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martes, 11 de febrero de 2014

Fuego Autentico, una respuesta a “Fuego Extraño” de John MacArthur (PorMichael Brown)

Ese es el título de un libro que ha escrito Michael Brown. Recientemente ha sido publicado un artículo que hace una revisión de uno de los argumentos postulados en este reciente libro. El artículo lleva por título “Michael Brown, Fuego Autentico, & Juan 14:12. Personalmente no he leído el libro, pero es interesante la manera en que se interpreta Juan 14:12 para sostener la posición continuista de los dones de señal. Aquí he traducido la entrada para que sea sometida al discernimiento del pueblo de Dios.
En su nuevo libro: “Fuego Autentico, una respuesta a Fuego Extraño de John MacArthur” el cesacionismo “por el testimonio claro y definido de la Palabra” (AF, 166) pero él también encuentra la posición cesacionista “exegéticamente imposible” (AF, 165)
presentador carismático de radio Michael Brown indica su compromiso a sola scriptura como la razón principal por la que es continuista. No solamente Brown rechaza el

En el capítulo 6 de “Fuego Autentico”, Brown presenta los argumentos bíblicos principales para la continuación de los dones milagrosos del Espíritu Santo. Brown apela a las palabras de Jesús en Juan 14:12. En este versículo Jesús dice: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre”

Según Brown, Juan 14:12(a) “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también” contiene una promesa universal para la iglesia de Jesucristo: “Cualquiera que crea en el Hijo, también realizará señales milagrosas” (AF, 189) Para apoyar esta conclusión, Brown señala que el contexto inmediato enfatiza milagros como las obras hechas por Jesús y que la frase “el que crea en mí” (ho pisteuon eis eme) es universal en su alcance cuando se utiliza en otras partes del evangelio de Juan (6:35; 7:38; 11:25; 12:44, 46) (AF, 189) Según Brown, entonces, todo aquel quien crea en Jesús realizará señales milagrosas.

Brown tiene razón en su afirmación que Jesús estaba refiriéndose a obras milagrosas en Juan 14:12 cuando Él dijo “las obras que yo hago”. Esto es claro no solamente por el contexto inmediato de Juan 14 (ver los versículos 10-11) pero también por el gran contexto del Evangelio de Juan en el cual las obras milagrosas de Jesús dieron evidencia de Su identidad (ver 5:36; 10:25; 20:30-31)  ¿A qué obras milagrosas se estaba refiriendo Jesús? Él no las menciona, pero el evangelio de Juan- el cual registra sólo una fracción de las señales y milagros que Jesús realizó- provee varios ejemplos:
  • Jesús convirtió el agua en vino (2:1-11)

  • Jesús sanó a un muchacho que estaba a punto de morir (4:46-54)

  • Jesús sanó a un hombre que había sido paralitico que no pudo caminar durante 38 años (5:1-9)

  • Jesús alimentó 5,000 personas con 5 panes y dos peces (6:1-14)

  • Jesús caminó sobre el agua (6:16-21)

  • Jesús sanó a un hombre ciego de nacimiento (9:1-41)

  • Jesús resucitó a un hombre que había estado muerto por 4 días (11:1-45)
De acuerdo con Juan 14:12(a) estas son la clase de obras milagrosas que serán realizadas por “el que cree en Jesús”

Brown también tiene razón en su afirmación que los otros usos de “el que cree”, en el Evangelio de Juan, son universales, aplicables a todo aquel que cree en Cristo (6:35; 7:38; 11:25; 12:44, 46). De hecho, siete otros usos del participio sustantivo "el que cree" (pisteuon ho) (3:15; 3:16; 3:18; 3:36; 6:40; 6:47; 11:26) podrían ser agregados a los cinco enumerados por Brown, y todos ellos son también universales. En consecuencia, cada uno de estos doce usos de la expresión "el que cree" (aparte de Juan 14:12) introduce una promesa que es incondicionalmente verdadera para todos los creyentes en Cristo, y esto es un argumento válido para la posición de Brown.

Pero lo que al principio parece ser el argumento más fuerte de Brown, finalmente resulta ser el problema más significativo para su punto de vista. Asumiendo que la frase "el que cree", en Juan 14:12, es también universal; Brown termina argumentando que todos los creyentes en la historia de la iglesia han realizado (o realizarán) las mismas obras milagrosas que Jesús, obras como la curación de los paralíticos, darle la vista a los ciegos, y resucitar a los muertos.

