sábado, 14 de octubre de 2017

Cristo es la Cabeza de la Iglesia; los movimientos para-eclesiásticos no lo son


Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. (Mat 28:18-20)

¿A quién, o a quienes, le ha dado el Señor la “Gran Comisión”?

El pasaje que hemos leído corresponde al que es conocido como “La Gran Comisión”; y para no perder de vista nuestro punto principal en esta serie acerca de “Cristo: Cabeza de la Iglesia”, quisiera que observemos lo siguiente:

En él reconocemos el mandamiento de Cristo para que se cumplan las siguientes órdenes: 1) hacer discípulos a todas las naciones, 2) bautizar a tales discípulos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; y, 3) enseñar a tales discípulos que guarden todas las cosas que Cristo ha enseñado, y nos enseña, por medio de Su Palabra escrita, la Biblia.

Esta “Gran Comisión” de hacer discípulos, bautizar y enseñar, la encontramos en otros pasajes paralelos en las Sagradas Escrituras:
y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. (Lc 24:46-49)
pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hch 1:8)
Y ahora yo quisiera ir directamente a nuestras conciencias por medio de la siguiente pregunta: ¿A quién, o a quienes, le ha dado el Señor la “Gran Comisión”? La única respuesta en la iglesia de antaño es que “La Gran Comisión” es una orden que Cristo le ha dado a la Iglesia Local”; pero en nuestros días creo que muchos dudarían de esta “única respuesta” y más bien establecerían una respuesta nueva: “La Gran Comisión ha sido encargada por Cristo TANTO A LA IGLESIA LOCAL COMO A LA PARA-IGLESIA”

Definiendo una organización para-eclesiástica

Para comenzar, hay que hacer una definición de lo que es una organización “para-eclesiástica” la misma que puede definirse como: una organización que intenta servir al lado de la iglesia cristiana para asistirla en ciertas actividades

Ejemplos de movimientos para-eclesiásticos son The Gospel Coalition, Together for the Gospel, Desiring God, 9Marks; y, PromiseKeepers, etc. Pienso que el propósito inicial de estas organizaciones fue el de ayudar a la iglesia capacitándola para “predicar el evangelio a toda criatura”, pero vemos que ellas se han salido de este objetivo y ahora vienen abarcando mas de esa tarea, trayendo toda clase de enseñanza por medio de la internet a muchas ovejas y pastores alrededor del mundo, como si fuera un púlpito mundial y virtual, o una cátedra en la web para la enseñanza de doctrinas bíblicas.

Aunque existen estas organizaciones en la vida real, debemos de preguntarnos: La existencia de ellas ¿está apoyada por las Sagradas Escrituras?; preguntado de otra manera ¿Existen esta clase de movimientos en las páginas de la Biblia?

Es importante para nosotros, más allá de los sentimientos, recurrir a las Escrituras para responder estas preguntas importantes. Mucho más en nuestros días, cuando vemos que existe una cobertura mundial de estos movimientos para-eclesiásticos los cuales tienen una gran influencia sobre millones de creyentes y miles de miles de pastores de iglesias locales; es decir, estas instituciones creadas por seres humanos y que no tienen ningún sustento escritural, son los que vienen “marcando la pauta” en asuntos de fe y de practica en la iglesia de Cristo.

A muchos hermanos sinceros les parece que estas organizaciones son una bendición que Cristo ha traído para Su iglesia; pero debemos preguntar lo siguiente antes de continuar, y responder a la luz de la Palabra de Dios:

1    * ¿Tienen esas para-iglesias campañas evangelísticas para alcanzar a los perdidos?
* ¿Son ellos quienes deben bautizar a los que creen?
* ¿son ellos quienes deben catequizar a los que han recibido la verdad?

Sabemos que la Palabra de Dios tiene una respuesta para cada una de estas tres preguntas; y es la misma en todos los casos: ¡No!

Estos movimientos no tienen campañas evangelísticas para llevar el evangelio a toda criatura ¡Estas organizaciones no tienen membrecía eclesiástica!; Cristo no les ha dado a estas organizaciones potestad para que ellos bauticen a los que creen; y, finalmente, ellos no son mandados por el Señor para catequizar a quienes han recibido la verdad. Esto es muy fácil de demostrar por medio de la Biblia.

Sin embargo, como ya he mencionado, estas instituciones creadas por seres humanos y que no tienen ningún sustento escritural, son los que vienen “marcando la pauta” en asuntos de fe y de practica en la iglesia de Cristo; es decir, se han convertido en la Cabeza de diferentes iglesias locales.

¿Qué dice la Biblia acerca de la iglesia local y de los movimientos para eclesiásticos?

En el libro de Efesios capitulo 5 encontramos dos versículos que nos hablan de la relación de Cristo con Su iglesia local: 1) el versículo 25 dice que Cristo murió por la iglesia, no por la para-iglesia; y, 2) el versículo 23 nos enseña de una forma clara que Cristo es la Cabeza de la iglesia, no de la para-iglesia; y estos dos argumentos son irrefutables y deben ser aceptados por la claridad y el peso de las mismas Escrituras en cuanto a estas declaraciones.

Si nosotros escudriñamos más profundamente las enseñanzas de la Biblia en cuanto al papel de la iglesia local, y del pastor de dicha iglesia local; tendríamos que reconocer lo anti-escritural que son estas organizaciones.

Por ejemplo, según las Sagradas Escrituras ¿A quienes ha establecido Cristo “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”? (Efesios 4:11) La Escritura dice que el Señor constituyó pastores y maestros en las iglesias locales para tal objetivo espiritual, ¡no habla de ninguna organización para-eclesiástica para que lo haga!; sin embargo, hay que reconocerlo, muchos pastores les han cedido esa tarea a dichos movimientos de los que la Biblia no nos dice nada.

Sumado a estos pasajes, vemos que hay una responsabilidad dada por el Señor a cada pastor, de cada iglesia local, para la protección del rebaño por medio de preservar la pureza doctrinal en la iglesia local; para lo cual requiere marcar y apartarse de aquellos quienes causan tropiezo contra las doctrinas que han sido enseñadas desde la antigüedad.
Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora. (1 Timoteo 1:3-4)
Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. (Tito 2:1)
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, 14quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. 15Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie. (Tito 2:11-15)
¿Qué pasa cuando los maestros famosos que pertenecen a la organización para-eclesiástica enseñan diferente doctrina?

¿Cómo proceder cuando la doctrina de los tales alienta a la impiedad, a los vicios, a los deseos mundanos, al ecumenismo?; ¿Qué debería hacer en esos casos el pastor de la iglesia local llamado por Cristo al ministerio?

A tanta presión de las multitudes que siguen al movimiento para-eclesiástico de manera incondicional, la excusa para no ser el objeto de un linchamiento espiritual ha sido citar un versículo de la Biblia fuera de su contexto: “examinadlo todo y retened lo bueno” (1Ts 5:21); es decir, mantener a dichos ministros como “referentes” para los asuntos de doctrina y práctica de la iglesia local SEPARANDO DE LAS PREDICACIONES DE ELLOS “la enseñanza falsa” de “la enseñanza sana”, desechando la primera y afirmando la segunda en nuestras vidas espirituales. Pero la Biblia no sigue ese principio humanista, ella nos enseña la manera cómo un creyente debe tratar a aquellos quienes enseñan error:
Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. (1 Timoteo 6:3-5)
Se ha llegado a creer que la fama y la popularidad son sinónimo de “sana doctrina”; ¡“no todo el mundo puede estar equivocado”!; ¡debe ser verdad lo que se enseña!

Pienso que una pregunta que ayuda a descubrir el concepto de “SANA DOCTRINA” de un creyente de nuestros días, es la siguiente: ¿Cuál ha sido la fuente para construir tu “sana doctrina”?  ¿La Biblia, o el internet?; otra pregunta todavía más interesante es la que sigue: ¿Cómo sabes que “tu sana doctrina” es verdaderamente “sana doctrina?

Los falsos testigos de Jehová dicen que ellos tienen la “sana doctrina”, los unicitarios dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; los adventistas dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; los del falso evangelio de la prosperidad dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; los que promueven el consumo moderado de alcohol y de cigarros dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; los que adoran al Dios Santo de una manera mundana dicen que ellos tienen la “sana doctrina”; y así podemos mencionar a toda clase de denominación y práctica.

En realidad, vivimos en los días en que casi nadie sabe lo que es la sana doctrina; donde muchos han hecho una religión el asistir unos minutos del domingo a un local, cantar algunas canciones religiosas, escuchar una explicación de un pasaje de la Biblia que no inquiete ni ofenda, pasar un rato junto con otros que tienen el mismo interés religioso tolerante, tal vez salir luego a repartir algún tratado que aliente a otros a unirse a aquella forma de religión, y luego ir a casa para preparase a vivir una nueva semana.

En nuestros días, hemos podido observar la forma en que estas organizaciones para-eclesiásticas han traído a las iglesias locales doctrinas y prácticas contrarias a la Palabra de Dios, tales como: “el cristiano homosexual”; “artículos que exponen al papa romano como un líder prominente en la cristiandad”;  “llamados en videos para fomentar una unidad entre evangélicos y católicos romanos para luchar en objetivos comunes”; “adoración mundana”; pero lo que llama la atención no son estas acciones que van contra la clara enseñanza de las Escrituras, sino que, lo que más asombra, es la alegría (y la indiferencia, en algunos casos) con que los pastores y las ovejas de las iglesias locales reciben esta nueva ortodoxia.

