Mandamientos son la única norma verdadera de justicia.
La Medida Moral

Trágicamente, los cristianos han contribuido al declive moral de nuestra sociedad por medio de quitar los Diez Mandamientos de su propia instrucción. La Ley restringe el pecado. Sin la Ley Moral, este mundo sería un campo de sangre, como es evidente en los lugares donde no hay respeto por los Mandamientos de Dios. El puritano Samuel Bolton, en “Los Verdaderos Límites de la Libertad Cristiana” ([London: Banner of Truth Trust, 1964], p. 79) dice:
Bendito sea Dios que hay este temor sobre los espíritus de los hombres malvados, de otra manera no podríamos vivir bien en este mundo. Un hombre sería un demonio para otro. Cada hombre sería un Caín a su hermano, un Amnón a su hermana, un Absalón a su padre, un Saúl a sí mismo, un Judas a su maestro; porque lo que uno hace, todos los hombres lo harían, sino fuera por una restricción a sus espíritus.
No solamente los impíos, sino también los seguidores de Jesús necesitan un objetivo, fijo, sí, una norma absoluta del bien y del mal. Una vida devocional no puede existir sin considerar la moralidad. No podemos separar la devoción de la obligación. Después de todo, ¿Qué constituye a una persona como devota? Respuesta.- Alguien que está buscando hacer la voluntad de Dios, alguien quien es instruido en un carácter santo. Y, ¿En qué consiste un carácter santo? Respuesta.- En hacer la Voluntad de Dios. Y, ¿En dónde encontramos la Voluntad de Dios con respecto a la moralidad? Repuesta.- En las únicas normas verdaderas que resumen la Ley Moral – los Diez Mandamientos.

Este tema, la Ley y el Evangelio, está en el grado más alto, es importante y edificante, tanto para los santos como para los pecadores. Conocerlo experimentalmente, es ser “sabio para salvación”, y vivir habitualmente bajo su influencia, es ser al mismo tiempo santo y feliz. Tener puntos de vista espirituales distintos del mismo, es la manera de ser guardados de acercarnos, por un lado, hacia la auto-justicia, y por un lado, del libertinaje; y ser capaces de afirmar la absoluta libertad de la gracia soberana, y al mismo tiempo, el sagrado interés por la verdadera santidad. Sin un conocimiento experimental, y una fe sincera, de la Ley y el Evangelio, un hombre no puede ni venerar la autoridad de uno, ni estimar la gracia del otro.

La Ley y el Evangelio son las partes principales de la Revelación Divina; o más bien, ellos son el centro, la suma y la sustancia de todo. Cada pasaje de la Sagrada Escritura es Ley o es Evangelio, o es competente de estar mencionando a uno o al otro. Aun en las historias del Antiguo y Nuevo Testamento el accionar del hombre es introducido como narrativa de hechos,  realizados en conformidad o en oposición a la Ley Moral de Dios; y realizados en la fe o incredulidad del Evangelio. Las ordenanzas de la ley ceremonial, dada a los antiguos israelitas, fueron, en su mayor parte, injertados en el Segundo y Cuarto Mandamiento de la Ley Moral; y en su referencia tipológica, fueron una oscura revelación del Evangelio. Los preceptos de la Ley Judicial, son todos mandamientos resumidos en la Ley Moral, y especialmente, a aquellos contenidos en la Segunda Tabla. Todas las amenazas, ya sea en el Antiguo o Nuevo Testamento, son amenazas de la Ley o amenazas del Evangelio; y cada promesa, es una promesa ya sea de uno o sea del otro. Cada profecía de la Escritura, es una declaración de cosas oscuras o futuras, conectadas ya sea con la Ley o con el Evangelio, o con ambos. Y no hay, en el Sagrado Libro, una amonestación o una reprensión, o una exhortación, que no se refiera a la Ley, al Evangelio o a ambos. Entonces, si un hombre no puede distinguir correctamente, entre la Ley y el Evangelio, él no puede comprender correctamente, tanto como ningún artículo de la Verdad Divina. Si él no tiene comprensiones justas y santas de la Santa Ley, tampoco puede tener las acciones espirituales transformadoras del glorioso evangelio; y, por un lado, sus puntos de vista del evangelio serán erróneos o equivocados, sus nociones de la Ley no pueden ser correctas.

