jueves, 15 de febrero de 2018

¿Es pecado la atracción por alguien del mismo sexo? ¿O solamente es pecado la conducta homosexual?



[Nota del Editor: Este fragmento es de Richard Phillips, publicado por primera vez en Reformation 21, el blog de la Alianza de Evangélicos Confesionales. Se comparte solo en parte, de acuerdo con el Uso Justo y se proporcionará un enlace a continuación para que pueda leer el resto. Decidimos publicar este artículo, a pesar de que ninguno de los colaboradores de Pulpit & Pen pertenece a la Iglesia Presbiteriana de América (Presbyterian Church of América - PCA), porque se ha hecho un buen trabajo al explicar una discusión que desesperadamente necesita producirse en el evangelicasmo. La Atracción por el Mismo Sexo (AMS) se está convirtiendo rápidamente en una situación normal entre los nuevos calvinistas y en los círculos fuertemente influenciados por The Gospel Coalition y ERLC (Ethics and Religious Liberty Commission – La Comisión para la Libertad Ética y Religiosa), siempre y cuando el individuo de la AMS permanezca célibe. Se está predicando ampliamente que el Espíritu Santo puede dejar que alguien permanezca en la AMS, rebajando la obra del Espíritu Santo en la santificación y robando a las personas la esperanza de la obra de Dios Espíritu en sus vidas. También creemos que "quitar el pecado" a la AMS o crear una clase especial para creyentes de la AMS es el primer paso hacia la aprobación de la conducta homosexual.]

En estos días, parece que casi todas las semanas los medios de comunicación social destapan otra erupción a lo largo de la línea de la falla volcánica de la Iglesia Presbiteriana de América (Presbyterian Church of América - PCA) entre 1) la adaptación social  y 2) la compasión y obediencia bíblica. Esta semana, una conferencia promocionando estrategias para hablar de la AMS ha levantado cabezas y provocado comentarios. Este evento en particular parece ser un intento loable de balancear la tensión: mientras llama por una aceptación compasiva por los cristianos AMS, también hace declaraciones claras en apoyo del matrimonio bíblico y toma una posición en contra del comportamiento homosexual que la mayoría de las personas de nuestra sociedad considerarían fundamentalista. En consecuencia, los conservadores deben abstenerse de trazar las peores implicaciones posibles de lo que parece ser un intento serio y responsable de hablar sobre esta principal ‘piedra angular’ cultural.

Mientras que evitamos la división histérica, podemos notar que una gran interrogante pende sobre el proceso de traer a una condición normal a la AMS como categoría cristiana. Parece que hay un consenso creciente en la Iglesia Presbiteriana de América (Presbyterian Church of América - PCA)  de que podemos y debemos distinguir entre 1) la orientación sexual de una persona y 2) los deseos pecaminosos. Parecería ser que la alternativa es que les digamos a los hombres y mujeres que luchan contra la homosexualidad que lo que consideran parte de lo que son es pecaminoso y (como algunos lo harían) someterlos a tortuosas técnicas de rehabilitación que probablemente incluyen descargas eléctricas. El puente, por lo tanto, entre la compasión y la fidelidad bíblica es abrazar la condición de "homosexual en Cristo" como una categoría normal y saludable y luego ayudar a nuestros hermanos y hermanas LGBTQ a vivir célibemente con estos deseos.

Un problema con esta estrategia motivada por el amor es que ella colapsa bajo el peso de la Escritura. El argumento bíblico en favor de la aceptación de la AMS va como sigue: siempre distinguimos entre deseo y tentación. Un heterosexual puede experimentar sin pecado una atracción hacia un miembro del sexo opuesto sin ceder a la lujuria. Lo mismo debe ser el caso para un homosexual. La orientación no es necesariamente pecaminosa, en tanto que el deseo represente una tentación que debe ser evitada. El asunto clave es la acción final: ¿Cede a la tentación la persona (heterosexual u homosexual) y comete el pecado?

Una primera crítica de esta propuesta hará notar que falla en no aplicar el enfoque ampliamente diferente de la Biblia para la homosexualidad versus la heterosexualidad, solamente uno de ellos puede ser siempre puro. Pero el problema principal es que la Biblia no distingue entre orientación y deseo; en tanto que, en lugar de ello, clasifica el deseo como tentación. Bíblicamente, la tentación es la circunstancia externa que estimula el deseo al pecado. Pero el deseo por el pecado mismo es una expresión de nuestra naturaleza pecaminosa. Las iglesias que creen en la Biblia toman este enfoque virtualmente para todo pecado que no sea la homosexualidad (a menudo se señala que nunca adoptaríamos el enfoque pro-AMS para el racismo, por ejemplo). Un enfoque bíblicamente preciso de la homosexualidad debe, por lo tanto, ser congruente con nuestra comprensión del pecado en general.

Un texto clave es Santiago 1:14-15 “sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia (deseo*) es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia (deseo*), después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (deseo* según la Versión Estándar en Inglés) Note que Santiago no iguala el deseo con la tentación, sino que hace una distinción entre ellos. El deseo es una disposición interna hacia un pecado dado. Como Santiago lo ve, la cuestión clave no es la tentación sino el deseo: hasta que el deseo sea santificado por la gracia de Cristo, la tentación producirá una conducta habituada al pecado. ‘Epithumia’ es la palabra griega traducida como ‘deseo’ e identifica un impulso interno y casi siempre tiene una connotación pecaminosa (vea Romanos 7:7-8, Gálatas 5:17, Colosenses 3: 5, y 1 Tesalonicenses 4:5) Por lo tanto, aislar la orientación del deseo pecaminoso es simplemente contrario a la Escritura.

Teológicamente, la palabra clave es ‘concupiscencia’, la cual nos llega de la teología católica romana. La Vulgata Latina traduce ‘Epithumia’ como ‘concupiscencia’ viéndola como una orientación o disposición previa al pecado. La Reforma Protestante no encontró sustento bíblico para una orientación pura que conduzca al pecado e igualó la concupiscencia con el pecado original. Entonces, como es usualmente el caso, no hemos sido dejados a nosotros mismos para resolver la cuestión de la AMS. Tanto bíblicamente como en la teología reformada, la orientación y el deseo no pueden separarse; están juntos, ellos deben ser limpiados por Cristo y mortificados por el cristiano. (Para importantes artículos en el tema de la concupiscencia vea R. Scott Clark y Derek Thomas – Links al final del presente artículo). Herman Bavinck señaló que el enraizamiento del pecado en la voluntad, además de la naturaleza caída, es el impulso del racionalismo, no de la Biblia. Señaló que bajo el humanismo secular, "la idea básica era siempre que el pecado no está arraigado en una naturaleza y no es una disposición o un estado, sino siempre un acto de la voluntad". En cuanto a cualquier idea de que Dios endosa con aprobación cualquier orientación al pecado, Bavinck respondió lo siguiente:

No solamente la Escritura testifica en contra de este punto de vista, sino que la conciencia moral de todos los humanos se levanta en protesta contra ella. El pecado puede ser lo que sea, pero una cosa es cierta: Dios es el Justo y Santo que lo prohíbe en su ley, atestigua contra ello en la conciencia humana y lo castiga con condenas y juicios.

Esto nos conduce al segundo problema con el intento amoroso de ‘aceptar la AMS’, pero negar una conducta habituada a la homosexualidad: ello choca con la realidad. Si el deseo por el pecado no es mortificado (Col 3:5), entonces producirá una conducta habituada al pecado cada vez que se presente con la tentación. Aquí está el dilema de las bienintencionadas iglesias pro-AMS que van a tener que enfrentar: ¿realmente puedes aceptar el deseo como ‘no-pecaminoso’ y persistir en condenar ‘la conducta habituada’ como pecaminosa?

Para algunas iglesias de hoy, la respuesta es No. De hecho, este es el testimonio de aquellas Iglesias Presbiterianas de América (Presbyterian Church of América - PCA) que han dejado nuestra denominación para comuniones que afirman LGBT. Argumentan que no es amoroso recluir a las personas que no tienen la culpa de su propia atracción por el mismo sexo, a una vida de soledad sin relaciones sexuales y que ya no puede negárseles a ellos para que sean miembros de la iglesia (y, con ello, al liderazgo) sobre esta base. Sin embargo, la realidad bíblica y práctica es que el deseo y la conducta no pueden separarse. Esta es la razón por la cual Salomón nos instó a nunca descansar cómodamente con las corrupciones en el corazón, sino que instó: "Mantengan su corazón con toda vigilancia, porque de él fluyen las fuentes de la vida" (Proverbios 4:23).