El llamado a la defensa de los principios de la Palabra de Dios, simplemente ha sido esterilizado por estos movimientos, quienes muy sagazmente han enseñado al pueblo del Señor a desobedecer el mandamiento de “contender ardientemente por la fe” bajo la teoría del “triage doctrinal y la tolerancia”; como sea, la iglesia ha cedido su posición de ser “la columna y el sostén de la verdad” para pasar a ser una institución que “respeta todas las posiciones doctrinales de todos”

¿Está capacitada la iglesia local para cumplir con los deberes que el Señor le ha encomendado?

Las razones que justifican la existencia de las organizaciones para-eclesiásticas no se encuentran en las Sagradas Escrituras; sino que se encuentran en una serie de afirmaciones que podemos resumir en las siguientes:

1    *   Para hacer lo que la iglesia local no puede hacer.
2    *  Para hacer bien lo que la iglesia local hace mal.
3    *   Para adoctrinar a los pastores y los miembros de las iglesias locales.
4    *   Para establecer una nueva manera de hacer las tareas espirituales más efectivas.

Las Escrituras hablan de la iglesia donde se compara con un cuerpo que tiene una cabeza, quien es Cristo. Una iglesia local tiene diferentes miembros que realizan diferentes funciones según el don espiritual que les haya sido dado; en ese sentido, una iglesia “funciona” porque es el poder del Espíritu Santo el que mueve todos los miembros humanos, de tal forma que ella pueda cumplir los deberes que Cristo le ha encomendado en la “Gran Comisión” y en otras tareas dadas a los pastores y maestros como: “el de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”? (Efesios 4:11)

Cristo es la Cabeza de aquel cuerpo llamado “iglesia local”; los movimientos para-eclesiásticos no lo son. Y hay que mencionar que, así como en lo natural se ve como una monstruosidad un cuerpo con dos cabezas, de la misma forma, una iglesia local que tenga a Cristo como Cabeza y a las organizaciones para-eclesiásticas como otra cabeza es espiritualmente monstruoso y anti-bíblico.

Tal vez el problema de la iglesia local que no puede hacer lo que el Señor le ordena, debe ser abordado desde otro ángulo, no sea que se trate de hacer pasar por “iglesia local” aquella comunidad de personas que no lo son. Y aquí es preciso desglosar algunos pensamientos.

El primero de ellos debe ser acerca del hombre que es llamado a ser pastor. En nuestros días existen muchas formas de alcanzar el oficio bíblico de pastor, sin seguir los procesos que las Escrituras establecen. Por ejemplo, existen organizaciones que por USD 50 le otorgan un certificado de ordenación al ministerio pastoral y se lo envían por correo. También hay de aquellos quienes no pertenecen a ninguna iglesia local, ellos están solos, estudiando solos, aprendiendo solos y luego buscan a alguien quien reafirme la doctrina aprendida por medio de “una ordenación pastoral” luego de la cual ellos aún permanecen sin iglesia sobre la cual gobernar conforme a la Palabra de Dios y, en el último caso, se hacen “pastores de internet” o “pastores de Whatsapp”.

El segundo problema es el de una comunidad de personas que se reúnen por motivos religiosos cristianos, pero donde no hay repartición de dones espirituales.
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (1 Corintios 12:7)
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1 Corintios 12:11)
La ausencia de dones espirituales dentro de una comunidad de personas es como un cuerpo muerto donde la mano no cumplirá su función porque el cuerpo está muerto, el pie tampoco hará lo que le toca hacer por el mismo motivo de falta de vida. En nuestros días, existe una inclinación por el estudio de la doctrina bíblica, al parecer con el propósito de “hacerse maestros ellos mismos” ¿Es difícil aprender doctrina? Aprenderla no es difícil, pero la aplicación a la vida propia es lo que marca la diferencia entre un aprendiz y otro, y esa diferencia la hace el Espíritu Santo de Dios.

Entonces, una iglesia bíblica cumplirá los deberes que Cristo ha encomendado a la iglesia local, comenzando por la “Gran Comisión”, hasta el equipamiento de la grey de Dios para toda buena obra.

Si la iglesia local fuera verdaderamente constituida sobre la base de las Escrituras, ella no fallaría, ni se rehusaría a obedecer al Señor; y no serian necesarias las organizaciones creadas por los hombres. Pero la obra de Dios de Dios debe ser realizada según la manera en que Dios mismo lo ha establecido en las Sagradas Escrituras: un fin aparentemente bueno, no justifica usar medios no-bíblicos.

Las debilidades de las organizaciones para-eclesiásticas

Quisiera que las veamos en un orden bíblico:

1    *   No existe una base bíblica para su existencia.
2    *   Quita del servicio total a iglesia local, a sus pastores y miembros.
3    *   Desvían para sus arcas los diezmos y ofrendas que deben llegar a las iglesias locales.
4    *   Enseñan a diluir las doctrinas del evangelio para conseguir más adeptos.
5    *   Tienen un espíritu interdenominacional que llega hasta el ecumenismo.

Todas estas debilidades afectan el buen desempeño de una iglesia local del Señor, ellas merman su funcionamiento espiritual para cumplir los deberes mandados por Cristo. Sin embargo,

¿Quién ha designado a la para-iglesia como los referentes en cuanto a fe y practica bíblica en la iglesia local? La Biblia no lo hace, entonces debemos decir, bajo la autoridad de las Sagradas Escrituras, que los fundadores de aquellos movimientos se han auto-designado como los referentes para la vida de una iglesia local, usando sus propios puntos de vista heterodoxos (o en desacuerdo) en determinadas doctrinas como los dones espirituales, la adoración, el bautismo, el Día del Señor, etc.

La Biblia no llama a las organizaciones para-eclesiásticas para servir junto con la iglesia local; sin embargo, muchos pastores de iglesias locales han llamado a estos hombres famosos y heterodoxos, como sus pastores referentes. Cristo y Su Palabra, son filtrados según estas organizaciones no-bíblicas desean hacerlo, y curiosamente, el primer paso para ello es destruir, mutilar, callar o modificar las confesiones ortodoxas del pasado, como por ejemplo la Confesión de Londres de 1689, alejando a la iglesia local de las gloriosas sendas antiguas en las que las iglesias locales caminaban, para establecer una nueva manera de “reforma” amigable con el mundo y sin ser estricta en cuanto a sus propias convicciones escriturales, dando paso a una tolerancia que conduce a la suplantación en la mente de los creyentes “arrancando la interpretación gramatical histórica, para plantar una que sea condescendiente con todas las denominaciones”

Cristo es la Cabeza de la Iglesia, no los movimientos para-eclesiasticos

Estamos en el mes de la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante de Lutero, y seguramente escucharemos muchas series de predicaciones acerca de las “Solas de la Reforma”; una de ellas es “Sola Scriptura” la cual establece que es la Biblia nuestra única fuente en los asuntos de fe y práctica en la iglesia que el Señor compró por medio de Su sangre.

Siempre me ha sorprendido ver la manera en que algunos defienden esta “sola” en contra de lo que sostiene la iglesia católica-romana, la cual afirma que es la Biblia + la tradición, la regla de fe para la iglesia; ellos han aumentado “algo” a la Biblia, y eso es ofensivo para algunos quienes también han caído en el mismo error de adicionar un ingrediente diferente a la Escritura, quitando de esta forma a Cristo como la Cabeza de Su iglesia.

A veces creo que la razón por la que los pastores de las iglesias locales aprueban y promueven estas organizaciones no-escriturales, es un deseo de “engancharse” con el famoso para buscar la fama y la fortuna en el ámbito cristiano; si esto es así, bajo la autoridad de las Escrituras debemos decir que tales obreros no han sido llamados por Cristo al ministerio de pastor. En este punto es conveniente citar a Spurgeon, cuando trata el tema del llamamiento al ministerio y escribe:

Debemos comprobar si somos capaces de soportar la intimidación, la lasitud, la calumnia, la burla y las penalidades, y si podemos convertirnos en la escoria del mundo y que se nos trate como nada por causa de Cristo. Si somos capaces de soportar todo esto, contamos con algunos de esos aspectos que indican que poseemos las raras cualidades que debería reunir un verdadero siervo del Señor Jesucristo.


Para terminar quisiera recordarles que Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y que las iglesias Nuevotestamentarias de todo el mundo, deben obedecer a Cristo, y solamente a Él, de manera incondicional; y que esa es la marca obligatoria de una iglesia local bíblica.

domingo, 1 de octubre de 2017

¡La iglesia no es una Democracia!: Cristo es la Cabeza, la membrecía de la Iglesia no lo es


Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. 15Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.
(Apocalipsis 2:14-15) 

Estamos haciendo una serie muy corta de exposiciones relacionadas con la doctrina de Cristo como la Cabeza de la iglesia.