Aparte de la observación obvia de que hay más que unos pocos creyentes en los últimos dos mil años que nunca han resucitado muertos, o dado la vista a los ciegos, el apóstol Pablo dejó claro en 1 Corintios 12:27-30 que nunca fue el diseño de Dios el dar a cada cristiano la capacidad de realizar milagros:

27  Ahora bien,  ustedes son el cuerpo de Cristo,  y cada uno es miembro de ese cuerpo. 28  En la iglesia Dios ha puesto,  en primer lugar,  apóstoles;  en segundo lugar,  profetas;  en tercer lugar,  maestros;  luego los que hacen milagros;  después los que tienen dones para sanar enfermos,  los que ayudan a otros,  los que administran y los que hablan en diversas lenguas. 29  ¿Son todos apóstoles?  ¿Son todos profetas?  ¿Son todos maestros?  ¿Hacen todos milagros? 30  ¿Tienen todos dones para sanar enfermos?  ¿Hablan todos en lenguas?  ¿Acaso interpretan todos?

La respuesta implícita a cada una de estas preguntas retoricas es: “No, ¡Por supuesto que no!” Si nunca fue el diseño de Dios que todos los creyentes realizaran milagros y sanidades ¿Cómo puede Brown afirmar una interpretación de Juan 14:12 que dice que sí lo fue?

La interpretación de Brown de Juan 14:12, entonces, enfrenta un obstáculo significativo. A pesar que sin dudas es verdad que cada creyente tendrá vida eterna (Jn 3:15, 16, 36; 6:40, 47), no es juzgado (Jn 3:18), jamás tendrá sed (Jn 6:35), experimentará los ríos de Agua Viva (Jn 7:38), vivirá aun si él muere (Jn 11:25, 26) creerá en el Padre (Jn 12:44), no permanecerá en tinieblas (Jn 12:46), simplemente no es el caso que cada creyente haga (o hará) las obras milagrosas que Jesús dijo (2:1-11; 4:46-54; 5:1-9; 6:1-14; 6:16-21; 9:1-41; 11:1-45). Esto nunca fue el diseño soberano de Dios para el Cuerpo de Cristo (1Co 12:27-30) y no fue prometido por Jesús en Juan 14:12

Entonces, ¿Qué quiere decir Jesús cuando dice que “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también”? La clave se encuentra en recordar la audiencia original de Jesús. En Juan 14-16 Judas Iscariote ya se había apartado y Jesús se estaba dirigiendo exclusivamente a los once discípulos, los mismos que Él pronto enviaría como Sus apóstoles. A pesar que gran parte de Juan 14-16 puede ser aplicado a cada creyente por extensión, todo lo que Jesús dice en estos capítulos aplica directamente a los apóstoles y algo de lo que dijo el Señor aplica solamente a los apóstoles (Ej. Juan 14:25-26; 16:13). Juan 14:12 pertenece a esta última categoría.

En Juan 14, Felipe pide a Jesús que les mostrara al Padre (v. 8) Jesús respondió reprendiendo a Felipe (v. 9) y preguntándole a él si creía o no que Él está en el Padre y el Padre está en Él (v. 10) entonces Jesús amplió el alcance de Su instrucción (la transición griega de singular a plural) dirigiéndose a todos los discípulos y exhortándoles dos veces “a creer” en El (v. 11) En consecuencia, cuando Jesús se refirió a “el que cree en mí” en el siguiente versículo (v. 12) tiene mucho sentido concluir que el alcance de aquella frase está limitada a aquellos a quienes Jesús se estaba dirigiendo, a saber, los once discípulos.