¿Entonces cual es la alternativa? ¿Debemos elegir entre la fidelidad bíblica y la compasión como la de Cristo? La respuesta es No, ¡mil veces, No! Para rechazar esta alternativa, debemos apreciar a las Iglesias Presbiterianas de América (Presbyterian Church of América – PCA) que buscan ministrar a la comunidad homosexual mientras mantienen el matrimonio y el comportamiento sexual bíblico. El problema de ellos es que afirman que la AMS es una categoría cristiana, "gay en Cristo", esto es tanto bíblicamente inexacta como humanamente irreal. ¿Qué más, entonces?

El ‘qué más’ para el problema homosexual resulta ser igual para cada otro pecado. No conozco a ningún cristiano que afirme una orientación hacia el culto a los ídolos, a la blasfemia, a la violencia, a la pereza, al robo, a la mentira o a la codicia (estoy leyendo los Diez Mandamientos, usted observará). Entonces, ¿por qué deberíamos tomar una posición más positiva hacia el deseo homosexual que cualquier otro deseo pecaminoso, especialmente cuando la Biblia habla con particular estridencia cuando se trata de pecados sexuales contra el orden creado? La respuesta es que por el amor de Dios y al hombre no deberíamos.

Puede leer el resto del artículo del blog siguiendo el siguiente enlace:


[Nota del Editor: Esto fue escrito por Richard P. Phillips y publicado en Reformation 21]

Para los artículos relacionados con el tema de la concupiscencia:



Este artículo traducido se encuentra en el siguiente link:


Traducido por: Guillermo de Lama, pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Lima.

Comentario del traductor.- Solamente que pensemos en la trascendencia de este asunto: si se acepta que un ‘cristiano’ puede tener deseos sexuales hacia otra persona del mismo sexo, pero que no es pecado en tanto que se mantenga célibe, y considerarlo bajo la categoría ‘cristiano homosexual’; entonces ¿Qué más sigue? Si un 'cristiano' tiene deseos sexuales hacia un animal ¿deberá crearse la categoría ‘cristiano zoofílico’?; y si tiene deseos sexuales hacia las personas muertas, ¿inventaremos otra categoría llamada ‘cristiano necrofílico’? ; Finalmente la pregunta: ¿Deberían los tales ser aceptados en la membrecía de una iglesia local y candidatos al ministerio y al liderazgo?

martes, 13 de febrero de 2018

Cuatro formas de estafa que utilizan los engañadores espirituales



Por ahí andan engañadores cuyo trabajo consiste en apartar a la gente de los principios de la religión: “os he escrito esto sobre los que os engañan” (1Jn 2:26). Los engañadores son los agentes del diablo, los mayores criminales que existen, los cuales te despojarán de la verdad.

Estos seductores tienen un pico de oro y pueden endosarte mala mercancía; son hábiles engañadores (cf. Ef 4:14). El término griego tiene que ver con los lanzadores de dados, capaces de hacer que estos caigan de la manera que les resulte más ventajosa. Dichos engañadores, pues, son tramposos lanzadores de dados, que pueden de tal manera disimular y falsificar la verdad que estafan a otros y los embaucan con sabiduría de palabras: “con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro 16:18). Utilizan frases elegantes y refinadas, y un lenguaje halagador, con los cuales seducen a los más débiles.

Otra de sus habilidades es aparentar una extraordinaria piedad, para que la gente los admire y absorba su doctrina. Parecen hombres santos y celosos, así como inspirados por Dios, y reivindican nuevas revelaciones.

Un tercer fraude de los engañadores consiste en calumniar a los sanos maestros ortodoxos. Querrían eclipsar, como negros vapores que oscurecen la luz del Cielo, a aquellos que son portadores de la verdad. Difamarán a otros para poder ser más admirados ellos mismos. Así, los falsos maestros menospreciaban a Pablo, a fin de que los recibieran a ellos (cf. Ga 4:17)

Y la cuarta estafa de los engañadores consiste en predicar la doctrina de la libertad: como si los hombres estuvieran liberados de la ley moral – tanto de su gobierno como de su maldición – y como si Cristo lo hubiera hecho todo por ellos, no teniendo ellos que hacer nada en absoluto. Así, convierten la doctrina de la libre gracia en una llave para abrir la puerta a toda clase de libertinaje.

(Tomado del “Tratado de Teología” de Thomas Watson)

martes, 5 de diciembre de 2017

¿Es el tiempo de traer de regreso las túnicas negras?


La vestimenta litúrgica, la túnica o la sotana solían estar en boga en el evangelismo protestante. Aunque se asoció con el catolicismo romano en la mente de los cristianos de los Estados Unidos, la realidad histórica es que esta prenda de vestir fue llamada “El Traje de Ginebra” (Geneva Gown, en inglés). Esta vestimenta comenzó su existencia entre los reformadores de Europa Occidental quienes rechazaron la vestimenta del clero papista, pero cuyos predicadores a menudo vestían atuendos asociados con sus estatus de eruditos académicos. El punto, suponían ellos, es que la gente no debería enfocarse en absoluto en su vestimenta, por lo que desarrollaron la tradición de usar el Traje de Ginebra para acentuar su mensaje en lugar de hacer énfasis en el mensajero.

No fue hace mucho el tiempo en el que los ministros reformados vestían el Traje de Ginebra cuando ellos predicaban. Considere, por ejemplo, al finado Dr. Martyn Lloyd-Jones; quien dijo:

Creo que es bueno y correcto para un predicador vestir el Traje [de Ginebra] en el púlpito ... El Traje para mí es una señal del llamado, una señal del hecho de que un hombre ha sido 'separado' para hacer esta obra. No es más que eso, pero es eso.

Muchos han estado de acuerdo con él a través de las edades.

El calvinista francés, Richard Paquier, dijo lo siguiente en su libro “Dinámicas de Adoración”:

Es natural que el hombre que oficia en la adoración de la iglesia esté vestido en una forma que corresponda con la tarea asignada a él y expresando visiblemente lo que hace. Es más, quien dirige en el acto de la adoración no lo realiza como si fuese una parte privada, sino como un ministro de la iglesia, él es el representante de la comunidad y el vocero del Señor. Por lo tanto, una túnica especialmente prescrita, una especie de "uniforme" eclesiástico, es útil para recordar tanto a los fieles como a él mismo que en este acto él no es el señor fulano, sino un ministro de la iglesia en medio de un multitud de otros fieles"

¿Por qué no sería una mala idea “el Traje de Ginebra”? No solamente reconoce que el pastor es un oficial de una iglesia organizada, sino que sirve para el propósito de esconder al predicador en los lazos de la modestia delante de la congregación. Una cosa es segura, ninguno regresaría a casa hablando acerca de la vestimenta del predicador.

Para una explicación completa del Traje de Ginebra, alcanzamos un link al final.

Reconozco el sensacionalismo y la aparente novedad de mi sugerencia de que la túnica clerical no sería tan mala idea. Pero, considere lo que es común hoy...


La persona de arriba es Carl Lentz, pastor de Hillsong New York. Si usted cree que puede vestirse más varonilmente en el púlpito (para ser justos, no usa púlpito), esta es una foto de él predicando:


Y este es el popular predicador Steven Furtick, vistiendo jeans ajustados con agujeros fabricados...


Y este es Mark Driscoll, quien aparentemente tiene poco respeto por el Segundo Mandamiento…


Esta es Nadia Bolz-Weber, predicando, mientras expone todos sus tatuajes...


Aquí están Jeff Durbin y Luke Pierson, luciendo su deslumbrante cultura hipster...


No hay duda que el cristianismo más serio está en declive por la cultura; los pastores tienen menos respeto por el decoro y la respetabilidad en su apariencia. Mientras miramos a pastores quienes rechazan predicar sin una corbata como viejos, de mente angosta; vemos pastores quienes predican exhibiendo sus tatuajes, sus joyas faciales, sus pantalones resplandecientes, sus joyas chillonas y vulgares; esto al menos debería hacernos levantar una ceja ¿Es esto a lo que ha llegado el pastorado? ¿Esto?