Como Bautistas creemos en la autonomía de cada iglesia local bajo Cristo como Cabeza de la misma; es decir, Cristo es el Único quien tiene autoridad, poder y control sobre la iglesia local. De esta VERDAD escritural, se desprenden muchos principios, dentro de los cuales podemos enumerar los siguientes:

En primer lugar, es Cristo quien gobierna en la iglesia local; por lo tanto, Él es quien manda, Él es quien rige, Él es quien guía, Él es quien dirige en todos los asuntos relacionados con ella por medio de la Biblia.

En Segundo lugar, cualquier forma de gobierno que de preeminencia a hombre, sea un oficial de la iglesia o un miembro de ella, o a un grupo dentro de ella, es anti bíblico. Por ello, cuando en la práctica sucede esto, se ha decapitado aquella congregación separándola de Cristo como su Cabeza y estableciendo el consejo del hombre para dirigirla; en consecuencia, deja de ser una iglesia cristiana.

Todo aquel que dice ser cristiano, debe reconocer a Cristo como Aquel quien gobierna Su iglesia por medio de Su Palabra escrita, fielmente interpretada y aplicada.

La Iglesia es una Teocracia

Dijimos que la iglesia es una teocracia ¿Qué significa esta palabra que no se encuentra en las Sagradas Escrituras?

La definición de la palabra “teocracia”, que ya hemos dicho no se encuentra en la Biblia como tal, este término apareció por primera vez cuando el historiador judío Flavio Josefo escribe contra Apión; la Enciclopedia Rialp dice de ello:
«violentando el idioma», dice él mismo, para distinguir el régimen político-religioso judío de los otros coetáneos (monarquía, oligarquía, democracia, etc., conforme a la clasificación típica de Platón, Aristóteles, Polibio, Cicerón, etc.; V. GOBIERNO III). «Nuestro legislador -añade- no se fijó en ninguno de esos sistemas de gobierno sino que... instituyó la teocracia, situando en Dios el poder y la fuerza»;
La Escritura del Antiguo Testamento nos enseña que, en esta forma de gobierno teocrático, se coloca a Dios como el que gobierna a su pueblo hebreo, por medio de Su siervo Moisés.

Lo que la Biblia enseña de manera clara y contundente, siguiendo el concepto de una Teocracia, es que una iglesia no puede tener una vida independiente de la Ley Moral de Dios, ni de los mandamientos ordenados para la iglesia en el Nuevo Testamento, ni separada de los principios morales enseñados en el Antiguo Testamento; si una comunidad vive de esa forma; entonces ha dejado de ser una iglesia de Cristo, porque el Señor ha dejado de ser su Cabeza.

La Persona de Cristo no puede ser separada de los mandamientos y los principios establecidos por Él mismo. Lo que quiero decir es que si Cristo es el Rey Soberano, la Cabeza de la iglesia, entonces Él gobierna sobre ella por medio de Su Palabra escrita.

Cristo es el Pastor de la iglesia, pero también vemos que las Sagradas Escrituras enseñan de un pastorado que se lleva a cabo en la iglesia, el pastorado de Cristo por medio de los ancianos:
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Hechos 20:28)
Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. (1 Pedro 5:2,3) 
Vamos a tratar este asunto del oficio de pastor como “siervo de Dios” en la iglesia local con un poco mas de amplitud que en la enseñanza anterior, donde afirmamos que los pastores no son la cabeza de la iglesia local; pero quisiera que veamos también el otro lado en este asunto, y es la idea de que “la membrecía” es la cabeza de la iglesia; es decir, en nuestros días se ha llegado a pensar que los miembros de una iglesia local son los que deben decidir todos los asuntos que le corresponden a ella por medio de una “votación democrática” donde “la mayoría es la que manda”: un creyente bíblico debe rechazar esa idea, porque la Biblia no enseña eso; sin embargo, este es el pensamiento que se ha establecido como  práctica en algunas congregaciones Bautistas (aun en las que se autodenominan “confesionales” – porque no conocen la Confesión), de tal manera que los destinos de la iglesia son aprobados, o desaprobados, por “la mayoría de las ovejas”. Esta es la necedad más necia que he podido escuchar.

Definición de la Iglesia

Me parece necesario que comencemos haciendo una definición de lo que es una iglesia; para ello, usaré el primer párrafo, del capítulo 26, de la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689, seguida de una breve explicación:
La iglesia católica o universal, que (con respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad de la gracia) puede llamarse invisible, se compone del número completo de los electos que han sido, son o serán reunidos en uno bajo Cristo, su cabeza; y es la esposa, el cuerpo, la plenitud de aquel que llena todo en todos.
Es evidente que nuestros padres Bautistas no siguieron a los teólogos de Westminster en cuanto a la Doctrina de la Iglesia, se puede advertir que ellos adicionaron las palabras: “que (con respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad de la gracia) puede llamarse invisible”; y lo hacen con la intensión de clarificar lo que significan las palabras “iglesia invisible”

La iglesia del Señor Jesucristo, es “invisible” en el sentido en que la obra interna de gracia efectuada por el Espíritu Santo, por medio de la cual un pecador es salvado y unido a Cristo: es invisible.- no se puede ver con nuestros ojos carnales; solamente en ese sentido lo es, ya que la iglesia es “visible” en el mundo.

En su comentario a la Confesión de Westminster, Archibal Alexander Hodge, escribe lo siguiente en cuanto a la “iglesia invisible”
Sin embargo, a esta Iglesia se le llama invisible—(a) porque las partes de ella en cada lugar o tiempo visible son sumamente pequeñas comparadas con el cuerpo, como un todo en su plenitud formado de los santos de todas las naciones y tiempos, y—(b) — porque aun en las secciones de este cuerpo visible para nosotros, su bosquejo es incierto. Muchos que parecen miembros de ella en realidad no lo son, y muchos que verdaderamente pertenecen a ella, su relación no nos es manifiesta. Los ojos humanos no pueden marcar con seguridad los límites entre la Iglesia y el mundo. Entre tanto, la verdadera Iglesia no está todavía perfectamente desarrollada y manifestada, sino se oculta tras la iglesia aparente, como el grano de la semilla que crece oculto dentro de la espiga, y en este sentido es invisible, porque lo que constituye la esencia de esta Iglesia no es la profesión y fruto visible, sino la posesión invisible de la vida divina; de la que proceden la profesión y el fruto.
Es importante notar las palabras de Hodge cuando afirma: “Muchos que parecen miembros de ella (la iglesia de Cristo) en realidad no lo son, [es decir: ellos ya fueron recibidos como miembros en la iglesia local visible por la apariencia de una profesión verdadera de fe]; y muchos que verdaderamente pertenecen a ella, su relación no nos es manifiesta [es posible que la gracia salvífica un no haya sido aplicada al escogido que se encuentra aun muerto en sus delitos y pecados, pero también pienso en la regeneración alargada del puritano William Perkins]”; entonces, si muchos que parecen miembros de la iglesia del Señor no lo son en realidad, ¿Cómo puede encajar “la votación democrática” - de aquellos que están en la iglesia visible, pero no pertenecen a la iglesia invisible - para tratar asuntos relacionados con la moral, la justicia y la disciplina dentro de la iglesia? Esto es importante mantener en nuestras mentes a lo largo de este breve artículo; y no nos olvidemos incluir dentro de esta “iglesia invisible” a los pastores y a los diáconos, ellos también son “ovejas” ejerciendo un oficio bíblico.

La iglesia universal está compuesta del número de los electos, pero nosotros no podemos conocer con plena certeza quiénes son los electos, y quiénes no lo son; de allí que las Sagradas Escrituras nos dicen claramente que “el Señor conoce a los suyos…” (2Ti 2:14); Él es quien discierne infaliblemente el corazón de los hombres.

De la membrecía de la Iglesia

Todos los que han sido escogidos desde antes de la fundación del mundo; todos y cada uno de ellos, serán unidos a Cristo, quien es la Cabeza de la Iglesia.

Sin embargo, las Escrituras nos hablan de iglesias locales visibles, a las cuales deben unirse todos los santos visibles. El Segundo párrafo de nuestra Confesión de 1689 declara lo siguiente:
Todos en todo el mundo que profesan la fe del evangelio y obediencia a Dios por Cristo conforme al mismo, que no destruyen su propia profesión mediante errores fundamentales o conductas impías, son y pueden ser llamados santos visibles; y de tales deben estar compuestas todas las congregaciones locales.
Es evidente, en lo vamos leyendo, que una persona que tiene una conducta impía, mundana, liberal y antinomiana: ha destruido su profesión de fe de labios; y los tales no podrían ser llamados “santos visibles”; pero sabemos que existen congregaciones que admiten en su membrecía oficial a personas con tales características profanas y ello debido muchas veces a “su inteligencia teológica”, “sus títulos académicos de seminarios reformados”; es decir, vivimos en días en que se ha elevado a la categoría de “regenerado” a aquella persona que, aunque exhibe fruto malo, tiene credenciales académicas reformadas.

Debemos reconocer también que “aquellos quienes han destruido su propia profesión de fe”, con tales frutos espirituales malos, se hacen también pastores y diáconos; entonces, si una congregación está conformada por personas cuyo fruto espiritual no es bueno: ¿Cómo se puede convocar a los tales a las “votaciones democráticas” en una iglesia visible local?; ¿Cómo podría votar el chismoso, el de lengua mentirosa, el engañador, el altivo, el testigo falso?; ¿Cómo sería el “voto democrático” de aquellos quienes tienen un corazón que maquina planes perversos? Y la pregunta más importante sería la siguiente ¿A dónde llevaría el “voto democrático” de los tales a la iglesia local de la cual ellos son miembros oficiales?