Además, si el conocimiento especulativo, de la Ley y el Evangelio, son superficiales e indistintos, ellos por lo general estarán en peligro de mezclar el uno con el otro y, en un mayor grado que pueda ser concebido, ellos retardarán su progreso en santidad; así como en paz y confortamiento. Pero por el contrario, si ellos pueden distinguir bien entre la Ley y el Evangelio; por lo tanto, bajo las influencias iluminadoras del Espíritu Santo, serán capaces de discernir la gloria de todo el plan de redención, al reconciliar todos los pasajes de la Escritura los cuales parecen contradecirse uno del otro; al probar si las doctrinas son de Dios, para calmar sus propias conciencias en tiempos de problemas intelectuales, y avanzar resueltamente en la santidad evangélica y en la consolación espiritual.

Es importante considerar la diferencia entre la Ley y el Evangelio así como la concordancia entre ellos. El establecimiento de la Ley por el Evangelio, o la dependencia del Evangelio a la autoridad y honor de la Ley debe ser tratado. El privilegio del creyente de estar muerto a la Ley como un pacto de obras, con una consecuencia necesaria de ello, es muy importante. Para enfatizar esta importancia de la Ley (los Diez Mandamientos) voy a llamar a tres testigos fidedignos.

El Testimonio de Tres Testigos

Considere las actitudes expresadas por tres de los voceros escogidos de Dios con respecto a Su Ley:

  1. David, un hombre conforme al Corazón de Dios – el dulce cantor de Israel. “Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad” (Sal 119:35) “Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos que dejan tu ley” (Sal 119:53) “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal 119:97) “Aborrezco a los hombres hipócritas; mas amo tu ley” (Sal 119:113) “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley” (Sal 119:126)

  2. El principal apóstol de nuestro Señor – Pablo. “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” (Ro 3:31) “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Ro 7:12) “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (Ro 7:22) “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Ga 3:24)

  3. Nuestro Señor mismo. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt 5:17-18)
Por lo regular oímos esta expresión: “Sé como Jesús” ¿Cómo era Él? Él era Perfecto. ¿Cómo lo sabemos? Nosotros podemos tener una norma perfecta por la cual juzgar, y aquella norma perfecta es la Perfecta Ley de Dios (Sal 19:7)

El Testimonio de toda la Biblia

La importancia de este tema se ve en que en toda la Biblia se refiere, ya sea a la Ley o al Evangelio. Por ejemplo:

* La historia del Antiguo y Nuevo Testamento, en lo que respecta al hombre, es nada más que las narraciones de las vidas vividas en conformidad con, o en oposición a la Ley Moral de Dios; o vividas en fe o incredulidad del Evangelio.

* Todas las amenazas del Antiguo y Nuevo Testamento son amenazas ya sea de la Ley o del Evangelio. “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn 3:18)… Cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles, en llama de fuego tomará venganza de aquellos quienes no conocieron a Dios, y sobre aquellos quienes no obedecieron al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Estos serán castigados con destrucción eterna de la Presencia de Dios y de la gloria de Su poder (2Ts 1:7-9)

* Cada profecía de la Escritura es una declaración de cosas oscuras y futuras y están conectadas ya sea con la Ley o con el Evangelio.

* Cada promesa, es una promesa relacionada ya sea con la Ley o con el Evangelio.

* Cada buena amonestación, reprensión o exhortación, es con referencia con la Ley, el Evangelio, o ambos.

Así, la Ley y el Evangelio son el centro, la suma y la sustancia de toda la Biblia. ¿Cuán importante es entonces relacionar y distinguir propiamente a los dos?; Cuanto más nos acerquemos a una visión clara de la diferencia entre la Ley y el Evangelio, y la conexión entre ellos, ya que uno sirve para establecer al otro; más entenderemos las Sagradas Escrituras, y así la voluntad y la mente de Dios y más útiles seremos en Su servicio.

Dos Clases de Conocimiento

Otra indicación de la importancia de la Ley, es que ella revela las dos clases de conocimiento que son necesarios para la salvación:

  1. La Ley revela el carácter de Dios. La Ley de Dios viene de Su naturaleza. La naturaleza de Dios determina lo que es correcto, y la voluntad de Dios impone tal norma sobre todas Sus criaturas como una obligación moral. Siendo que Su voluntad fluye de Su naturaleza, y la Ley es perfecta (Sal 19:7), la Ley refleja la perfección de Su naturaleza.
El hombre no es responsable ante una ley abstracta, sino ante Dios. Detrás de la Ley está el Dador de la Ley. En consecuencia, encontrar defectos en la Ley es encontrar defectos en el Dador de la Ley. La Ley no son edictos arbitrarios de un déspota caprichoso; sino son los sabios, santos y amorosos preceptos de Uno quien es celoso por Su gloria y por el bien de Su pueblo.