Estamos muy lejos de cuando la exposición fue vista como tan importante y, de hecho, tan sagrada, que los hombres hicieron todo lo posible para no sobresalir poniendo sobre ellos un estilo mundano. Por el contrario, ellos se escondieron detrás de un manto negro antes que hacer que la gente hablara de lo que vistieron de camino a casa. Hoy, Ed Young incluso tiene un sitio web (pastorfashion.com) para enseñar a los pastores a estar a la moda.

La revista “Fashionista” dice que Carl Lentz y Judah Smith están “alcanzando a las personas a través de la moda” ellos escribieron:

Con la generación de este milenio abandonando por multitudes a la iglesia en los Estados Unidos, ¿Cómo pueden continuar estos pastores atrayendo a miles de personas jóvenes, concientizados por la cultura, a sus servicios de adoración dominical? La respuesta es compleja, por supuesto, pero no queda ninguna duda que la moda juega al menos un rol de apoyo.

Hay un poco de duda en cuanto a que este tipo de artilugios está en cuarentena sólo para los círculos arminianos, ya que el movimiento “Joven, Inquieto y Reformado” (YRR -Young, Restless, and Reformed) está empapado con el pensamiento “cool”, como se ve en la moda hipster de sus defensores más destacados. Incluso el archi-calvinista reformado, James White, exhibe sus tatuajes que lo convierten en alguien muy querido para el tipo más joven, barbado y “cool” que es difundido por el Nuevo Calvinismo.


¿Es justo decir que los días de vestimenta respetable entre el clero han sido dejados atrás? ¿Las corbatas son ahora un tabú? ¿Pueden los ministros entintar su piel de la manera en que eso fuera antes reservado para los marineros, los motociclistas y los delincuentes? ¿Deberíamos acostumbrarnos al uso de  pantalones vaqueros rasgados en el púlpito? ¿Hacer estas preguntas nos convierte en fariseos fundamentalistas y legalistas? ¿La Biblia realmente no tiene nada que decir sobre la manera de vestirnos?

De hecho, la Biblia tiene mucho que decir acerca de la vestimenta y la apariencia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Algunos principios bíblicos básicos comunican a nuestro entendimiento sobre la vestimenta y la modestia.

Primero, la misma invención de la ropa demuestra realidades teológicas. La ropa existe para cubrir la vergüenza del hombre, lo cual es análogo con la desnudez (Génesis 3) Las personas que no tienen vergüenza usan poca ropa. De la misma forma, las personas que tienen una conciencia de la vergüenza son modestas. Ya sea por desnudez o para llamar la atención a uno mismo, (como por ejemplo deslumbrar la parte de los jeans que corresponden a las nalgas, la joyería desmesurada, etc.) el intento de adornar su cuerpo para hacerlo el foco de atención es inherentemente inmodesto.

Segundo, la Biblia da grandes detalles acerca de la vestimenta, erradicando cualquier noción de que “a Dios no le importa la manera en que usted se vista” Tanto el libro del Éxodo en sus capítulos 28 y 39 explica en detalle lo que los sacerdotes deben vestir, y lo llama: “con dignidad y honor” Aunque ciertos aspectos del diseño de la vestimenta en el Antiguo Testamento, divinamente inspirado, fueron tipos y sombras cumplidos en el sacerdocio de Cristo, hay una indicación definitiva de que Dios no es completamente neutral en cuanto a la moda. Las borlas mandadas para los bordes de sus vestimentas, en Números 15:38, demuestra que Dios desea que Su pueblo se vista de una manera separada a la que el mundo acostumbra, y la equidad general de esa ley – ahora desaparecida – aun nos recuerda el propósito de Dios en cuanto a la vestimenta. Instrucciones detalladas son dadas en 1Timoteo 2:9-10 y 1Pedro 3:3-5 con respecto a las limitaciones en nuestro adorno externo.

Tercero, establecer estándares de decencia para los laicos o esperar que los pastores se vistan respetuosamente no es malo, solo porque las definiciones diminutas de "decente" y "respetable" son difíciles de obtener. Todo cristiano debería reconocer que la Biblia nos demanda modestia, pero muchos se vuelven rabiosamente locos en el momento en que llamas algo (o a alguien) inmodesto. Su defensa es que la modestia es imposible de definir, por lo tanto, es prácticamente inútil aspirar a ella. Por un lado, creen en la modestia, pero, por otro lado, ellos rechazan definirla bajo el temible temor de ser acusados de legalismo. De hecho, la definición es clara: lo que innecesariamente llama la atención indebida hacia uno mismo y lo que tiene una clara asociación con la mundanalidad es inmodesto.

Cuarto, asumiendo que la forma en que estos pastores se visten puede no sea técnicamente pecaminosa (si esa es su posición), tal vez podríamos estar de acuerdo en que no es provechosa. Se trata, francamente, de un intento desesperado de verse “cool”. Se ven como un estudiante de noveno grado en un club nocturno de menores de 18 años. Si no tienen una falta de respeto por el púlpito, sin duda se ven así. Si usted va a usar pantalones vaqueros, debe fisgonear por un par de zapatos que terminen en punta y dibujar con tinta sobre sus brazos; tal vez esos Trajes de Ginebra no son una mala idea después de todo.

Quizás las iglesias puedan advertir a sus pastores. Si ellos se siguen vistiendo como una niña adolescente que desea ser la estrella del espectáculo, el Traje de Ginebra será obligatorio.


El artículo original lo encuentra en el siguiente enlace:

Escrito por: Pastor Jordan D. Hall
Traducción libre: Pastor Guillermo de Lama

Una explicación completa del Traje de Ginebra (en idioma inglés):
http://pulpitandpen.org/wp-content/uploads/2017/11/Why_a_Geneva_Gown.pdf


sábado, 14 de octubre de 2017

Cristo es la Cabeza de la Iglesia; los movimientos para-eclesiásticos no lo son


Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mat 28:18-20)

¿A quién, o a quienes, le ha dado el Señor la “Gran Comisión”?

El pasaje que hemos leído corresponde al que es conocido como “La Gran Comisión”; y para no perder de vista nuestro punto principal en esta serie acerca de “Cristo: Cabeza de la Iglesia”, quisiera que observemos lo siguiente:

En él reconocemos el mandamiento de Cristo para que se cumplan las siguientes órdenes: 1) hacer discípulos a todas las naciones, 2) bautizar a tales discípulos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; y, 3) enseñar a tales discípulos que guarden todas las cosas que Cristo ha enseñado, y nos enseña, por medio de Su Palabra escrita, la Biblia.

Esta “Gran Comisión” de hacer discípulos, bautizar y enseñar, la encontramos en otros pasajes paralelos en las Sagradas Escrituras:
y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. (Lc 24:46-49)
pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hch 1:8)
Y ahora yo quisiera ir directamente a nuestras conciencias por medio de la siguiente pregunta: ¿A quién, o a quienes, le ha dado el Señor la “Gran Comisión”? La única respuesta en la iglesia de antaño es que “La Gran Comisión” es una orden que Cristo le ha dado a la Iglesia Local”; pero en nuestros días creo que muchos dudarían de esta “única respuesta” y más bien establecerían una respuesta nueva: “La Gran Comisión ha sido encargada por Cristo TANTO A LA IGLESIA LOCAL COMO A LA PARA-IGLESIA”

Definiendo una organización para-eclesiástica

Para comenzar, hay que hacer una definición de lo que es una organización “para-eclesiástica” la misma que puede definirse como: una organización que intenta servir al lado de la iglesia cristiana para asistirla en ciertas actividades

Ejemplos de movimientos para-eclesiásticos son The Gospel Coalition, Together for the Gospel, Desiring God, 9Marks; y, PromiseKeepers, etc. Pienso que el propósito inicial de estas organizaciones fue el de ayudar a la iglesia capacitándola para “predicar el evangelio a toda criatura”, pero vemos que ellas se han salido de este objetivo y ahora vienen abarcando mas de esa tarea, trayendo toda clase de enseñanza por medio de la internet a muchas ovejas y pastores alrededor del mundo, como si fuera un púlpito mundial y virtual, o una cátedra en la web para la enseñanza de doctrinas bíblicas.