Tal como escribe Richard Mayhue “el encargo de Cristo a los discípulos [en Jn 14:12] no debe ser asignado automáticamente a todos los creyentes de todas las épocas, a menos que esté específicamente indicado por el texto. Nada aquí apunta más allá de los discípulos” (La Promesa de Sanidad, 162)

La promesa de Jn 14:12, entonces, es que una vez que Jesús envía a los discípulos como Sus apóstoles, ellos iban a ser capacitados por el Espíritu Santo para realizar obras milagrosas al igual que Él hizo. No solamente esta interpretación encaja en el contexto inmediato de Juan 14-16, sino que el Libro de los Hechos registra que los apóstoles, efectivamente realizaron las obras milagrosas prometidas por Jesús en Jn 14:12 “muchas maravillas y señales eran hechas por medio de los apóstoles” (Hch 2:43, énfasis añadido). Si la promesa de Juan 14:12 es universal y cada creyente realizó señales y maravillas ¿Por qué Lucas singulariza a los apóstoles en Hch 2:43? ¿Dónde está el relato bíblico de que “muchas maravillas y señales eran hechas por todos los hermanos?

En Hch 5:12-16 Lucas colma algunos detalles sobre estos milagros apostólicos, proporcionando una larga descripción del ministerio de ellos en la iglesia primitiva:

Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. 13  De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. 14  Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; 15  tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. 16  Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.

Tenga en cuenta que estas obras milagrosas no solo consisten en los apóstoles orando para que la gente enferma se ponga bien, con mayor o menor éxito, dependiendo de la fe de los que estaban enfermos. Su poder milagroso era tan visiblemente obvio que las multitudes traían a sus enfermos a los apóstoles “y todos ellos eran sanados” (Hch 5:16) La razón por la que los apóstoles recibieron estos dones fue para autenticarlos como representantes autorizados de Cristo, quienes recibieron y proclamaron la revelación divina a la iglesia primitiva (Ef 2:20; 3:5; Hch 2:42). Esta es la razón por la cual 2 Corintios 12:12 identifica a las señales prodigios y milagros como “señales de un verdadero apóstol” y esta es la razón por la que Heb 2:3-4 habla de Dios acreditando el apostolado de ellos con señales, prodigios y diversos milagros.

Brown insiste en que la promesa de Juan 14:12 no puede ser limitada a los apóstoles (AF, 189, 205) pero una mirada cercana demuestra que este versículo no se aplica a todos los creyentes. Tristemente, los cristianos que hoy reclaman esta promesa para ellos mismos, y quienes son incapaces de realizar la clase de señales y milagros que Jesús hizo- pueden encontrar que son tentados sea a diluir la definición bíblica de un milagro, o de vacilar en su compromiso con sola scriptura. Es mejor mantener la confianza en la suficiencia de las Escrituras e interpretar este versículo en su contexto original. No hay apoyo para el continuismo en Juan 14:12.
 Artículo escrito por Matt Waymeyer

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lunes, 4 de noviembre de 2013

Esta es la Razón por la que los carismáticos simplemente no son reformados


Una manera de resumir la doctrina de la soberanía de Dios es esta: “Es Dios quien actúa, no el hombre”. ¿Cómo se salvará el perdido? Dios debe actuar. ¿Cómo los cristianos pecadores triunfarán sobre el “viejo hombre”? Dios debe actuar. ¿Cómo la iglesia crecerá en santidad e influencia? De nuevo, Dios debe actuar. Él es el Soberano. Él es el Gran Autor en cada aspecto de nuestra vida espiritual.

Esta reflexión se encuentra en el corazón del énfasis reformado sobre los medios comunes de gracia. Si nada bueno pasa sin que Dios actúe, es correcto que preguntemos lo siguiente: “Entonces, ¿Cómo Él va a actuar?” De la misma manera en que los que tienen sed van diariamente al pozo, así aquellos quienes entienden nuestra absoluta dependencia en la gracia divina van regularmente a aquellos lugares donde Dios ha prometido el darse a conocer.

Esta es la razón por la que el cristianismo reformado siempre ha puesto un gran énfasis en la predicación de la Palabra de Dios. Dios manifiesta Su presencia en los sacramentos y en la oración, pero Él se hace conocer a Sí mismo de manera especial en la Palabra predicada. Es por eso que Pablo escribió con tanta energía acerca de la necesidad de la predicación en Romanos 10:14-15.
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Pablo vio a la predicación del evangelio como una parte indispensable del plan de Dios para la redención de los pecadores. Esto no tiene nada que hacer con el poder de los predicadores y tiene todo que ver con la voluntad soberana de Dios. Él hace que Su gracia sea conocida en la manera de Su elección, y la manera que Él ha escogido es la predicación.