La Biblia, la historia y la experiencia nos han enseñado de aquellos quienes tienen apariencia de piedad, cuando se acercan a una congregación para solicitar la membrecía oficial en ella, tales personas ocultan las maldades de sus corazones al principio; pero poco a poco, luego, se van haciendo evidentes después de haber sido recibidos como miembros. La Escritura no falla cuando dice: “Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después” (1Ti 5:24) – Bueno, mis preguntas continúan.- ¿será sabio llamar a la “votación democrática” a los miembros, incluidos pastores y diáconos, cuyos pecados son evidentes dentro de la congregación?

La pregunta más importante: ¿Dónde se enseña en la Biblia de una votación democrática de las ovejas miembros de una iglesia?

¿Qué pasa cuando la iglesia tiene una membrecía mixta: regenerados y no-regenerados?

En nuestro estudio anterior vimos el caso del pastor Jonathan Edwards, quien fuera expulsado por las ovejas de su iglesia cuando él se opuso a que pasen la cena del Señor aquellos quienes habían “destruido su profesión de fe con conductas impías”. La votación fue 90% para que se expulsara al pastor y 10% en apoyo a su decisión bíblica.

Este es un riesgo muy alto cuando se permiten dentro de la membrecía de la iglesia a profesantes que no demuestran la obra espiritual de la regeneración. Podemos citar aquí a los llamados “cristianos carnales” del lado arminiano, y a los “cristianos anti-Señorío”, liberales, mundanos y antinomianos del ala reformada.

Ni siquiera aquellos quienes creemos en una membrecía regenerada, podemos ser infalibles en la admisión de un profesante en la familia de una iglesia local como miembro. Solamente Dios conoce a los Suyos; y aunque procuramos tener cuidado en ello, podemos equivocarnos al momento de evaluar al candidato y pueden “colarse” dentro de una iglesia calvinista histórica, aquellos cuyos sentimientos se inclinan con el nuevo calvinismo, pueden introducirse personas cuyos corazones aborrecen la Ley Moral de Dios, así como personas cuyo celo de obediencia no es evangélico, sino más bien un celo farisaico.

El pasaje citado al inicio de nuestro estudio dice:
Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. 15Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco. (Apocalipsis 2:14-15)
Aquí el Señor le habla al pastor de la iglesia en Pérgamo, y le reprocha el hecho de que en su membrecía tenga personas que 1) retienen la doctrina de Balaam y 2) retienen la doctrina de los nicolaítas.

Balaam había fallado en maldecir al pueblo israelita y el resultado de esto fue que ya no recibiría el pago por su maldad; sin embargo, obtiene el pago de Balac al aconsejarle que corrompiera la moral de los israelitas y así romper su unidad con Jehová Dios. La doctrina de Balaam es aquella que aconseja engañosamente a los miembros de una iglesia para que vivan una vida incompatible con la vida que Cristo demanda de los suyos: santidad-separación, rectitud y justicia. Balaam aconsejó a Balac en el sentido en que los israelitas se emparejen con las mujeres moabitas, una unidad aborrecible para Dios; de igual forma en nuestros días vemos una aplicación de la doctrina de Balaam cuando se anima al pueblo de Dios para que se unan con los católicos romanos para una lucha en común.

En cuanto a la doctrina de los Nicolaítas, los comentaristas afirman que: “Los Nicolaítas aparentemente promulgaron principios similares, y en su orgullosa y rica ciudad estaban dispuestos a admitir la ortodoxia de la doctrina, siempre y cuando se combinara con una laxitud moral” (F.B. Meyer). Los Nicolaítas de nuestros días serian aquellos quienes “exigen la afirmación de las doctrinas de la gracia”, combinadas con licor, tabaco, música mundana, marihuana, homosexualidad, etc.

Vemos que el pastor de la iglesia en Pérgamo tenía estas “ovejas” dentro de su membrecía, ¿Cómo corregir aquello que Cristo le había pedido?; ¿debía el pastor convocar a una “votación democrática” para debatir el mandamiento del Señor?; ¿Qué hubiesen votado los Balaamitas y los Nicolaitas?

Los deberes del pastor de la iglesia local

El pastor debe gobernar o vigilar la iglesia un pastor gobierna por medio de la enseñanza de la Palabra de Dios, por medio de su propio ejemplo y por medio de amonestar a aquellos quienes necesitan dirección y guía.
Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. (Hebreos 13:17)
La sujeción a la que una oveja es llamada a obedecer, comienza por la llenura del Espíritu Santo según la enseñanza de la Escritura en Efesios 5:18 y ss. En ese sentido: si no hay llenura del Espíritu, entonces no hay sujeción a nadie.

La tarea de “amonestar” es una parte del ministerio pastoral bíblico; el problema es que son pocos los que permiten ser amonestados cuando necesitan serlo, y esto se observa más en aquellos quienes practican una obediencia farisaica.

Pero la instrucción del Señor no es la de amonestar a los Baalamitas y a los Nicolaitas; sino que es una completamente diferente, como vamos a verlo dentro de un momento.

Otra tarea del pastor es la de proteger al rebaño por medio de señalar el error y censurando a aquellos quienes introducen tales errores. Esto no es muy popular en medio de una generación que ha hecho a los predicadores famosos sus ídolos de carne y hueso. Sobre todo cuando el diablo ha tenido éxito al hacerle creer a los jóvenes de hoy que “cualquier maestro que afirme las doctrinas de la gracia, es un maestro intocable, aun cuando conduzca al error o a la impiedad con sus otras enseñanzas” ¿Cómo sería la votación democrática de una membrecía que ha hecho del hombre un ídolo?

El pastor debe ser un hombre de oración, y seguramente procurará saber si los miembros de la iglesia son cristianos que oran al Señor. La oración se ha colocado debajo del aprendizaje teológico; entonces, cuando el pastor indaga sobre la vida de oración de los miembros de la iglesia, causará la incomodidad y el fastidio de los “miembros intelectuales que oran insuficientemente” ¿Cómo sería la votación democrática de una membrecía que ora poco (o nada)?

El pastor es un administrador de las ordenanzas de Cristo, como en el caso del pastor Jonathan Edwards, quien no permitió que hombres no-regenerados tengan comunión en la cena del Señor, y ya sabemos los resultados de la “votación democrática” de aquellos quienes vieron al pastor Edwards como un enemigo. De 253 miembros, solamente 23 votaron a favor de Edwards, mientras que 230 en contra.

Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo

¿Cómo debería de actuar un pastor si tuviera una iglesia como la Pérgamo?

Bueno, lo primero que debemos decir es que la Biblia nos dice que Dios no se agrada de tales iglesias y demanda una acción al pastor de ella. Claro que también debemos creer que han habido, hay, y habrán ministros que prefieren tapar sus oídos para no oír, tapar sus ojos para no ver y tapar sus bocas para no hablar; movidos por los intereses personales de ambición y éxito “ministerial” antes que obedecer la voz de Dios sobre aquella membrecía cuyas obras son comparables con las obras de las tinieblas.

Jonathan Edwards podía haber perdido el 90% de la membrecía en su iglesia local, lo cual en estos días sería considerado como un fracaso ministerial. Para muchos es mejor “mantener a tales miembros con la esperanza que la predicación los regenere un día” ¡Cuantos hemos caído en este pensamiento mentiroso!; es igual a la excusa diabólica de un creyente para casarse con un incrédulo con la esperanza de convertirlo al Señor en algún día. Eso es mentira porque lo sano no cura lo enfermo, sino al revés: lo enfermo contamina a lo sano.

Antes de la caída del pastor Jonathan Edwards, quien se encontraba en las manos de una membrecía airada, el gran teólogo escribe a John Erskine lo siguiente:
Una dificultad muy grande ha surgido entre mi pueblo, relacionado con las calificaciones para la comunión en la mesa del Señor. Mi honorable abuelo Stoddard, mi antecesor en el ministerio de esta iglesia, mantuvo enérgicamente la Cena del Señor como una ordenanza de conversión, e instó a todos los que no tuviesen una vida escandalosa a venir a ella, aunque cada uno de ellos sabían que no eran convertidos. Anteriormente me conformé con su práctica, pero he tenido dificultades con respecto a ella, las cuales han ido aumentando mucho, hasta que no me atreví más a proceder según esta forma anterior, lo que ha causado gran malestar entre mi gente, y ha llenado todo el país con el escándalo.
El Señor no le da instrucciones al pastor de la iglesia en Pérgamo para que dialogue con los miembros Baalamitas y los Nicolaitas de aquella congregación. El Señor demanda una acción al pastor. Tal vez debemos mirar al Señor con un látigo en la mano limpiando su iglesia echando fuera lo que está podrido y que puede contaminar al resto.

¿Expulsar de la membrecía a aquellos quienes no tienen fruto de justicia y rectitud? ¡Hay un costo en ello! ¡Más aun si los tales son una “mayoría”! ¡Vea usted el ejemplo de Edwards cuyo proceder bíblico había llegado a ser un escándalo en todo el país!