Aunque existen estas organizaciones en la vida real, debemos de preguntarnos: La existencia de ellas ¿está apoyada por las Sagradas Escrituras?; preguntado de otra manera ¿Existen esta clase de movimientos en las páginas de la Biblia?

Es importante para nosotros, más allá de los sentimientos, recurrir a las Escrituras para responder estas preguntas importantes. Mucho más en nuestros días, cuando vemos que existe una cobertura mundial de estos movimientos para-eclesiásticos los cuales tienen una gran influencia sobre millones de creyentes y miles de miles de pastores de iglesias locales; es decir, estas instituciones creadas por seres humanos y que no tienen ningún sustento escritural, son los que vienen “marcando la pauta” en asuntos de fe y de practica en la iglesia de Cristo.

A muchos hermanos sinceros les parece que estas organizaciones son una bendición que Cristo ha traído para Su iglesia; pero debemos preguntar lo siguiente antes de continuar, y responder a la luz de la Palabra de Dios:

1    * ¿Tienen esas para-iglesias campañas evangelísticas para alcanzar a los perdidos?
* ¿Son ellos quienes deben bautizar a los que creen?
* ¿son ellos quienes deben catequizar a los que han recibido la verdad?

Sabemos que la Palabra de Dios tiene una respuesta para cada una de estas tres preguntas; y es la misma en todos los casos: ¡No!

Estos movimientos no tienen campañas evangelísticas para llevar el evangelio a toda criatura ¡Estas organizaciones no tienen membrecía eclesiástica!; Cristo no les ha dado a estas organizaciones potestad para que ellos bauticen a los que creen; y, finalmente, ellos no son mandados por el Señor para catequizar a quienes han recibido la verdad. Esto es muy fácil de demostrar por medio de la Biblia.

Sin embargo, como ya he mencionado, estas instituciones creadas por seres humanos y que no tienen ningún sustento escritural, son los que vienen “marcando la pauta” en asuntos de fe y de practica en la iglesia de Cristo; es decir, se han convertido en la Cabeza de diferentes iglesias locales.

¿Qué dice la Biblia acerca de la iglesia local y de los movimientos para eclesiásticos?

En el libro de Efesios capitulo 5 encontramos dos versículos que nos hablan de la relación de Cristo con Su iglesia local: 1) el versículo 25 dice que Cristo murió por la iglesia, no por la para-iglesia; y, 2) el versículo 23 nos enseña de una forma clara que Cristo es la Cabeza de la iglesia, no de la para-iglesia; y estos dos argumentos son irrefutables y deben ser aceptados por la claridad y el peso de las mismas Escrituras en cuanto a estas declaraciones.

Si nosotros escudriñamos más profundamente las enseñanzas de la Biblia en cuanto al papel de la iglesia local, y del pastor de dicha iglesia local; tendríamos que reconocer lo anti-escritural que son estas organizaciones.

Por ejemplo, según las Sagradas Escrituras ¿A quienes ha establecido Cristo “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”? (Efesios 4:11) La Escritura dice que el Señor constituyó pastores y maestros en las iglesias locales para tal objetivo espiritual, ¡no habla de ninguna organización para-eclesiástica para que lo haga!; sin embargo, hay que reconocerlo, muchos pastores les han cedido esa tarea a dichos movimientos de los que la Biblia no nos dice nada.

Sumado a estos pasajes, vemos que hay una responsabilidad dada por el Señor a cada pastor, de cada iglesia local, para la protección del rebaño por medio de preservar la pureza doctrinal en la iglesia local; para lo cual requiere marcar y apartarse de aquellos quienes causan tropiezo contra las doctrinas que han sido enseñadas desde la antigüedad.
Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. (1 Timoteo 1:3-4)
Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. (Tito 2:1)
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, 14quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. 15Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie. (Tito 2:11-15)
¿Qué pasa cuando los maestros famosos que pertenecen a la organización para-eclesiástica enseñan diferente doctrina?

¿Cómo proceder cuando la doctrina de los tales alienta a la impiedad, a los vicios, a los deseos mundanos, al ecumenismo?; ¿Qué debería hacer en esos casos el pastor de la iglesia local llamado por Cristo al ministerio?

A tanta presión de las multitudes que siguen al movimiento para-eclesiástico de manera incondicional, la excusa para no ser el objeto de un linchamiento espiritual ha sido citar un versículo de la Biblia fuera de su contexto: “examinadlo todo y retened lo bueno” (1Ts 5:21); es decir, mantener a dichos ministros como “referentes” para los asuntos de doctrina y práctica de la iglesia local SEPARANDO DE LAS PREDICACIONES DE ELLOS “la enseñanza falsa” de “la enseñanza sana”, desechando la primera y afirmando la segunda en nuestras vidas espirituales. Pero la Biblia no sigue ese principio humanista, ella nos enseña la manera cómo un creyente debe tratar a aquellos quienes enseñan error:
Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. (1 Timoteo 6:3-5)
Se ha llegado a creer que la fama y la popularidad son sinónimo de “sana doctrina”; ¡“no todo el mundo puede estar equivocado”!; ¡debe ser verdad lo que se enseña!

Pienso que una pregunta que ayuda a descubrir el concepto de “SANA DOCTRINA” de un creyente de nuestros días, es la siguiente: ¿Cuál ha sido la fuente para construir tu “sana doctrina”?  ¿La Biblia, o el internet?; otra pregunta todavía más interesante es la que sigue: ¿Cómo sabes que “tu sana doctrina” es verdaderamente “sana doctrina?

Los falsos testigos de Jehová dicen que ellos tienen la “sana doctrina”, los unicitarios dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; los adventistas dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; los del falso evangelio de la prosperidad dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; los que promueven el consumo moderado de alcohol y de cigarros dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; los que adoran al Dios Santo de una manera mundana dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; y así podemos mencionar a toda clase de denominación y práctica.

En realidad, vivimos en los días en que casi nadie sabe lo que es la sana doctrina; donde muchos han hecho una religión el asistir unos minutos del domingo a un local, cantar algunas canciones religiosas, escuchar una explicación de un pasaje de la Biblia que no inquiete ni ofenda, pasar un rato junto con otros que tienen el mismo interés religioso tolerante, tal vez salir luego a repartir algún tratado que aliente a otros a unirse a aquella forma de religión, y luego ir a casa para preparase a vivir una nueva semana.

En nuestros días, hemos podido observar la forma en que estas organizaciones para-eclesiásticas han traído a las iglesias locales doctrinas y prácticas contrarias a la Palabra de Dios, tales como: “el cristiano homosexual”; “artículos que exponen al papa romano como un líder prominente en la cristiandad”;  “llamados en videos para fomentar una unidad entre evangélicos y católicos romanos para luchar en objetivos comunes”; “adoración mundana”; pero lo que llama la atención no son estas acciones que van contra la clara enseñanza de las Escrituras, sino que, lo que más asombra, es la alegría (y la indiferencia, en algunos casos) con que los pastores y las ovejas de las iglesias locales reciben esta nueva ortodoxia.

El llamado a la defensa de los principios de la Palabra de Dios, simplemente ha sido esterilizado por estos movimientos, quienes muy sagazmente han enseñado al pueblo del Señor a desobedecer el mandamiento de “contender ardientemente por la fe” bajo la teoría del “triage doctrinal y la tolerancia”; como sea, la iglesia ha cedido su posición de ser “la columna y el sostén de la verdad” para pasar a ser una institución que “respeta todas las posiciones doctrinales de todos”

¿Está capacitada la iglesia local para cumplir con los deberes que el Señor le ha encomendado?

Las razones que justifican la existencia de las organizaciones para-eclesiásticas no se encuentran en las Sagradas Escrituras; sino que se encuentran en una serie de afirmaciones que podemos resumir en las siguientes:

1    *   Para hacer lo que la iglesia local no puede hacer.
2    *  Para hacer bien lo que la iglesia local hace mal.
3    *   Para adoctrinar a los pastores y los miembros de las iglesias locales.
4    *   Para establecer una nueva manera de hacer las tareas espirituales más efectivas.