Cristo fue Perfecto. ¿Cómo lo sabemos? Él guardó la Ley perfectamente. El era la Ley personificada. Cristo manifestó al Padre perfectamente: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col 2:9)
  1. La Ley revela la condición del hombre. Acercarse a alguien y decirle: “Todos hemos pecado” no trae convicción a menos que la persona sepa lo que es el pecado. “Pecado es la transgresión de la Ley” (1Jn 3:4) “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Ro 3:20) El conocimiento del pecado como violación de la Ley de Dios trae convicción.
La Ley y el Evangelismo

De igual manera, la importancia de la Ley es vista en un tema que es estimado en el corazón de todo verdadero predicador y todo evangelismo cristiano verdadero.

En los días pasados, los niños aprendían los mandamientos antes de aprender Juan 3:16, porque solamente entonces Juan 3:16 llegaba a tener sentido. Igualmente, la primera obra de traducción de John Elliot entre los indígenas no fue Juan 3:16, sino los Diez Mandamientos, y su primer sermón fue acerca de los mandamientos. ¿Pensaba John Elliot que los indígenas serian salvos por medio de los Diez Mandamientos? Por supuesto que no, pero los mandamientos les mostraría a ellos el por qué de la necesidad de ser salvados, que ellos eran quebrantadores de la Ley; y que ellos necesitaban un sustituto que haya guardado la Ley.

John Patton, un gran misionero presbiteriano para las Nuevas Hébridas, primero enseñó los Mandamientos. ¿Por qué? Las personas nunca se interesarán debidamente en una relación con el Redentor hasta que ellos vean la terrible brecha en sus relaciones con el Creador. Los mandamientos son el mandato moral del Creador para las criaturas. La aguja fina de la Ley abre el camino para el hilo de grana del evangelio. La Ley es indispensable en un evangelismo bíblico, centrado en Dios.

Resumen

  1. Toda la Biblia es Ley y Evangelio, y los dos están vitalmente vinculados entre sí que un conocimiento exacto del uno no se puede conseguir sin el otro.

  2. La Ley revela el carácter de Dios y la condición del hombre. Estas dos clases de conocimiento son absolutamente necesarios para la salvación. (Vea por ejemplo el primer capítulo de la Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino)

  3. La Ley es esencial para la verdadera evangelización bíblica porque por la Ley es el conocimiento del pecado. Fue la Ley la que fue efectiva en la conversión del apóstol Pablo “Yo no conocí el pecado, sino por la Ley” (Ro 7:7)

  4. La Ley es la única regla y orientación bíblica para la obediencia – esto es, una vida santificada. ¿En qué consiste una conducta santificada? En hacer la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios con respecto a la moralidad? La Ley Moral resumida en los Diez Mandamientos.

  5. La Ley es una de las tres verdades de la Biblia que se mantiene o caen juntas: 1) La Ley de Dios, 2) la Cruz de Cristo; y, 3) El justo juicio de Dios Todopoderoso.

En primer lugar, si no hay Ley no hay pecado porque el pecado es la transgresión de la Ley (Los Diez Mandamientos).

En segundo lugar, si no hay Cruz entonces no hay esperanza para los pobres pecadores – no hay perdón de los pecados.

En tercer lugar, si no hay un juicio justo del Todopoderoso Dios nadie se preocuparía por el pecado o por un Salvador. Estas tres verdades permanecen o caen juntas.

Las siguientes palabras de J. Gresham Machen, el fundador principal del Seminario Teológico Westminster enfatizará la importancia del lugar de la Ley:
Una nueva y más poderosa proclamación de la Ley es quizás la necesidad más apremiante de esta hora, los hombres tendrían poca dificultad con el evangelio si ellos hubieran aprendido la lección de la Ley. Así que siempre: un punto de vista bajo de la Ley siempre conduce al legalismo en la religión; un punto de vista alto de la Ley hace a un hombre buscar la gracia. Ore a Dios para que un punto de vista alto pueda prevalecer nuevamente (What is Faith?, [Edinburgh: Banner of Truth Trust], pp. 141-142)
Predicador, predique la Ley Moral de Dios; y padres, enseñen a sus hijos los Diez Mandamientos.