El pastor, después de un tiempo de oración y meditación en las Sagradas Escrituras, debe proceder como la Palabra de Dios dice, sin llamar a una votación democrática, pues esa idea no existe en la Palabra de Dios.

El ejemplo con la iglesia en Corinto

Un caso de inmoralidad juzgado
Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. (1Co 5:3-5) 

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos hace ver la forma en que el pastor (o los pastores) deben proceder en el caso de ofensas graves como una herejía persistente, inmoralidad sexual y una conducta desordenada. Y en este ejemplo de la expulsión de la membrecía de un profesante, notamos lo siguiente: 1) Pablo no ordena la convocatoria de la iglesia para una votación democrática para el caso en cuestión, 2) Pablo no le da a la persona incestuosa una oportunidad para que confiese su pecado y se arrepienta; y, 3) No hay atenuantes que puedan evitar la decisión de separarlo de la iglesia local.

La pregunta pertinente es: ¿Actuamos los pastores de esa manera, en esas circunstancias específicas?; ¿O hacemos una “encuesta” previa para saber el impacto que tal acción podría traer a los sentimientos de los otros miembros?

Creo que el problema que nos impide actuar de la manera en que la Palabra de Dios establece, es que los pastores nos amamos mucho (más de lo que amamos a Cristo), de tal forma que evitamos tomar decisiones que “puedan traernos escándalo en todo el país”, como lo sucedido al pastor Jonathan Edwards. Sí, porque sabemos que el expulsado (quien seguramente se ve como el más santo de todos los santos) iniciará una campaña de desprestigio contra aquel que tome la decisión de expulsarlo de la membrecía, lo cual demuestra más su estado de inconverso por lo siguiente: Primero, porque aunque sabe que su conducta ensucia la cara de Cristo y del evangelio, no le importa en lo absoluto ser la causa para que otros blasfemen del Nombre del Señor. Segundo, porque si amase a Cristo en alguna manera, él mismo pediría ser excluido de la membrecía de la iglesia local y aun suplicar por una restauración, o salvación de su propia alma; y este último paso toma tiempo, ya que se tiene que esperar para ver los frutos de justicia como una prueba que el arrepentimiento fue genuino.

Tal vez podamos dibujar en nuestra mente una reunión entre el pastor de la iglesia en Pérgamo para tratar el asunto de la doctrina Baalamita y la doctrina Nicolaita: ¿De verdad creemos que el pastor debía sentarse a conversar con ellos?, ¿creeremos que Cristo quería que se les dé un ultimátum para que abandonen sus posiciones doctrinales que llevaban al libertinaje y la mundanalidad en la iglesia local?

El costo de aplicar la Palabra de Dios y no la democracia del redil

El que corrige al escarnecedor, atrae sobre sí deshonra, y el que reprende al impío recibe insultos.
(Proverbios 9:7 -LBLA)

Un querido anciano de la iglesia en USA me decía que dentro de 50 años ya no será fácil encontrar una iglesia bíblica. En la actualidad existe una corriente de multitudes, apareciendo cada día, donde las doctrinas ortodoxas son acompañadas con conductas libertinas, impías y mundanas, propias de personas no-regeneradas. Antes parecía que las doctrinas ortodoxas estaban siendo influenciadas por la oscuridad del mundo; hoy el mundo ha adoptado una forma de religión donde la doctrina ortodoxa es el adorno de toda serie de prácticas paganas.

Me comentaba, este querido anciano, que el tamaño de la iglesia de George Whitefield, el predicador del avivamiento de sus días, fue de unos 40 miembros solamente, y que además el gran predicador estaba muy contento con ello. Sin embargo, en nuestros días, hay ministros que estarían contentos con una congregación como la que expulsó a Jonathan Edwards: 253 miembros, 230 no-regenerados y solamente 23 creyentes; y ellos ministrarían de tal forma en que ambas facciones se encuentren satisfechas con el desenvolvimiento ministerial del pastor: la predicación tendría que ser ambigua y en tono de grises; pero ¿agradará esto al Cristo, la Cabeza de la iglesia? Pienso hasta en la horrible posibilidad de que tales ministros prefieran que se retiren los 23 creyentes que son “los perturbadores de la iglesia” para quedarse en paz con los 230 “coolvinistas” quienes, sin lugar a dudas, votarían a favor de la expulsión de los 23 regenerados.

La iglesia no se gobierna por el voto democrático de las ovejas; pero las ovejas reconocerán cuando el pastor actúe de manera bíblica en cada aspecto de su ministerio.

En el año 2001 la Prensa Bautista, de la Convención Bautista del Sur, publicó un artículo titulado “Incrédulos en las Iglesias Bautistas: Una Afrenta a Dios” con el propósito de que los pastores presten atención a lo anti-bíblico de esta práctica y sobre las consecuencias de incluir en la membrecía de las iglesias locales a personas no-regeneradas.

Sobre este mismo tema, el pastor Tom Ascol mencionó un incidente donde 2 pastores fueron quitados de sus puestos “por medio de una votación democrática de aquellas iglesias” donde se incluyeron personas que casi nunca asistían a la iglesia, pero que estaban registradas como parte de la membrecía de aquellas iglesias locales.

Llenar las iglesias con personas bautizadas, pero no-regeneradas, trae consecuencias terribles por los métodos que el no-regenerado utiliza para tratar los problemas eclesiásticos. Cuando un pastor en tal situación intenta establecer los principios bíblicos en medio de aquella membrecía, comenzará una guerra entre el púlpito y las bancas llenadas por personas no-regeneradas. El final de aquella guerra será remover del púlpito a dicho pastor y despedirlo. ¿Aceptaría usted como pastor, pastorear esa clase de membrecía?; ¿Cree usted que pueda haber una solución basada en las Sagradas Escrituras para corregir dicha congregación compuesta por una alta membrecía no-regenerada? Bueno, creo que tal “iglesia” no soportará la sana doctrina y buscará hacerse de un pastor, o maestro, conforme a sus propias concupiscencias (2Ti 4:3)

Para terminar, quisiera mencionar el final de la caída del pastor Jonathan Edwards, después que la iglesia donde fue pastor por poco más de 20 años, lo terminara expulsando, no sin antes llenar todo el país con el escándalo.   

El pastor Jonathan Edwards terminó en el exilio muy al oeste del pueblo de Stockbridge donde intentó, con la ayuda de traductores, ministrar a indios nativos que entendían muy poco de lo que tenía que decir. Fue en ese exilio donde él escribió sus más importantes tratados teológicos.

Poco antes de su muerte, su reputación fue reivindicada por un nombramiento para la presidencia de la Escuela de Nueva Jersey (conocida después como la Universidad de Princeton), pero trágicamente murió de una enfermedad a la semana siguiente de su nombramiento.

Voy a mencionar nuevamente el titulo de esta enseñanza: ¡La iglesia no es una Democracia!: Cristo es la Cabeza, no la membrecía de la Iglesia


Amén

jueves, 28 de septiembre de 2017

¡La iglesia no es una Democracia!: Cristo es la Cabeza, no los pastores




Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. (1Sa 8:4-7) 

Esta es una enseñanza acerca de una doctrina muy importante, que no podremos cubrirla en su totalidad, pero que tiene el propósito de recordar que Cristo es la Cabeza de la Iglesia y recordar también las implicancias doctrinales y prácticas de este enunciado.

La doctrina de la iglesia es una doctrina de suma importancia, vivimos días en que aun personas que dicen que son confesionales, que afirman nuestra Confesión de Londres de 1689 pero en realidad no la entienden, nunca la han leído ni la han estudiado, pero se presentan como personas “Confesionales”; y digo esto porque cuando llega el momento en que los principios de la Escritura, que son recogidos temáticamente en nuestra Confesión, son completamente olvidados.

La iglesia no es un organismo donde no vayan a surgir problemas, la iglesia va a tener problemas: problemas doctrinales, problemas en la disciplina, problemas en la conducta de los miembros; pero todos esos problemas deben ser resueltos según el Consejo del Señor traído a nosotros por medio de la Biblia.

Cristo es la Cabeza de la Iglesia; los pastores no lo son, las ovejas no son la cabeza de la iglesia, los movimientos para-eclesiásticos no son la cabeza de la iglesia.

Hace poco en Perú se presentó una crisis política por la cual el viaje del presidente Kuczynski podía suspenderse si es que la mayoría del Congreso de la República, quienes son los representantes del pueblo escogidos democráticamente, no lo aprobaba por una votación en mayoría.

Por otro lado, también observamos otra crisis política en Venezuela, donde su presidente ha asumido el control absoluto, de tal forma que se afirma que la democracia ya no existe en aquella nación.

De igual forma, casi todos sabemos la manera en que una empresa privada es dirigida, para establecer sus metas, sus políticas, etc., y es por medio de la junta de accionistas quienes deben votar democrática y abiertamente (según la sabiduría y conocimiento de cada uno de ellos) para los diferentes asuntos relacionados con la vida de su empresa, tales como escoger o remover a un gerente (o representante), entre otras cosas; en todo caso, lo que la mayoría vote, es lo que se debe hacer.