Las Escrituras hablan de la iglesia donde se compara con un cuerpo que tiene una cabeza, quien es Cristo. Una iglesia local tiene diferentes miembros que realizan diferentes funciones según el don espiritual que les haya sido dado; en ese sentido, una iglesia “funciona” porque es el poder del Espíritu Santo el que mueve todos los miembros humanos, de tal forma que ella pueda cumplir los deberes que Cristo le ha encomendado en la “Gran Comisión” y en otras tareas dadas a los pastores y maestros como: “el de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”? (Efesios 4:11)

Cristo es la Cabeza de aquel cuerpo llamado “iglesia local”; los movimientos para-eclesiásticos no lo son. Y hay que mencionar que, así como en lo natural se ve como una monstruosidad un cuerpo con dos cabezas, de la misma forma, una iglesia local que tenga a Cristo como Cabeza y a las organizaciones para-eclesiásticas como otra cabeza es espiritualmente monstruoso y anti-bíblico.

Tal vez el problema de la iglesia local que no puede hacer lo que el Señor le ordena, debe ser abordado desde otro ángulo, no sea que se trate de hacer pasar por “iglesia local” aquella comunidad de personas que no lo son. Y aquí es preciso desglosar algunos pensamientos.

El primero de ellos debe ser acerca del hombre que es llamado a ser pastor. En nuestros días existen muchas formas de alcanzar el oficio bíblico de pastor, sin seguir los procesos que las Escrituras establecen. Por ejemplo, existen organizaciones que por USD 50 le otorgan un certificado de ordenación al ministerio pastoral y se lo envían por correo. También hay de aquellos quienes no pertenecen a ninguna iglesia local, ellos están solos, estudiando solos, aprendiendo solos y luego buscan a alguien quien reafirme la doctrina aprendida por medio de “una ordenación pastoral” luego de la cual ellos aún permanecen sin iglesia sobre la cual gobernar conforme a la Palabra de Dios y, en el último caso, se hacen “pastores de internet” o “pastores de Whatsapp”.

El segundo problema es el de una comunidad de personas que se reúnen por motivos religiosos cristianos, pero donde no hay repartición de dones espirituales.
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (1 Corintios 12:7)
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1 Corintios 12:11)
La ausencia de dones espirituales dentro de una comunidad de personas es como un cuerpo muerto donde la mano no cumplirá su función porque el cuerpo está muerto, el pie tampoco hará lo que le toca hacer por el mismo motivo de falta de vida. En nuestros días, existe una inclinación por el estudio de la doctrina bíblica, al parecer con el propósito de “hacerse maestros ellos mismos” ¿Es difícil aprender doctrina? Aprenderla no es difícil, pero la aplicación a la vida propia es lo que marca la diferencia entre un aprendiz y otro, y esa diferencia la hace el Espíritu Santo de Dios.

Entonces, una iglesia bíblica cumplirá los deberes que Cristo ha encomendado a la iglesia local, comenzando por la “Gran Comisión”, hasta el equipamiento de la grey de Dios para toda buena obra.

Si la iglesia local fuera verdaderamente constituida sobre la base de las Escrituras, ella no fallaría, ni se rehusaría a obedecer al Señor; y no serian necesarias las organizaciones creadas por los hombres. Pero la obra de Dios de Dios debe ser realizada según la manera en que Dios mismo lo ha establecido en las Sagradas Escrituras: un fin aparentemente bueno, no justifica usar medios no-bíblicos.

Las debilidades de las organizaciones para-eclesiásticas

Quisiera que las veamos en un orden bíblico:

1    *   No existe una base bíblica para su existencia.
2    *   Quita del servicio total a iglesia local, a sus pastores y miembros.
3    *   Desvían para sus arcas los diezmos y ofrendas que deben llegar a las iglesias locales.
4    *   Enseñan a diluir las doctrinas del evangelio para conseguir más adeptos.
5    *   Tienen un espíritu interdenominacional que llega hasta el ecumenismo.

Todas estas debilidades afectan el buen desempeño de una iglesia local del Señor, ellas merman su funcionamiento espiritual para cumplir los deberes mandados por Cristo. Sin embargo,

¿Quién ha designado a la para-iglesia como los referentes en cuanto a fe y practica bíblica en la iglesia local? La Biblia no lo hace, entonces debemos decir, bajo la autoridad de las Sagradas Escrituras, que los fundadores de aquellos movimientos se han auto-designado como los referentes para la vida de una iglesia local, usando sus propios puntos de vista heterodoxos (o en desacuerdo) en determinadas doctrinas como los dones espirituales, la adoración, el bautismo, el Día del Señor, etc.

La Biblia no llama a las organizaciones para-eclesiásticas para servir junto con la iglesia local; sin embargo, muchos pastores de iglesias locales han llamado a estos hombres famosos y heterodoxos, como sus pastores referentes. Cristo y Su Palabra, son filtrados según estas organizaciones no-bíblicas desean hacerlo, y curiosamente, el primer paso para ello es destruir, mutilar, callar o modificar las confesiones ortodoxas del pasado, como por ejemplo la Confesión de Londres de 1689, alejando a la iglesia local de las gloriosas sendas antiguas en las que las iglesias locales caminaban, para establecer una nueva manera de “reforma” amigable con el mundo y sin ser estricta en cuanto a sus propias convicciones escriturales, dando paso a una tolerancia que conduce a la suplantación en la mente de los creyentes “arrancando la interpretación gramatical histórica, para plantar una que sea condescendiente con todas las denominaciones”

Cristo es la Cabeza de la Iglesia, no los movimientos para-eclesiasticos

Estamos en el mes de la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante de Lutero, y seguramente escucharemos muchas series de predicaciones acerca de las “Solas de la Reforma”; una de ellas es “Sola Scriptura” la cual establece que es la Biblia nuestra única fuente en los asuntos de fe y práctica en la iglesia que el Señor compró por medio de Su sangre.

Siempre me ha sorprendido ver la manera en que algunos defienden esta “sola” en contra de lo que sostiene la iglesia católica-romana, la cual afirma que es la Biblia + la tradición, la regla de fe para la iglesia; ellos han aumentado “algo” a la Biblia, y eso es ofensivo para algunos quienes también han caído en el mismo error de adicionar un ingrediente diferente a la Escritura, quitando de esta forma a Cristo como la Cabeza de Su iglesia.

A veces creo que la razón por la que los pastores de las iglesias locales aprueban y promueven estas organizaciones no-escriturales, es un deseo de “engancharse” con el famoso para buscar la fama y la fortuna en el ámbito cristiano; si esto es así, bajo la autoridad de las Escrituras debemos decir que tales obreros no han sido llamados por Cristo al ministerio de pastor. En este punto es conveniente citar a Spurgeon, cuando trata el tema del llamamiento al ministerio y escribe:

Debemos comprobar si somos capaces de soportar la intimidación, la lasitud, la calumnia, la burla y las penalidades, y si podemos convertirnos en la escoria del mundo y que se nos trate como nada por causa de Cristo. Si somos capaces de soportar todo esto, contamos con algunos de esos aspectos que indican que poseemos las raras cualidades que debería reunir un verdadero siervo del Señor Jesucristo.


Para terminar quisiera recordarles que Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y que las iglesias Nuevotestamentarias de todo el mundo, deben obedecer a Cristo, y solamente a Él, de manera incondicional; y que esa es la marca obligatoria de una iglesia local bíblica.

domingo, 1 de octubre de 2017

¡La iglesia no es una Democracia!: Cristo es la Cabeza, la membrecía de la Iglesia no lo es


Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. 15Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.
(Apocalipsis 2:14-15) 

Estamos haciendo una serie muy corta de exposiciones relacionadas con la doctrina de Cristo como la Cabeza de la iglesia.

Como Bautistas creemos en la autonomía de cada iglesia local bajo Cristo como Cabeza de la misma; es decir, Cristo es el Único quien tiene autoridad, poder y control sobre la iglesia local. De esta VERDAD escritural, se desprenden muchos principios, dentro de los cuales podemos enumerar los siguientes:

En primer lugar, es Cristo quien gobierna en la iglesia local; por lo tanto, Él es quien manda, Él es quien rige, Él es quien guía, Él es quien dirige en todos los asuntos relacionados con ella por medio de la Biblia.

En Segundo lugar, cualquier forma de gobierno que de preeminencia a hombre, sea un oficial de la iglesia o un miembro de ella, o a un grupo dentro de ella, es anti bíblico. Por ello, cuando en la práctica sucede esto, se ha decapitado aquella congregación separándola de Cristo como su Cabeza y estableciendo el consejo del hombre para dirigirla; en consecuencia, deja de ser una iglesia cristiana.