En consecuencia los cristianos reformados han reafirmado consistentemente la importancia de la Palabra predicada. Como nuestra propia Confesión afirma, siguiendo a la de Westminster:
La gracia de la fe, por la cual los escogidos reciben capacidad para creer para la salvación de sus almas, es la obra del Espíritu de Cristo en sus corazones, y ordinariamente se realiza por el ministerio de la Palabra; por la cual, y por la administración del bautismo y la Cena del Señor, la oración y otros medios designados por Dios, esa fe aumenta y se fortalece. (Segunda Confesión Bautista de Londres de 1689, xiv,1)

Esta convicción es una consecuencia necesaria de cualquier firme adherencia al principio de soberanía. Si Dios es verdaderamente soberano sobre toda la obra de gracia en el alma, entonces Él debe controlar los medios por los cuales esa obra progresa, y además, estos medios serán aquellos indicados en Su Palabra.

En contraste con el consenso reformado en los medios de gracia, el carismatismo siempre, e inevitablemente, ha incurrido en el empequeñecimiento del ministerio de la Palabra. Lo que ha sido observado en las iglesias carismáticas durante décadas continuas para ser honestos, no importa lo que se diga de la importancia de la predicación, el momento real de comunión con Dios viene cuando hay una declaración profética – no importa lo banal que sea. Dondequiera que la iglesia adopta la doctrina carismática las emociones y los sentimientos deben aumentar y los pensamientos disminuir.

Esto no es un accidente de la historia, un acercamiento no-serio a las Escrituras  es una condición previa para el carismatismo. Considere que sucedería si el carismático fuera a tomar la Biblia de manera seria:

En primer lugar, el carismático descubriría la naturaleza de los milagros bíblicos, y él tendría que reconocer que nada como aquellos ha sucedido en ningún lugar en la iglesia en más de mil novecientos años. Mientras él no mire a la Biblia muy de cerca, él puede pretender que los balbuceos modernos son “lenguas”; o que los paliativos sicológicos son “sanidades”. Cualquier estudiante serio de los milagros del Nuevo Testamento pone fin a tal disparate.

En segundo lugar, el carismático descubriría el poder del Espíritu Santo y se daría cuenta que ninguna iglesia es capaz de detenerlo. Los nuevos creyentes en el libro de los Hechos no estuvieron buscando por poder de lo Alto; ninguno sino Simón el Mago hizo eso. En lugar de ello, fueron llevados por la fuerza imparable del Espíritu. El carismatismo moderno depende de la idea de que la mayoría de iglesias de alguna manera impiden al Espíritu Santo ejercer Su poder, pero eso no puede ser verdad del Todopoderoso Espíritu hallado en la Escritura.

En tercer lugar, el carismático encontraría que la Biblia expresamente habla del fin de los dones carismáticos, y en aquel punto él tendría una plantilla por la cual entiende los últimos mil novecientos años. Él se daría cuenta del por qué es que los milagros de la era apostólica no ocurren más, y él entendería que no tiene nada que ver con las iglesias orgullosas que de alguna manera consiguen lo mejor del Espíritu Santo.

La doctrina carismática no puede sobrevivir a la predicación expositiva sana, esa es la razón por la que inserta un nuevo medio de gracia. En lugar de la predicación – por la cual la mente, el corazón y la voluntad son comprometidos por la Palabra de Dios – el carismático enfatiza el “poder” – una más perfecta experiencia emocional divorciada del contenido real de la Palabra. Esta es la razón por la que los carismáticos simplemente no son reformados. No importa cuánto un carismático pueda hablar de la soberanía de Dios, él nunca puede afirmar la correspondiente y necesaria doctrina de los medios de gracia, y por lo tanto su comprensión de la soberanía puede solamente ser truncada y pasajera.

Lo que nos lleva a Tope Koleoso y su ya infame sermón en Desiring God 2013. Titulado “Gracia soberana, dones espirituales y el pastor. ¿Cómo debe un pastor reformado ser carismático?” El mensaje del pastor Koleoso es el mejor ejemplo estándar del texto modelo carismático. Es difícil reconocer algo de la gracia soberana fuera del título, y fue distintivamente anti-reformado en el final.