Lamentablemente, estos modelos de “democracia”, y en algunos casos de “autocracia”, son llevados a la vida práctica de una iglesia cristiana, donde se ha llegado a creer que los miembros de la iglesia, (que pueden ser comparados con los congresistas de un estado, o con los accionistas de una empresa), pueden y deben votar democráticamente en todo los asuntos relacionados con la iglesia de Cristo; en nuestro ejemplo también podemos igualar esta “falta de democracia” cuando el pastor asume una identidad de “gobernante dictador” para todos los asuntos de la iglesia de Cristo, una especie de autocracia.

Quisiera que comencemos haciendo las definiciones de ciertas palabras que, lamentablemente, se han convertido en la forma de gobierno en la Iglesia del Señor:

La iglesia no es una democracia, porque esta palabra se define como.- la soberanía y gobierno expresado por lo que una mayoría escoja o deje de escoger; lo que manda la mayoría se tiene como autoritativo – La iglesia no es una democracia. 

La iglesia no es una autocracia donde una sola persona humana gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación y con las facultades de promulgar y modificar leyes a su voluntad – La iglesia no es una autocracia.

La iglesia no es una aristocracia, donde el poder descansa sobre un grupo de determinadas personas por encima de otras; es decir, el gobierno basado en el poder económico de algunos, o sobre la intelectualidad de otros – La iglesia no es una aristocracia.

La iglesia no es una eclesiocracia, donde un grupo determinado de sacerdotes o laicos son los soberanos quienes toman las decisiones en los asuntos de la iglesia – La iglesia no es una eclesiocracia.

¿Cuántos de estos modelos de gobierno encontramos en muchas iglesias locales de nuestros días?; pienso que en muchas de ellas, y lo digo con mucha tristeza; porque son muchas las que han destronado a Cristo de Su trono, no con sus credos declarados –no con sus palabras, sino en la vida práctica, de tal forma que algunas de ellas tienen en la práctica un gobierno democrático, otras un gobierno autocrático, otras un gobierno aristocrático y otras son una eclesiocracia.

Como digo, tal vez uno mismo no reconozca uno de estos modelos de gobierno en su doctrina, pero lo son en la práctica.

La iglesia es una teocracia, esta es una palabra que hemos escuchado tal vez en una lectura o en una conversación, y ella no se encuentra como tal en las Sagradas Escrituras, pero el concepto existe en ellas.

Cuando decimos la palabra “teocracia” pensamos inmediatamente en el significado de esa palabra por medio de dividirla: “Teo” significa “Dios” y “krateo” que significa “gobierno”; es decir, una teocracia significa el gobierno de Dios, el cual si lo aplicamos a la iglesia local, decimos que Dios (Cristo) es quien gobierna la iglesia.

¿Es verdad esto en su iglesia local?

¿Es cierto que es Cristo quien gobierna en todos los asuntos de fe y práctica por medio de Su Palabra, la Biblia?

¿Se toman todas las decisiones en la iglesia local aplicando los mandamientos y principios de la Palabra de Dios?

La definición de la palabra “teocracia”, que ya hemos dicho no se encuentra en la Biblia como tal, este término apareció por primera vez cuando el historiador judío Flavio Josefo escribe contra Apión; la Enciclopedia Rialp dice de ello:
«violentando el idioma», dice él mismo, para distinguir el régimen político-religioso judío de los otros coetáneos (monarquía, oligarquía, democracia, etc., conforme a la clasificación típica de Platón, Aristóteles, Polibio, Cicerón, etc.; V. GOBIERNO III). «Nuestro legislador -añade- no se fijó en ninguno de esos sistemas de gobierno sino que... instituyó la teocracia, situando en Dios el poder y la fuerza»
La Escritura del Antiguo Testamento nos enseña que, en esta forma de gobierno teocrático, se coloca a Dios como el que gobierna a su pueblo hebreo, por medio de Su siervo Moisés, en primer lugar:
Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel. (Éxodo 25:22)
Dios gobernaba sobre Su pueblo hebreo, dándoles a ellos la Palabra de Sus mandamientos por medio de Moisés; quien fuera un profeta, pero no un rey.

La iglesia debería llamarse más precisamente como una “Cristocracia”: el gobierno de Cristo sobre su iglesia, dándoles a Su pueblo, Su Palabra y mandamientos por medio de Sus pastores. Aquí hablamos de pastores llamados y ordenados al ministerio de una manera bíblica.

Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y ésta es una declaración bíblica:
porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. (Efesios 5:23) y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; (Colosenses 1:18)
En 1 de Corintios 12, la Palabra de Dios habla de un cuerpo humano, como una analogía de una iglesia local: habla de una mano, de un ojo, de una oreja; y en ese sentido, nos habla de una forma ilustrativa de iglesias locales, ya que es imposible aplicar este ejemplo a una iglesia universal, o a un conjunto de iglesias regionales, aquí se nos habla de una iglesia local donde hay un cuerpo unido a una cabeza, quien es Cristo, el Único quien tiene autoridad, poder y control sobre el cuerpo; como repito: la iglesia local.

Y aquí es donde nosotros encontramos una importante enseñanza: “un cuerpo que está separado de la cabeza, en lo natural, es un cadáver que está en estado de putrefacción”; lo mismo aplica para el plano espiritual: la asociación de un grupo de personas que no se encuentren unidas a Cristo: no es una iglesia Nuevo Testamentaria. Ya lo dije antes: “la iglesia es una congregación de personas, pero no toda congregación de personas es una iglesia”

La Cabeza y el cuerpo, es una ilustración que nos instruye acerca de la sujeción y dependencia de la iglesia a Cristo como Cabeza.

Pero alguno puede decir: “nosotros estamos funcionando como una iglesia: tenemos servicios, tenemos servicio de oración, tenemos santa cena, evangelizamos, etc.”; pero estimado, todo eso no significa que tal grupo de personas sean una iglesia. Acuérdese de este pasaje:
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. (Mat 7:22-23)
Aquí está hablando de un grupo de personas que hacían muchas cosas en el nombre de la religión, como un cuerpo que aparentemente estaba vivo, pero que en realidad estaba muerto Como puede ser eso?

Yo pensaba en una analogía en lo natural: en lo físico también se puede observar que hay algunos cuerpos que pueden moverse aun cuando ya no tienen cabeza. Por ejemplo un pollo, usted le corta la cabeza y lo suelta ¿Qué va a pasar?, va a pasar que el pollo – estando prácticamente muerto - puede seguir caminando y corriendo sin cabeza (por un tiempo) como si estuviera vivo, pero en realidad es un ser que ya está muerto:
Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto (Apocalipsis 3:1)
Lo que quiero decir, es que algunas veces, y de forma imperceptible, aparecen  “cabezas artificiales” en la iglesia local, las cuales se han colocado sobre una congregación, quitándole a Cristo su autoridad, poder y control.

Un primer ejemplo lo vemos en el papa romano, a este individuo se le llama “la cabeza de la iglesia”, seguido de sus obispos, cardenales, etc. tal vez podemos decir que ello no ocurre en las iglesias evangélicas, pero creo que deberíamos de meditar un poco más seriamente en esto, antes de afirmarlo.

Quisiera poner un ejemplo en este punto, por medio de una sencilla pregunta: ¿Quién gobierna Inglaterra? ¿La reina? ¿O el parlamento?; creo que usted ya sabe la respuesta a esta pregunta: La reina es una reina que no gobierna. Ahora quiero llevar esto a sus mentes con la siguiente explicación: me ha tocado estar en reuniones donde pastores, diáconos, líderes y hermanos, se han reunido para resolver diferentes problemas de la iglesia: ¿Qué es lo que se hace en esas reuniones? al inicio de la reunión hacen una oración para pedir la dirección de Dios en los asuntos que se van a tratar, para luego dejar de lado la Biblia y usar sus débiles mentes, y su pobre sabiduría humana, para resolver los problemas de aquella iglesia local. Al final de la reunión, donde no se abrió la Biblia en ningún momento, se procede a la “votación democrática” Dígame usted ¿No convierte esto a Cristo en un Rey que no gobierna? ¿Acaso esto no le quita a Cristo su autoridad, poder y control sobre Su iglesia? ¿No pone esto a la “directiva eclesiástica” o al “concilio pastoral” como la cabeza de una iglesia local?

Cualquier reunión donde no se abra la Escritura, se le dice al Señor: "Usted se calla la boca, y nosotros somos los que vamos a decidir aquí” ¿Cuántas veces hemos visto que los problemas de la iglesia se resuelven con la Biblia cerrada?

Y esto que he referido, lo he visto en algunos casos, y en otros he sabido que se practica en iglesias Bautistas Independientes. El resultado ya se puede prever cuando el hombre le quita a Cristo Su lugar como Cabeza de la iglesia local; y la solución no está en una pluralidad de pastores, ya que ellos mismos se pueden convertir en “las cabezas artificiales” de cualquier iglesia local. Seguramente que ellos pueden pensar que lo que deciden “es lo mejor para la iglesia de Cristo”; pero ponerse como la cabeza de la iglesia local, y tomar decisiones fuera de lo que el Señor dice por medio de Su Palabra, es pecado.

Los pastores no son la cabeza de la iglesia.