Todo aquel que dice ser cristiano, debe reconocer a Cristo como Aquel quien gobierna Su iglesia por medio de Su Palabra escrita, fielmente interpretada y aplicada.

La Iglesia es una Teocracia

Dijimos que la iglesia es una teocracia ¿Qué significa esta palabra que no se encuentra en las Sagradas Escrituras?

La definición de la palabra “teocracia”, que ya hemos dicho no se encuentra en la Biblia como tal, este término apareció por primera vez cuando el historiador judío Flavio Josefo escribe contra Apión; la Enciclopedia Rialp dice de ello:
«violentando el idioma», dice él mismo, para distinguir el régimen político-religioso judío de los otros coetáneos (monarquía, oligarquía, democracia, etc., conforme a la clasificación típica de Platón, Aristóteles, Polibio, Cicerón, etc.; V. GOBIERNO III). «Nuestro legislador -añade- no se fijó en ninguno de esos sistemas de gobierno sino que... instituyó la teocracia, situando en Dios el poder y la fuerza»;
La Escritura del Antiguo Testamento nos enseña que, en esta forma de gobierno teocrático, se coloca a Dios como el que gobierna a su pueblo hebreo, por medio de Su siervo Moisés.

Lo que la Biblia enseña de manera clara y contundente, siguiendo el concepto de una Teocracia, es que una iglesia no puede tener una vida independiente de la Ley Moral de Dios, ni de los mandamientos ordenados para la iglesia en el Nuevo Testamento, ni separada de los principios morales enseñados en el Antiguo Testamento; si una comunidad vive de esa forma; entonces ha dejado de ser una iglesia de Cristo, porque el Señor ha dejado de ser su Cabeza.

La Persona de Cristo no puede ser separada de los mandamientos y los principios establecidos por Él mismo. Lo que quiero decir es que si Cristo es el Rey Soberano, la Cabeza de la iglesia, entonces Él gobierna sobre ella por medio de Su Palabra escrita.

Cristo es el Pastor de la iglesia, pero también vemos que las Sagradas Escrituras enseñan de un pastorado que se lleva a cabo en la iglesia, el pastorado de Cristo por medio de los ancianos:
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Hechos 20:28)
Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. (1 Pedro 5:2,3) 
Vamos a tratar este asunto del oficio de pastor como “siervo de Dios” en la iglesia local con un poco mas de amplitud que en la enseñanza anterior, donde afirmamos que los pastores no son la cabeza de la iglesia local; pero quisiera que veamos también el otro lado en este asunto, y es la idea de que “la membrecía” es la cabeza de la iglesia; es decir, en nuestros días se ha llegado a pensar que los miembros de una iglesia local son los que deben decidir todos los asuntos que le corresponden a ella por medio de una “votación democrática” donde “la mayoría es la que manda”: un creyente bíblico debe rechazar esa idea, porque la Biblia no enseña eso; sin embargo, este es el pensamiento que se ha establecido como  práctica en algunas congregaciones Bautistas (aun en las que se autodenominan “confesionales” – porque no conocen la Confesión), de tal manera que los destinos de la iglesia son aprobados, o desaprobados, por “la mayoría de las ovejas”. Esta es la necedad más necia que he podido escuchar.

Definición de la Iglesia

Me parece necesario que comencemos haciendo una definición de lo que es una iglesia; para ello, usaré el primer párrafo, del capítulo 26, de la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, seguida de una breve explicación:
La iglesia católica o universal, que (con respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad de la gracia) puede llamarse invisible, se compone del número completo de los electos que han sido, son o serán reunidos en uno bajo Cristo, su cabeza; y es la esposa, el cuerpo, la plenitud de aquel que llena todo en todos.
Es evidente que nuestros padres Bautistas no siguieron a los teólogos de Westminster en cuanto a la Doctrina de la Iglesia, se puede advertir que ellos adicionaron las palabras: “que (con respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad de la gracia) puede llamarse invisible”; y lo hacen con la intensión de clarificar lo que significan las palabras “iglesia invisible”

La iglesia del Señor Jesucristo, es “invisible” en el sentido en que la obra interna de gracia efectuada por el Espíritu Santo, por medio de la cual un pecador es salvado y unido a Cristo: es invisible.- no se puede ver con nuestros ojos carnales; solamente en ese sentido lo es, ya que la iglesia es “visible” en el mundo.

En su comentario a la Confesión de Westminster, Archibal Alexander Hodge, escribe lo siguiente en cuanto a la “iglesia invisible”
Sin embargo, a esta Iglesia se le llama invisible—(a) porque las partes de ella en cada lugar o tiempo visible son sumamente pequeñas comparadas con el cuerpo, como un todo en su plenitud formado de los santos de todas las naciones y tiempos, y—(b) — porque aun en las secciones de este cuerpo visible para nosotros, su bosquejo es incierto. Muchos que parecen miembros de ella en realidad no lo son, y muchos que verdaderamente pertenecen a ella, su relación no nos es manifiesta. Los ojos humanos no pueden marcar con seguridad los límites entre la Iglesia y el mundo. Entre tanto, la verdadera Iglesia no está todavía perfectamente desarrollada y manifestada, sino se oculta tras la iglesia aparente, como el grano de la semilla que crece oculto dentro de la espiga, y en este sentido es invisible, porque lo que constituye la esencia de esta Iglesia no es la profesión y fruto visible, sino la posesión invisible de la vida divina; de la que proceden la profesión y el fruto.
Es importante notar las palabras de Hodge cuando afirma: “Muchos que parecen miembros de ella (la iglesia de Cristo) en realidad no lo son, [es decir: ellos ya fueron recibidos como miembros en la iglesia local visible por la apariencia de una profesión verdadera de fe]; y muchos que verdaderamente pertenecen a ella, su relación no nos es manifiesta [es posible que la gracia salvífica un no haya sido aplicada al escogido que se encuentra aun muerto en sus delitos y pecados, pero también pienso en la regeneración alargada del puritano William Perkins]”; entonces, si muchos que parecen miembros de la iglesia del Señor no lo son en realidad, ¿Cómo puede encajar “la votación democrática” - de aquellos que están en la iglesia visible, pero no pertenecen a la iglesia invisible - para tratar asuntos relacionados con la moral, la justicia y la disciplina dentro de la iglesia? Esto es importante mantener en nuestras mentes a lo largo de este breve artículo; y no nos olvidemos incluir dentro de esta “iglesia invisible” a los pastores y a los diáconos, ellos también son “ovejas” ejerciendo un oficio bíblico.

La iglesia universal está compuesta del número de los electos, pero nosotros no podemos conocer con plena certeza quiénes son los electos, y quiénes no lo son; de allí que las Sagradas Escrituras nos dicen claramente que “el Señor conoce a los suyos…” (2Ti 2:14); Él es quien discierne infaliblemente el corazón de los hombres.

De la membrecía de la Iglesia

Todos los que han sido escogidos desde antes de la fundación del mundo; todos y cada uno de ellos, serán unidos a Cristo, quien es la Cabeza de la Iglesia.

Sin embargo, las Escrituras nos hablan de iglesias locales visibles, a las cuales deben unirse todos los santos visibles. El Segundo párrafo de nuestra Confesión de 1689 declara lo siguiente:
Todos en todo el mundo que profesan la fe del evangelio y obediencia a Dios por Cristo conforme al mismo, que no destruyen su propia profesión mediante errores fundamentales o conductas impías, son y pueden ser llamados santos visibles; y de tales deben estar compuestas todas las congregaciones locales.
Es evidente, en lo vamos leyendo, que una persona que tiene una conducta impía, mundana, liberal y antinomiana: ha destruido su profesión de fe de labios; y los tales no podrían ser llamados “santos visibles”; pero sabemos que existen congregaciones que admiten en su membrecía oficial a personas con tales características profanas y ello debido muchas veces a “su inteligencia teológica”, “sus títulos académicos de seminarios reformados”; es decir, vivimos en días en que se ha elevado a la categoría de “regenerado” a aquella persona que, aunque exhibe fruto malo, tiene credenciales académicas reformadas.