Law and Gospel; escrito por Ernest Reisinger

http://founders.org/fj28/law-and-gospel/

sábado, 10 de enero de 2015

Una masa religiosa de corrupción


¡Una masa de corrupción he sido! Cuanto tiempo viviendo sin Dios en el mundo; dado a los sentimientos y todas las cosas perecederas que me rodean. Al ser yo de una naturaleza sentimental, ¡Cuánto de mi religión se ha teñido con estos tintes terrenales, y hasta este día! Aunque guardado del vicio flagrante por mi formación educacional y por temor al hombre, ¡Cuánta iniquidad ha reinado en mi corazón! ¡Y cuantas veces, a pesar de todos mis esfuerzos, ha irrumpido esa iniquidad en forma de deseos e iras, ambiciones locas y palabras corruptas! Aunque mi vicio ha sido siempre refinado, sin embargo ¡Cuán sutilmente y de qué manera ha prevalecido! Y el día de Reposo, la prueba de todo ello, gran parte dedicado al servicio de Dios ¡y con un total aburrimiento! ¡Corrompido por mis hipocresías, mi auto-suficiencia, mis pensamientos mundanos y mis amigos incrédulos! Con cuanta formalidad he leído la Biblia, sin estar atento a sus Palabras, y qué poco he leído: ¡tan poco que aun hoy no la he leído siquiera! ¡Con cuánta facilidad he obedecido los impulsos de mi corazón indómito! ¡Cuánto más he amado la criatura que al Creador! Oh Señor mi Dios, me permitiste vivir mientras te deshonraba, Tú lo sabes todo; y sólo Tu mano ha podido despertarme de la muerte que me rodeaba, y en donde estaba yo contento de morar.
 [Palabras de Robert Murray M’Cheyne, recordando su pasado antes de su genuina conversión - Tomado del Libro “La vida de Robert Murray M’Cheyne”; págs. 31-32]

 “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite” Isaías 1:6

jueves, 8 de enero de 2015

Soy vil

Esto no fue dicho por Caín en un momento de remordimiento después de haber asesinado a Abel; tampoco por Judas después de haber traicionado al Salvador poniéndolo en manos de sus enemigos; en cambio, esta es la expresión de uno de quien Dios dijo: “no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:8) ¿Era justificable que Job use tal lenguaje fuerte de auto-desprecio? Y si lo fue ¿Son los cristianos de hoy justificables de hacer eco del mismo lenguaje?
¿Cuándo fue que Job declaró “He aquí que yo soy vil”? Fue cuando el Señor se apareció a él y le dio una revelación asombrosa de Sus propias perfecciones maravillosas. Fue cuando él se paró en la toda-penetrante luz de la inmaculada santidad de Dios que le hizo darse cuenta de algo de Su gran poder.

 ¡Ah! Cuando un alma es verdaderamente traída a la presencia del Dios Vivo, la jactancia se acaba, nuestra hermosura se convierte en corrupción (Dn 10:8) y clamamos “Ay de mi, que soy muerto” (Isa 6:5) 
Cuando Dios hace al alma una revelación personal de Sus perfecciones maravillosas, aquella persona queda convencida, de manera efectiva, de su propia condición miserable. Cuanto más se nos da a discernir de la gloria inefable del Señor, tanto más nuestra auto-complacencia se marchita. Es en la luz de Dios que, y solo en ella, “veremos la luz” (Sal 36:9) Cuando Él brilla en nuestros entendimientos y corazones, y trae a la luz, “lo oculto de las tinieblas” percibimos la absoluta corrupción de nuestra naturaleza, y es abominable ante nuestros propios ojos. Mientras nos midamos por nuestros propios semejantes, nosotros, muy probablemente, tendremos el más alto concepto de nosotros mismos (Ro 12:3), pero cuando nos medimos por los requerimientos santos de la naturaleza de Dios, vamos a clamar “soy polvo y ceniza” (Gn 18:27) El verdadero arrepentimiento cambia la opinión que un hombre tiene de sí mismo.

Escrito por A.W. Pink (1886 – 1952)