Hay pastores que se convierten en los dictadores de la iglesia local. Aquí hay que detenerse un momento para pensar lo siguiente: ¿Quién es un dictador? Según el DRAE es “una persona que se arroga (se atribuye) o recibe todos los poderes políticos extraordinarios y los ejerce sin limitación jurídica… y que abusa de su autoridad o trata con dureza a los demás”

Hay que tener cuidado aquí, tal vez un pastor que esta contendiendo por la fe, puede ser tomado como alguien que trata con dureza a los demás; hay que saber hacer distinciones según la Biblia. Por ejemplo Pedro reprendiendo a Simón el Mago: “Tú no tienes parte ni suerte…” ¿Es duro, no?; o cuando el apóstol Pablo dice a la iglesia: “Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” ¿Es duro, no?; sin embargo, ellos no estaban actuando como dictadores.

Un pastor que es un dictador, es alguien quien crea sus propias leyes; un pastor dictador se reconoce porque abandona la Palabra de Dios, o la interpreta de manera distinta o privada; ellos las imponen y llegan al castigo contra los que no se sujetan a sus ordenanzas personales. Aquí podemos recordar a Diótrefes:
Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia. (3 Juan 1:9-10)
William Hendriksen tiene el siguiente comentario acerca de Diótrefes:
Es un líder en la iglesia local y usa su posición de liderazgo para su provecho egoísta. Juan escribe que a Diótrefes “le gusta ser el primero”. En vez de servir a la iglesia, esta persona orgullosa es egoísta y se niega a reconocer una autoridad superior. Él mismo quiere gobernar la iglesia. En consecuencia, Diótrefes rechaza la supremacía apostólica de Juan.
Tristemente, hay muchos quienes en su maldad deliberada han propagado una enseñanza falsa acerca del verdadero carácter de un “Diótrefes” en la iglesia local, expandiendo un argumento por el cual afirman que “todo creyente que practica la separación primaria o secundaria, es un Diótrefes”; sin embargo, la Biblia no enseña eso, sino que enseña claramente que obedecer ese mandamiento de la separación primaria y secundaria, es la muestra del amor que un creyente ofrece a Cristo: “si me amáis, guardareis mis mandamientos”

Un pastor es un “Diótrefes” cuando destrona a Cristo como la cabeza de la iglesia local, ocultando, torciendo y enseñando mal la Palabra de Dios; un “Diotrefes” tiene el espíritu del diablo “quien quiso poner su trono por encima del trono de Dios”; es decir, poner sus leyes personales por encima de las leyes dadas por Dios.

Cristo es la Cabeza de la iglesia, los pastores no lo son.

Los pastores debemos tener mucho cuidado de nosotros en cuanto a este tema que es muy fundamental, recordando cada uno “no tener más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Ro 12:3); considerando la actitud de Gedeón, quien supo ocupar el lugar que le correspondía en medio de una victoria, y respondió de esta forma al pueblo que lo presionaba para que sea “el rey de ellos”:
Mas Gedeón respondió: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros. (Jueces 8:23)
Cristo es la Cabeza de la iglesia, los pastores no lo somos.

Cuando se presentan circunstancias y problemas dentro de la iglesia local, nosotros tenemos el ejemplo de las Escrituras que nos enseñan que, los hombres designados por Dios para el ministerio, siempre van a buscar la voluntad de Cristo en cuanto a todos los asuntos de la iglesia.

Pero en nuestros días, cuando se presentan momentos en los que se necesitan resolver problemas de la iglesia local, ¡cuántas veces hemos escuchado frases como las siguientes!: “¿Qué piensa usted, hermano?, ¿qué cree usted que debemos hacer en este asunto?; en su experiencia como pastor ¿Cómo debemos manejar esta situación?; pastor ¿Cuál es su opinión en todo esto que sucede?” Yo tengo esta pregunta: ¿El hermano o el pastor son los que tienen que decir cómo se debe resolver tal o cual problema?

¿Cómo actuaba la iglesia del Nuevo Testamento en los asuntos relacionados con ella misma? Quisiera traer el ejemplo, entre muchos, de la elección del sucesor de Judas el traidor, que se registra en el libro de los Hechos:
Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, (Hechos 1:24)
Aquí los apóstoles no se pusieron ellos mismos como “Cabezas” de la iglesia del Señor ¡Ellos buscaron la dirección de Dios! La Escritura no dice que Pedro se levantó y comenzó a preguntar: “Juan, ¿Cuál te gusta como sucesor de Judas el traidor?”; o “Mateo, ¿cuál crees tú que puede desarrollarse mejor en el puesto de apóstol?”; o “hermanos, hagamos una “votación democrática” y escojamos nosotros al sucesor”; ¡Absolutamente no!; mi pregunta es ¿sigue la iglesia de Cristo el mismo ejemplo de Sus apóstoles? Los apóstoles no eran la cabeza de la iglesia, Cristo lo es.

Sin embargo en nuestros días, esta regla no se aplica para la elección de los pastores para una iglesia local; la iglesia no pide dirección a Dios para saber si aquel candidato es el escogido por el Señor; sino que aparecen las palabras humanas: “yo creo que tal hermano debería ser el pastor…”; “a mí me parece…”, “a mí me gustaría que tal hermano…”; ¡cuántas veces hemos caído en este error!

Otra forma en que la iglesia ha “votado democráticamente” para destituir a Cristo como Cabeza de Su iglesia, es la elección de los “predicadores referentes” para que la iglesia local sea dirigida. Este es un fenómeno que es muy recurrente en nuestros días, en que la piedad y la santidad verdadera se tienen como despreciables, pues ellas no dejarán que la iglesia “pueda crecer” en el número deseable. Esta forma de decapitar a la iglesia de Cristo y poner otra “cabeza artificial” para dirigir los destinos en doctrina y práctica, se consigue con el consentimiento democrático de los miembros de una iglesia; en algunos casos estos “referentes” son presentados por los mismos pastores de la iglesia local, quienes consideran y promueven al “pastor famoso referente” y sus enseñanzas, como “si se consultase la mismísima Palabra de Dios” Pero esta actitud no es nueva, no hay nada nuevo debajo del sol; observe por usted mismo este versículo:
Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como si se consultase la palabra de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel, tanto con David como con Absalón. (2 Samuel 16:23)
Las opiniones de Ahitofel eran consideradas como si Dios mismo hubiese sido consultado por medio del “pectoral del juicio Urim y Tumim” (Ex 28:30); es decir, la infalible Palabra de Dios había sido reemplazada por la insegura palabra del hombre; más aun, por la palabra de un hombre cuyo testimonio final demostró que ni siquiera fue un creyente verdadero:
Pero Ahitofel, viendo que no se había seguido su consejo, enalbardó su asno, y se levantó y se fue a su casa a su ciudad; y después de poner su casa en orden, se ahorcó, y así murió, y fue sepultado en el sepulcro de su padre. (2 Samuel 17:23)
Tal vez un ejemplo emblemático de nuestros días, en que la iglesia ha seguido el consejo del hombre que contradice la Palabra de Dios, lo encontramos en el tristemente célebre “triaje teológico”, aceptado sin ningún esfuerzo, pero defendido ardientemente, por los pastores y las ovejas de nuestros días.

Cuando Cristo fue preguntado acerca del más grande mandamiento, Él respondió citando los primeros cuatro mandamientos de la Ley Moral de Dios:
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. (Mateo 22:37)
Matthew Henry comenta diciendo:
Un intérprete de la ley preguntó algo a nuestro Señor para probar no tanto su conocimiento como su juicio. El amor de Dios es el primer y gran mandamiento, y el resumen de todos los mandamientos de la primera tabla.
Es decir, el primer gran mandamiento para Dios incluye una adoración regulada por Su Palabra, así como guardar el día del Señor según la forma en que Dios mismo instruye en las Sagradas Escrituras ¡Esas serian doctrinas de primer nivel, de acuerdo a lo que Cristo – la Cabeza de la Iglesia – dice!; pero ahora se nos ha dicho de que tales mandamientos no son de primer nivel, sino de niveles más bajos, de tal forma que ellos no estorben una comunión física entre las iglesias ¿A costa de qué? A costa de quitar mandamientos que son primeros para Cristo y reemplazándolos por mandamientos que son primeros para los hombres; es decir, aquello que para Dios es primero, el hombre lo ha llevado a un rango inferior, invalidando el mandamiento ¿No es esto quitar a Cristo como la Cabeza de la iglesia y poner al hombre en su lugar? ¡Claro que sí!
Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. (Marcos 7:9)
Sin embargo, y hay que decirlo con mucha tristeza, hay oficiales y miembros de iglesias locales que han tomado decisiones basados en el “voto democrático” que han terminado causando mucho daño al Cuerpo del Señor, un daño espiritual imperceptible hoy, que terminará menoscabando la causa de Cristo. He escuchado esta justificación: “Esto estaba decretado por Dios” ¡por supuesto que todo está en el decreto de Dios, absolutamente todas nuestras decisiones! pero no todas nuestras decisiones son aprobadas por Dios.

Así es como hay pastores que decapitan a la iglesia, quitándole su Cabeza que es Cristo.