Debemos reconocer también que “aquellos quienes han destruido su propia profesión de fe”, con tales frutos espirituales malos, se hacen también pastores y diáconos; entonces, si una congregación está conformada por personas cuyo fruto espiritual no es bueno: ¿Cómo se puede convocar a los tales a las “votaciones democráticas” en una iglesia visible local?; ¿Cómo podría votar el chismoso, el de lengua mentirosa, el engañador, el altivo, el testigo falso?; ¿Cómo sería el “voto democrático” de aquellos quienes tienen un corazón que maquina planes perversos? Y la pregunta más importante sería la siguiente ¿A dónde llevaría el “voto democrático” de los tales a la iglesia local de la cual ellos son miembros oficiales?

La Biblia, la historia y la experiencia nos han enseñado de aquellos quienes tienen apariencia de piedad, cuando se acercan a una congregación para solicitar la membrecía oficial en ella, tales personas ocultan las maldades de sus corazones al principio; pero poco a poco, luego, se van haciendo evidentes después de haber sido recibidos como miembros. La Escritura no falla cuando dice: “Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después” (1Ti 5:24) – Bueno, mis preguntas continúan.- ¿será sabio llamar a la “votación democrática” a los miembros, incluidos pastores y diáconos, cuyos pecados son evidentes dentro de la congregación?

La pregunta más importante: ¿Dónde se enseña en la Biblia de una votación democrática de las ovejas miembros de una iglesia?

¿Qué pasa cuando la iglesia tiene una membrecía mixta: regenerados y no-regenerados?

En nuestro estudio anterior vimos el caso del pastor Jonathan Edwards, quien fuera expulsado por las ovejas de su iglesia cuando él se opuso a que pasen la cena del Señor aquellos quienes habían “destruido su profesión de fe con conductas impías”. La votación fue 90% para que se expulsara al pastor y 10% en apoyo a su decisión bíblica.

Este es un riesgo muy alto cuando se permiten dentro de la membrecía de la iglesia a profesantes que no demuestran la obra espiritual de la regeneración. Podemos citar aquí a los llamados “cristianos carnales” del lado arminiano, y a los “cristianos anti-Señorío”, liberales, mundanos y antinomianos del ala reformada.

Ni siquiera aquellos quienes creemos en una membrecía regenerada, podemos ser infalibles en la admisión de un profesante en la familia de una iglesia local como miembro. Solamente Dios conoce a los Suyos; y aunque procuramos tener cuidado en ello, podemos equivocarnos al momento de evaluar al candidato y pueden “colarse” dentro de una iglesia calvinista histórica, aquellos cuyos sentimientos se inclinan con el nuevo calvinismo, pueden introducirse personas cuyos corazones aborrecen la Ley Moral de Dios, así como personas cuyo celo de obediencia no es evangélico, sino más bien un celo farisaico.

El pasaje citado al inicio de nuestro estudio dice:
Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. 15Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco. (Apocalipsis 2:14-15)
Aquí el Señor le habla al pastor de la iglesia en Pérgamo, y le reprocha el hecho de que en su membrecía tenga personas que 1) retienen la doctrina de Balaam y 2) retienen la doctrina de los nicolaítas.

Balaam había fallado en maldecir al pueblo israelita y el resultado de esto fue que ya no recibiría el pago por su maldad; sin embargo, obtiene el pago de Balac al aconsejarle que corrompiera la moral de los israelitas y así romper su unidad con Jehová Dios. La doctrina de Balaam es aquella que aconseja engañosamente a los miembros de una iglesia para que vivan una vida incompatible con la vida que Cristo demanda de los suyos: santidad-separación, rectitud y justicia. Balaam aconsejó a Balac en el sentido en que los israelitas se emparejen con las mujeres moabitas, una unidad aborrecible para Dios; de igual forma en nuestros días vemos una aplicación de la doctrina de Balaam cuando se anima al pueblo de Dios para que se unan con los católicos romanos para una lucha en común.

En cuanto a la doctrina de los Nicolaítas, los comentaristas afirman que: “Los Nicolaítas aparentemente promulgaron principios similares, y en su orgullosa y rica ciudad estaban dispuestos a admitir la ortodoxia de la doctrina, siempre y cuando se combinara con una laxitud moral” (F.B. Meyer). Los Nicolaítas de nuestros días serian aquellos quienes “exigen la afirmación de las doctrinas de la gracia”, combinadas con licor, tabaco, música mundana, marihuana, homosexualidad, etc.

Vemos que el pastor de la iglesia en Pérgamo tenía estas “ovejas” dentro de su membrecía, ¿Cómo corregir aquello que Cristo le había pedido?; ¿debía el pastor convocar a una “votación democrática” para debatir el mandamiento del Señor?; ¿Qué hubiesen votado los Balaamitas y los Nicolaitas?

Los deberes del pastor de la iglesia local

El pastor debe gobernar o vigilar la iglesia un pastor gobierna por medio de la enseñanza de la Palabra de Dios, por medio de su propio ejemplo y por medio de amonestar a aquellos quienes necesitan dirección y guía.
Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. (Hebreos 13:17)
La sujeción a la que una oveja es llamada a obedecer, comienza por la llenura del Espíritu Santo según la enseñanza de la Escritura en Efesios 5:18 y ss. En ese sentido: si no hay llenura del Espíritu, entonces no hay sujeción a nadie.

La tarea de “amonestar” es una parte del ministerio pastoral bíblico; el problema es que son pocos los que permiten ser amonestados cuando necesitan serlo, y esto se observa más en aquellos quienes practican una obediencia farisaica.

Pero la instrucción del Señor no es la de amonestar a los Baalamitas y a los Nicolaitas; sino que es una completamente diferente, como vamos a verlo dentro de un momento.

Otra tarea del pastor es la de proteger al rebaño por medio de señalar el error y censurando a aquellos quienes introducen tales errores. Esto no es muy popular en medio de una generación que ha hecho a los predicadores famosos sus ídolos de carne y hueso. Sobre todo cuando el diablo ha tenido éxito al hacerle creer a los jóvenes de hoy que “cualquier maestro que afirme las doctrinas de la gracia, es un maestro intocable, aun cuando conduzca al error o a la impiedad con sus otras enseñanzas” ¿Cómo sería la votación democrática de una membrecía que ha hecho del hombre un ídolo?

El pastor debe ser un hombre de oración, y seguramente procurará saber si los miembros de la iglesia son cristianos que oran al Señor. La oración se ha colocado debajo del aprendizaje teológico; entonces, cuando el pastor indaga sobre la vida de oración de los miembros de la iglesia, causará la incomodidad y el fastidio de los “miembros intelectuales que oran insuficientemente” ¿Cómo sería la votación democrática de una membrecía que ora poco (o nada)?

El pastor es un administrador de las ordenanzas de Cristo, como en el caso del pastor Jonathan Edwards, quien no permitió que hombres no-regenerados tengan comunión en la cena del Señor, y ya sabemos los resultados de la “votación democrática” de aquellos quienes vieron al pastor Edwards como un enemigo. De 253 miembros, solamente 23 votaron a favor de Edwards, mientras que 230 en contra.

Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo

¿Cómo debería de actuar un pastor si tuviera una iglesia como la Pérgamo?

Bueno, lo primero que debemos decir es que la Biblia nos dice que Dios no se agrada de tales iglesias y demanda una acción al pastor de ella. Claro que también debemos creer que han habido, hay, y habrán ministros que prefieren tapar sus oídos para no oír, tapar sus ojos para no ver y tapar sus bocas para no hablar; movidos por los intereses personales de ambición y éxito “ministerial” antes que obedecer la voz de Dios sobre aquella membrecía cuyas obras son comparables con las obras de las tinieblas.

Jonathan Edwards podía haber perdido el 90% de la membrecía en su iglesia local, lo cual en estos días sería considerado como un fracaso ministerial. Para muchos es mejor “mantener a tales miembros con la esperanza que la predicación los regenere un día” ¡Cuantos hemos caído en este pensamiento mentiroso!; es igual a la excusa diabólica de un creyente para casarse con un incrédulo con la esperanza de convertirlo al Señor en algún día. Eso es mentira porque lo sano no cura lo enfermo, sino al revés: lo enfermo contamina a lo sano.