Algunos de los lapsos en la lógica del pastor Koleoso fueron obvios. El igualó el poder del Espíritu Santo con los carismas, como si el Espíritu no demostrara Su poder de otra manera. El asumió que aquellos quienes rechazan los carismas solamente pueden hacerlo por miedo, por pragmatismo o por orgullo; como si nunca oyó hablar de los extensos argumentos exegéticos para la cesación de los dones. El hizo absolutas las palabras de Cristo: “la cosas que Yo hago” en Juan 12:14, pero de una manera arbitraria – debemos predicar, enseñar, sanar y liberar; gracias a Dios no estamos llamados a redimir, propiciar, crear, etc.

Lo que encontré más instructivo, sin embargo, son las tendencias más sutiles de su mensaje. Conforme su sermón progresaba, el pastor Koleoso parecía cada vez más hostil hacia el ministerio de la Palabra, y al mismo tiempo dirigió a sus oyentes hacia una visión de la adoración centrada en las emociones. En sus ojos, los predicadores sin los carismas son arrogantes y egoístas, anhelantes de la dignidad de la predicación y sin deseos de rendirse al mover del Espíritu. El enfocó su predicación, en general, como una exhibición inútil de orgullo de hombres quienes no están deseosos de compartir sus plataformas con Dios. Mientras tanto, es importante – ¡incluso crítico! – que los hombres levanten sus manos en la adoración, y hagan una gran exhibición de su “apertura” al Espíritu.

Si este sermón es evaluado desde una perspectiva realmente reformada uno debe concluir que el pastor Koleoso ha reemplazado la predicación como el medio primario de gracia con algo mal-definido- una experiencia un poco existencial de fuego espiritual, el cual sólo podría ser rociado por un hombre que proclama las palabras de la Biblia. Y de hecho, él tiene la razón: las palabras de la Biblia revelan tal rango de emocionalismo para ser un sub-cristiano, un remanente del paganismo.

Muchos están tristes esta semana, que tal mensaje provenga de la conferencia Desiring God, pero el cristiano reformado y confesional no debe estar sorprendido. Dos lecciones se desprenden de este desastre:

En primer lugar, no importa cuántos “nuevos calvinistas” traten de demostrar lo contrario, el carismatismo es incompatible con la doctrina reformada. La conferencia Desiring God ha procurado mantener la puerta abierta a los carismáticos sin deshacerse de la soberanía divina, pero esto no funciona. Mantén tal puerta abierta y tarde o temprano el desprecio carismático de los medios de gracia atacará de cabo a cabo, y sin la doctrina de los medios de gracia, la gracia soberana se vuelve incomprensible.

En segundo lugar, la conferencia Desiring God sufre del no-confesionalismo de todo el movimiento “Nuevo Calvinista”. Donde no está establecida una norma doctrinal más allá de una-página de recitación de ortodoxia, no puede haber consistencia de una generación a la próxima. Los líderes de hoy pueden desposar un carismatismo suave unido con literatura reformada y personalidad, pero los líderes de hoy pueden retirarse de la escena, y cuando ellos lo hagan ¿Quién puede decir lo que vendrá? Esto es precisamente el por qué las iglesias reformadas siempre han sido confesionales. Cuando los pastores están obligados por juramento confesional para defender tales declaraciones como “La Santa Escritura es la única suficiente, segura e infalible regla de todo conocimiento salvador, fe y obediencia... (Segunda Confesión Bautista de Londres de 1689, i.1) cada generación tiene una sólida defensa contra las modas que invadan en sus días.

Que el “Carismatismo Reformado” debería eventualmente ir por este camino, arrastrando al resto del “Nuevo Calvinismo” con él – era previsible. Tal doctrina no tiene una confesión sólida. Le presta poca atención a los medios de gracia. No es en realidad reformado en ningún sentido significativo.



Este artículo fue escrito por Tom Chantry, pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Cristo; y publicado en la página de “La Hermandad de Bautistas Reformados” (Reformed Baptist Fellowship).

El sermón titulado “Gracia soberana, dones espirituales y el pastor. ¿Cómo debe un pastor reformado ser carismático?” del pastor Tope Koleoso lo puede ver en el siguiente link: http://www.desiringgod.org/resource-library/conference-messages/sovereign-grace-spiritual-gifts-and-the-pastor-how-should-a-reformed-pastor-be-charismatic