El hecho que un pastor no sea bien apreciado dentro de una iglesia local (o fuera de ella), no significa que el tal sea un mal pastor, la Biblia es la que juzga si el tal tiene una actuación bíblica, si aquel ministro ejerce un ministerio bíblico. Por eso es que el voto de las personas no debe tener importancia en estos asuntos de refrendar un ministerio y un ministro.

En los tiempos de declive espiritual, el pescado comienza a descomponerse por la cabeza; es decir, las iglesias comienzan el declive desde los pastores. Un triste ejemplo de esto es el que encontramos en unas de las publicaciones de la “Controversia del Declive” de los días de Spurgeon, quien en Marzo de 1887 escribió exponiendo a pastores quienes eran ortodoxos en sus opiniones pero que también fueron laxos e infieles al presentar a ministros herejes en sus púlpitos, ya sean como sus propios asistentes o como predicadores invitados:
De esta forma fueron introducidas las herejías arrianas y socinianas en las congregaciones Presbiterianas de la ciudad de Exeter. El reverendo Stephen Towgood y el Sr. Walron, ministros de aquella iglesia, tenían reputación de ortodoxos; pero el reverendo Micaiah Towgood, un arriano declarado, fue escogido como el asistente de ellos. Los viejos ministros tuvieron que cesar de requerir una declaración de fe en la divinidad de Cristo en aquellos quienes se acercaban a la mesa del Señor. Estos hombres viejos, continuaron su labor en paz con aquel joven “ministro” y su levadura sociniana.
¿Usted puede imaginar a un pastor ortodoxo, reformado, teniendo como pastor asistente a un sociniano, o a un arriano?

¿No es así en nuestros días?

¿No se nos llama a ser tolerantes y dejar de lado doctrinas que no son esenciales? Hoy día se promueven a hombres que, influenciados por la mal llamada ciencia, niegan la creación en seis días literales; se colocan como referentes para las iglesias a hombres quienes convocan una unidad entre los redimidos del Señor con los seguidores del papa anticristo ¿No es eso ecumenismo?; se nos anima a no oponernos a quienes promueven una adoración mundana (contemporánea) al Dios Santo; a no defender la Ley Moral de Dios (especialmente el Cuarto Mandamiento); se nos llama a no contender contra quienes enseñan oraciones contemplativas místicas, de los católicos romanos y anti escriturales; se le presenta a la iglesia como predicadores de sana doctrina a aquellos “predicadores famosos” quienes niegan que Cristo sea el Único Camino al Padre ¡Hay videos que lo demuestran!; ¿Y qué dice la iglesia de hoy a “las cabezas artificiales”(sus pastores) quienes de forma disimulada – o abierta – los conducen por ese camino? 

En nuestros días, como en los de Spurgeon, ya no se requiere una confesión de fe en aquellas doctrinas.

Entiendo que este tema es mucho más profundo de lo que hasta ahora vengo exponiendo, pero quisiera hacer un corto resumen de esta parte diciéndoles: Cristo es la Cabeza de la iglesia, y ello excluye un “voto democrático” de pastores o miembros, para tratar los asuntos relacionados con el desarrollo moral de la misma. Cristo es la cabeza de la iglesia, los creyentes más piadosos del mundo no lo son. Debemos sujetarnos y depender del Señor en cuanto a los asuntos relacionados con la salud y el bienestar de la iglesia, de lo contrario, nos convertiremos en instrumentos que pueden traer desgracia y destrucción a los creyentes; pero sobretodo, seremos instrumentos del menoscabo del evangelio y sus doctrinas.

Finalmente quisiera traer a esta enseñanza el aspecto negativo del “voto democrático” guiado por las pasiones carnales y diferentes concupiscencias.

¿Qué pasa cuando un pastor se planta firme en cuanto al cumplimiento del mandamiento divino establecido en las Escrituras e interpretado según la interpretación ortodoxa e histórica?, ¿Qué pasa con ese pastor?; los pastores estamos llamados a actuar con justicia exponiendo y aplicando la Palabra del Señor, sin importar sentimientos o relaciones humanas; un pastor será juzgado por cada decisión no tomada conforme a las Escrituras. ¡Y esto debe hacernos temblar!

El papel del pastor no es fácil; algunos creen que es ir al seminario, aprendo un poco de teología ¡y ya soy pastor!; eso es mentira.

Cuando un pastor se mantiene firme en cuanto al cumplimiento del mandamiento divino establecido en las Escrituras y revalidado según la interpretación ortodoxa e histórica, dicho pastor no se ha convertido en la cabeza de la iglesia, ni en un dictador, sino que representa a la Cabeza que es Cristo en el gobierno de la iglesia del Cordero. Está demás decir que un pastor que actúe afirmado en los principios bíblicos, tendrá muchos problemas en el ejercicio de su oficio pastoral, algunas “ovejas” hasta tratarán de crucificarlo. ¡Sí, cuando un pastor es firme aparecerán ovejas que querrán destruirlo!

Esta es una verdad de todos los tiempos, incluyendo en nuestros días. Los pastores que aplican en la iglesia los mandamientos y principios enseñados por el Señor en Su Palabra, serán despreciados; especialmente cuando se trata de asuntos disciplinarios, cuando es necesaria la expulsión de los miembros que “en sus propios ojos son limpios y piadosos” y aunque existen mucho de eso en nuestros días: el descrédito, la calumnia y la infamia aparecerán contra el pastor cuya conducta es aplicar lo que la Palabra de Dios enseña, voy a compartir el siguiente ejemplo de la historia.

¿Sabía usted que Jonathan Edwards fue expulsado como pastor de su iglesia en Northampton por la mayoría de los miembros que la conformaban?

¿Qué fue lo que hizo que se llegue a ese final?

Esto ocurrió en el año 1750, cuando el pastor Edwards impidió que pasen la cena del Señor muchos miembros que no daban evidencia en sus vidas que la gracia salvífica había llegado a ellos; es decir, tales personas tenían características de vida impías por las cuales, según la Palabra de Dios, no debían ser admitidos en la comunión de la cena del Señor.

El pastor Jonathan Edwards le dijo a ese grupo mayoritario de hombres y mujeres: “ustedes no me van a pasar la cena del Señor” ¡tremendo ¿no?! Si nosotros tuviéramos pastores como Jonathan Edwards en nuestros días, que se pare firme entre la mesa del Señor y la congregación y diga: fulano no pasa, sutano no pasa, este grupo no pasa la cena del Señor ¿Qué creen ustedes que pasaría con ese pastor?

Es evidente que esta actitud de Edwards despertó el odio de ellos porque fue un hecho público, esas personas a quienes él impidió que pasen la cena ¡le aborrecieron!; los tales eran miembros quienes no veían en ellos mismos las marcas del pecado, las tinieblas y la impiedad en sus vidas.

¿Fue bíblica la actitud del pastor Jonathan Edwards, de no dejar pasar la cena a hombres en cuyas vidas no era evidente la gracia de la salvación? ¡Por supuesto que fue bíblica! Entonces, ¿Por qué tenía que someterse este asunto a una votación? ¿Por qué?

Pues este asunto fue tratado en una “votación democrática” por la membrecía de aquella iglesia local, y en esa membrecía estaban aquellos a quienes Edwards no dejó pasar la cena del Señor. En aquella “votación democrática” solamente el 10% de los miembros respaldó al pastor Edwards y un 90% estuvo en desacuerdo con él; el resultado de dicha votación fue que el gran teólogo y pastor fuese expulsado de aquella iglesia donde había servido fielmente, durante 20 años, a la causa de Cristo.

¿Era la voluntad de Dios que el pastor Edwards fuera despedido de aquella iglesia?

¿Fue considerada la Palabra de Dios, con tiempos de oración y ayuno, durante este proceso de controversia y censura?

En esta controversia, fue aplicado el dicho que reza de la siguiente manera: “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo” Jonathan Edwards se hizo el enemigo de cada uno de ellos, que por una razón pecaminosa u otra, no se les permitió la comunión con Cristo en la cena del Señor.

“El pastor Edwards estaba en las manos de una iglesia airada”, una iglesia que había dejado de lado la Palabra de Dios para seguir sus propios deseos y pasiones, pero se encontraron con un pastor que no estaba dispuesto a “seguirles la corriente” y que prefirió la expulsión antes que tener comunión con aquellos quienes estaban dentro de la iglesia visible, pero no eran parte de la iglesia invisible de Cristo.

Esto sucede cuando la iglesia tiene una membrecía no regenerada en su mayoría, y es el tema para nuestro siguiente estudio.

Cristo es la Cabeza de la iglesia, y ello excluye un “voto democrático” de pastores o miembros, para tratar los asuntos relacionados con el desarrollo moral de la misma.

Este tema es mucho más amplio, y pienso que hasta ahora ha quedado establecido que los pastores no son la cabeza de la iglesia cristiana; y aunque los Bautistas practicamos un gobierno congregacional, esto no significa que la iglesia local es una sociedad democrática; esto debe tenerse presente.

Cristo es la Cabeza de la iglesia, es nuestra Cabeza y debemos regirnos por lo que Él ha establecido por Su Palabra escrita, según la sana interpretación ortodoxa e histórica de la misma.

Cristo es el Salvador y el Señor de Su iglesia, rechazarlo como Señor es también rechazarlo como Salvador.