Antes de la caída del pastor Jonathan Edwards, quien se encontraba en las manos de una membrecía airada, el gran teólogo escribe a John Erskine lo siguiente:
Una dificultad muy grande ha surgido entre mi pueblo, relacionado con las calificaciones para la comunión en la mesa del Señor. Mi honorable abuelo Stoddard, mi antecesor en el ministerio de esta iglesia, mantuvo enérgicamente la Cena del Señor como una ordenanza de conversión, e instó a todos los que no tuviesen una vida escandalosa a venir a ella, aunque cada uno de ellos sabían que no eran convertidos. Anteriormente me conformé con su práctica, pero he tenido dificultades con respecto a ella, las cuales han ido aumentando mucho, hasta que no me atreví más a proceder según esta forma anterior, lo que ha causado gran malestar entre mi gente, y ha llenado todo el país con el escándalo.
El Señor no le da instrucciones al pastor de la iglesia en Pérgamo para que dialogue con los miembros Baalamitas y los Nicolaitas de aquella congregación. El Señor demanda una acción al pastor. Tal vez debemos mirar al Señor con un látigo en la mano limpiando su iglesia echando fuera lo que está podrido y que puede contaminar al resto.

¿Expulsar de la membrecía a aquellos quienes no tienen fruto de justicia y rectitud? ¡Hay un costo en ello! ¡Más aun si los tales son una “mayoría”! ¡Vea usted el ejemplo de Edwards cuyo proceder bíblico había llegado a ser un escándalo en todo el país!

El pastor, después de un tiempo de oración y meditación en las Sagradas Escrituras, debe proceder como la Palabra de Dios dice, sin llamar a una votación democrática, pues esa idea no existe en la Palabra de Dios.

El ejemplo con la iglesia en Corinto

Un caso de inmoralidad juzgado
Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. (1Co 5:3-5) 

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos hace ver la forma en que el pastor (o los pastores) deben proceder en el caso de ofensas graves como una herejía persistente, inmoralidad sexual y una conducta desordenada. Y en este ejemplo de la expulsión de la membrecía de un profesante, notamos lo siguiente: 1) Pablo no ordena la convocatoria de la iglesia para una votación democrática para el caso en cuestión, 2) Pablo no le da a la persona incestuosa una oportunidad para que confiese su pecado y se arrepienta; y, 3) No hay atenuantes que puedan evitar la decisión de separarlo de la iglesia local.

La pregunta pertinente es: ¿Actuamos los pastores de esa manera, en esas circunstancias específicas?; ¿O hacemos una “encuesta” previa para saber el impacto que tal acción podría traer a los sentimientos de los otros miembros?

Creo que el problema que nos impide actuar de la manera en que la Palabra de Dios establece, es que los pastores nos amamos mucho (más de lo que amamos a Cristo), de tal forma que evitamos tomar decisiones que “puedan traernos escándalo en todo el país”, como lo sucedido al pastor Jonathan Edwards. Sí, porque sabemos que el expulsado (quien seguramente se ve como el más santo de todos los santos) iniciará una campaña de desprestigio contra aquel que tome la decisión de expulsarlo de la membrecía, lo cual demuestra más su estado de inconverso por lo siguiente: Primero, porque aunque sabe que su conducta ensucia la cara de Cristo y del evangelio, no le importa en lo absoluto ser la causa para que otros blasfemen del Nombre del Señor. Segundo, porque si amase a Cristo en alguna manera, él mismo pediría ser excluido de la membrecía de la iglesia local y aun suplicar por una restauración, o salvación de su propia alma; y este último paso toma tiempo, ya que se tiene que esperar para ver los frutos de justicia como una prueba que el arrepentimiento fue genuino.

Tal vez podamos dibujar en nuestra mente una reunión entre el pastor de la iglesia en Pérgamo para tratar el asunto de la doctrina Baalamita y la doctrina Nicolaita: ¿De verdad creemos que el pastor debía sentarse a conversar con ellos?, ¿creeremos que Cristo quería que se les dé un ultimátum para que abandonen sus posiciones doctrinales que llevaban al libertinaje y la mundanalidad en la iglesia local?

El costo de aplicar la Palabra de Dios y no la democracia del redil

El que corrige al escarnecedor, atrae sobre sí deshonra, y el que reprende al impío recibe insultos.
(Proverbios 9:7 -LBLA)

Un querido anciano de la iglesia en USA me decía que dentro de 50 años ya no será fácil encontrar una iglesia bíblica. En la actualidad existe una corriente de multitudes, apareciendo cada día, donde las doctrinas ortodoxas son acompañadas con conductas libertinas, impías y mundanas, propias de personas no-regeneradas. Antes parecía que las doctrinas ortodoxas estaban siendo influenciadas por la oscuridad del mundo; hoy el mundo ha adoptado una forma de religión donde la doctrina ortodoxa es el adorno de toda serie de prácticas paganas.

Me comentaba, este querido anciano, que el tamaño de la iglesia de George Whitefield, el predicador del avivamiento de sus días, fue de unos 40 miembros solamente, y que además el gran predicador estaba muy contento con ello. Sin embargo, en nuestros días, hay ministros que estarían contentos con una congregación como la que expulsó a Jonathan Edwards: 253 miembros, 230 no-regenerados y solamente 23 creyentes; y ellos ministrarían de tal forma en que ambas facciones se encuentren satisfechas con el desenvolvimiento ministerial del pastor: la predicación tendría que ser ambigua y en tono de grises; pero ¿agradará esto al Cristo, la Cabeza de la iglesia? Pienso hasta en la horrible posibilidad de que tales ministros prefieran que se retiren los 23 creyentes que son “los perturbadores de la iglesia” para quedarse en paz con los 230 “coolvinistas” quienes, sin lugar a dudas, votarían a favor de la expulsión de los 23 regenerados.

La iglesia no se gobierna por el voto democrático de las ovejas; pero las ovejas reconocerán cuando el pastor actúe de manera bíblica en cada aspecto de su ministerio.

En el año 2001 la Prensa Bautista, de la Convención Bautista del Sur, publicó un artículo titulado “Incrédulos en las Iglesias Bautistas: Una Afrenta a Dios” con el propósito de que los pastores presten atención a lo anti-bíblico de esta práctica y sobre las consecuencias de incluir en la membrecía de las iglesias locales a personas no-regeneradas.

Sobre este mismo tema, el pastor Tom Ascol mencionó un incidente donde 2 pastores fueron quitados de sus puestos “por medio de una votación democrática de aquellas iglesias” donde se incluyeron personas que casi nunca asistían a la iglesia, pero que estaban registradas como parte de la membrecía de aquellas iglesias locales.

Llenar las iglesias con personas bautizadas, pero no-regeneradas, trae consecuencias terribles por los métodos que el no-regenerado utiliza para tratar los problemas eclesiásticos. Cuando un pastor en tal situación intenta establecer los principios bíblicos en medio de aquella membrecía, comenzará una guerra entre el púlpito y las bancas llenadas por personas no-regeneradas. El final de aquella guerra será remover del púlpito a dicho pastor y despedirlo. ¿Aceptaría usted como pastor, pastorear esa clase de membrecía?; ¿Cree usted que pueda haber una solución basada en las Sagradas Escrituras para corregir dicha congregación compuesta por una alta membrecía no-regenerada? Bueno, creo que tal “iglesia” no soportará la sana doctrina y buscará hacerse de un pastor, o maestro, conforme a sus propias concupiscencias (2Ti 4:3)

Para terminar, quisiera mencionar el final de la caída del pastor Jonathan Edwards, después que la iglesia donde fue pastor por poco más de 20 años, lo terminara expulsando, no sin antes llenar todo el país con el escándalo.   

El pastor Jonathan Edwards terminó en el exilio muy al oeste del pueblo de Stockbridge donde intentó, con la ayuda de traductores, ministrar a indios nativos que entendían muy poco de lo que tenía que decir. Fue en ese exilio donde él escribió sus más importantes tratados teológicos.

Poco antes de su muerte, su reputación fue reivindicada por un nombramiento para la presidencia de la Escuela de Nueva Jersey (conocida después como la Universidad de Princeton), pero trágicamente murió de una enfermedad a la semana siguiente de su nombramiento.

Voy a mencionar nuevamente el titulo de esta enseñanza: ¡La iglesia no es una Democracia!: Cristo es la Cabeza, no la membrecía de la Iglesia


Amén